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JAIME MAUSSAN: ¡MARCHANDO UNA DE MARCIANOS EN EL FRIGORÍFICO!
Julio Arrieta

JAIME MAUSSAN: ¡MARCHANDO UNA DE MARCIANOS EN EL FRIGORÍFICO!
Por: Julio Arrieta

Una de las leyes no escritas de la ufología afirma que por muy absurda que sea la historia que a uno le cuenten, siempre habrá alguien lo suficientemente tonto como para tragársela.

Esta norma se ajusta de forma ejemplar al caso del no-doctor Jonathan Reed, ese sujeto que afirma haber matado a un alienígena de un estacazo en la cabeza. Me imagino que todos los lectores están al corriente de la historia porque circula por Internet con intensidad y frecuencia dignas de mejor asunto, pero la resumiré por si hay algún despistado o alguien ha pasado los últimos meses aislado del mundo en una base en el ártico o en un monasterio camaldulense.

Jonathan Reed es un supuesto psicólogo infantil que paseaba un día de 1996 con su perrita por el bosque. De repente la perrita olisqueó algo raro y salió corriendo maleza a través. El señor Reed, rebufando, intentó alcanzar a su mascota, guiándose por los gruñidos de ésta. Resulta que lo que había olido la perrita no era una mofeta o un mapache, ¡era ni más ni menos que un alien modelo X-Files!, que debía andar perdido por el bosque al igual que el ET de Spielberg. A la llegada del señor Reed la perrita ya había iniciado su particular encuentro del tercer tipo, a base de mandíbula y caninos, y mordía con saña al alienígena, que decidió defenderse “disolviendo” a la pobre mascota al más puro estilo “La Cosa”, de John Carpenter.

El señor Reed, presa de un ataque de ira vengativa, echó mano de lo más contundente que encontró, una gruesa rama, y con tan primitiva garrota arremetió contra el marciano “poniéndolo al día”, como suele decirse vulgarmente. Parece ser que se aplicó con saña porque el incidente acabó con el alien difunto. El pánico sucedió a la ira y el señor Reed decidió llevarse al “bicho” a su casa, envuelto en una sábana, y meterlo en su congelador, no sin antes hacerle unas cuantas fotos. A partir de este punto la historia se vuelve bastante confusa, más si tenemos en cuenta que el señor Reed la ha ido modificando y “adornando” a medida que las voces más críticas de Ufolandia le han ido poniendo pegas al cuento del garroticidio alienígena. Por supuesto, no podían faltar los malos de la historia, los terroríficos secuaces del gobierno, que han intentado ocultar toda la trama haciendo desaparecer las pruebas e intentando callar al buen doctor, cosa que a todas luces no han conseguido habida cuenta que el señor Reed se ha mostrado bastante vocinglero, que ha dado numerosas conferencias, que participa en programas de radio y TV, que mantiene una página web y que asiste a cuantos congresos se le ponen a tiro de garrote.

No hace falta ser un genio para darse cuenta de que la historia del señor Reed apesta a timo para incautos. De hecho ha sido desmontada, hasta en sus más mínimos detalles, por ufólogos y grupos de aficionados al tema OVNI que, supongo, deben estar hasta las narices de que el misterio de sus amores esté invadido por charlatanes y caraduras. Así, poco a poco, hemos podido ir sabiendo por ejemplo que el Dr. Reed no es doctor, ni psicólogo ni nada de nada que conlleve titulación alguna; que las fotos que presentó fueron efectuadas en fechas posteriores a las de los supuestos hechos; que los supuestos “científicos” que han avalado la historia del marciano en la nevera no son tales, sino simples empleados de una gasolinera y otras cosillas por el estilo.

Las puertas de Ufolandia se han ido cerrando en las narices del señor Reed, que ahora se dedica a buscar la atención de los sujetos más crédulos del mundillo, saltando de país en país. Últimamente al señor Reed lo padecen nuestros amigos mexicanos “gracias” a la labor de Jaime Maussan, un ufólogo televisivo que por aquellas latitudes cumple una labor similar a la que por aquí realizó en su etapa televisiva el Dr. Jiménez del Oso, con la diferencia de que comparado con aquél, éste es la quintaesencia del espíritu crítico y la racionalidad extrema.

Maussan se ha tragado todas las tonterías de Reed de cabo a rabo y vuelta y media; incluidos los detalles más bizarros como el del supuesto brazalete para teletransportarse, que le dio el marciano al señor Reed, suponemos que entre garrotazo y garrotazo. El brazalete es para no perdérselo: parece un sobrante del diseño de producción de Babylon 5 o algo sacado de un disfraz de power ranger de todo a 100. Resulta llamativo que, en un momento en el que hasta los contactados se ríen del “doctor” y de su pintoresco brazalete, Maussan siga insistiendo en la autenticidad de la historia, huyendo hacia adelante en alegre cabalgada. En un reciente chat, hace apenas unas semanas, Maussan expresaba su deseo de ver funcionar el brazalete y observar como se desvanece el falso doctor. Reed tiene toda la pinta de ser propenso a desvanecerse, pero no con un brazalete, sino con el dinero de la caja, porque poca duda cabe de que se trata de un embaucador y que su única carrera titulada es la del timo.

¿Cómo es posible que alguien pueda creerse un cuento como este?

El alien, la perrita hecha papilla, el molinete de garrotazos, la nevera posterior, el brazalete... todo huele a telefilme de segunda categoría. Es más, a mí esto del marciano en la nevera hasta me resulta familiar. Todo en esta historia parece haber sido copiado de teleseries y tebeos de ciencia ficción barata. Es llamativo el paralelismo que hay entre la historia del señor Reed y el episodio nº 33 de la telecomedia “Get a Life” (1990), protagonizada por Chris Elliott. En este episodio Chris se encontraba con un ovni accidentado en su jardín. Entre los restos coleaba un marciano, de nombre Spewey (“Vomitón “ en la versión española). Spewey era muy impulsivo y, al igual que el marciano de Reed, tenía que ser reducido a garrotazos por Chris cuando atacaba con saña a su amigo y vecino Gus. Al final Spewey acababa en la nevera de Gus, al igual que el marciano de Reed (que por cierto se llama Freddy), y también desaparecía... sólo que devorado por Chris y Gus, que deciden en base a su excelente sabor comérselo. La versión de “Get a Life” es mucho más divertida que la del señor Reed, porque Spewey volvía a la vida regenerándose a partir de una de sus chuletas (¡!). También aparecían los malvados agentes del gobierno que intentaban silenciar a Chris y Gus con métodos bastante rudos y expeditivos. Al final Spewey era rescatado por sus compañeros marcianos y elevado hasta su nave nodriza mediante una tecnología superior, que somos incapaces de comprender: ¡atado con una cuerda a la cintura!.

Me pregunto si Jaime Maussan sería capaz, llegado el caso de que algún caradura se presentase en su oficina contándole la ficción como si fuese un hecho real, de tragarse toda la historia de Spewey el sabroso marciano que habitaba en un congelador.

Se admiten apuestas.

 
   

 
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