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¿POSEIDOS POR EL DIABLO?
Javier Armentia

M. era una persona normal, apacible, educada, de trato exquisito; hasta que un día, de manera sorprendente para todos sus allegados, comenzó a maldecir, a gritar, a comportarse de una forma en que nunca antes lo habría hecho en público. Además, se retorcía, en convulsiones, con espasmos muy violentos.

¿Le había sucedido a M. como a la niña que protagoniza la película “El Exorcista”, que ahora vuelve a nuestras pantallas? En ella, adaptando el best-seller de 1971 de William Peter Blatty, se describe su supuesta posesión demoniaca y el exorcismo que la libera. Sin embargo, los neurólogos describen el comportamiento psicótico de M. como “síndrome de Tourette”, una relativamente rara enfermedad mental que puede paliarse no con exorcismos, sino con medicinas, aunque su cura no se conoce. La literatura psiquiátrica describe numerosos casos de síndrome de Tourette que fueron interpretados erróneamente como posesiones del demonio, hasta que fueron adecuadamente reconocidos como un trastorno neurológico.

Según psicólogos como Barry Beyerstein, de la Universidad Simón Frasier en la Columbia Británica (Canadá), las conductas que se suelen describir asociadas con fenómenos de posesión diabólica son normalmente reconocibles como trastornos psiquiátricos, y por lo tanto tratables. Como el síndrome de Tourette, pero también las epilepsias: algunos ataques epilépticos son precedidos por una sensación de horror y miedo, que desemboca en violentas convulsiones, lanzando al enfermo al suelo, donde se retuerce mientras su mandíbula tiembla desordenadamente produciendo la salida de espuma por la boca. Incluso algunos episodios de trastornos neurológicos más frecuentes, como las migrañas, pueden incluir algunas veces, o en algunos pacientes, episodios en los que éstos ven una luz brillante, sin sentir dolor alguno, muy similar a las visiones de algunos místicos. En otros casos, la esquizofrenia, la hipermanía o algunos trastornos depresivos incluyen episodios muy parecidos a los vistos en la famosa película.

El mejor conocimiento de la mente humana y de sus patologías ha permitido que enfermos como los epilépticos puedan ser tratados adecuadamente, en vez de ser considerados como iluminados, en unos casos, es decir, tocados por un espíritu superior; o endemoniados, en otros. Sin embargo, muchos casos siguen siendo objeto de controversia, especialmente cuando el entorno social del enfermo favorece la interpretación demoníaca. Algo que se ha comprobado en muchas ocasiones con los pacientes epilépticos, la más extendida de las mencionadas enfermedades. Pacientes con epilepsia en el lóbulo temporal, o también en el sistema límbico (dos de las áreas del sistema nervioso central que suelen quedar afectados por esta enfermedad en la que se genera una sobreactividad eléctrica entre las neuronas), sufren cambios de personalidad también entre los ataques, y a menudo tienen “episodios de éxtasis místico, preocupaciones religiosas y escriben sobre temas metafísicos, de manera compulsiva, o rezan en general sintiendo un estado de bondad extrema”, como describe en un estudio sobre el tema el psicólogo Arnold J. Mandell.

Recientes investigaciones, como la publicada por la psicóloga Elisabeth Loftus en Journal of Experimental Psychology, apuntan a una nueva causa de las posesiones demoniacas: las falsas memorias. Incluso en personas que no han sufrido ningún trastorno real, ninguna psicopatología o enfermedad neurológica, se pueden inducir memorias de que han sido poseídos por espíritus. Para ello basta con que los sujetos crean que tales fenómenos son posibles, o que sean inducidos a creer en esa posibilidad. En el estudio, se proporcionaba a una serie de voluntarios información sobre las posesiones, una serie de artículos que afirmaban que tales hechos son más frecuentes de lo que parece. Posteriormente se les pedía que describieran sus miedos, y entonces se les decía que ello había sido producido porque durante niños habían contemplado una posesión.

Casi una quinta parte de los sujetos que habían dicho, antes del experimento, que las posesiones no eran reales, y que de niños no habían visto nada igual, posteriormente dijeron lo contrario. Para la psicóloga, el fenómeno es importante, como narra la nota de prensa de la Universidad de Washington a la que pertenece Loftus: “teniendo en cuenta lo que conseguimos con unas pocas historias y algo de sugestión, imaginen lo que podría pasar con las imágenes impactantes que aparecen esas películas; sé que ellas van a tener un efecto muy poderoso”. Se refiere a películas como “El Exorcista”, evidentemente.

La propia Loftus ha dirigido experimentos similares no ya en Estados Unidos, sino en Italia, donde la tradición católica hace que, por lo general, la creencia en el demonio y en las posesiones, sea mayor. Y los resultados son similares: cuando recibimos informaciones sobre algo aparentemente implausible como si fuera real, podemos ser inducidos a creer en ello, pero sobre todo, a que se genere una falsa memoria de que hemos vivido o contemplado algo así. Un mecanismo que explicaría el incremento de sucesos relacionados con las posesiones y sus exorcismos en los últimos meses, que predice además que estos casos aumentarán con la puesta en pantalla de la nueva versión de “El Exorcista”. Pero que también permiten entender la persistencia de otras creencias en lo sobrenatural, en los platillos volantes, y en otros fenómenos similares.

SEPARADO: UNA RELACIÓN PELIGROSA

La Iglesia Católica mantiene una posición ambigua en estos frentes demoníacos: tras el Concilio Vaticano II, el Papa Pablo VI eliminó la figura del exorcista, que fue recuperada, sin embargo, por Juan Pablo II. Cada diócesis debe disponer de uno, aunque no todas lo tienen. Algunos exorcistas católicos, como Raul Salvucci, autor del libro “¿Qué hay que hacer con estos demonios?”, opinan que los casos de posesión están aumentando debido al auge del esoterismo.

Sin embargo perviven algunos movimientos dentro de la Iglesia Católica, de carácter fundamentalista, donde el exorcismo es el pan de cada día. Ese es el caso del carismático obispo de Lusaka (Zambia) monseñor Milingo, que vio limitada por Roma su actividad pública precisamente por esta razón. Por su parte, la Iglesia Anglicana ha hecho recientemente públicos sus temores de que exorcismos llevados a cabo por fanáticos evangélicos puedan llegar a causar problemas serios a personas indefensas, como declaró el Sínodo General de esta iglesia el pasado mes de Julio.

En cualquier caso, los exorcismos aumentan: el Italia se ha pasado de 20 exorcismos el año pasado a 300 en el presente. Y mientras tanto, el Vaticano ha revisado recientemente el rito de exorcismo, para “tratar el problema de la manera más adecuada”, según se comenta en su introducción. ¿Incluirá esto una adecuada supervisión médica o psicológica?

 
   

 
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