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OVNIS EN LA UNIVERSIDAD MALAGUEÑA... PERO ASÍ NO
Guido J. Paul
Los platillos volantes han llegado a la universidad malagueña, aunque sea por la puerta falsa de unas charlas organizadas por el Vicerrectorado de Cultura y Relaciones Institucionales, dentro de la 17ª Semana Internacional de Cine Fantástico, celebrada en nuestra ciudad del 8 al 16 de Noviembre de 2007.
El motivo de esa “invasión alienígena” fue el sextuagésimo aniversario del nacimiento del mito platillista; en sí misma no puede considerarse negativa sino todo lo contrario. Meses atrás, la Universidad del País Vasco había organizado en Bilbao una jornada de conferencias sobre ovnis que resultaron muy interesantes dada la calidad y relevancia de los ponentes. Va siendo hora de que la universidad española preste atención a la mitología extraterrestre desde disciplinas como la Sociología o la Psicología, pero también (¿por qué no?) desde la Física o la Astronomía.
Siempre es interesante promover la aproximación de la Universidad a los fenómenos relacionados con la temática ovni y que a partir de ese interés comiencen a proliferar tesinas y tesis doctorales que aborden sus diferentes facetas, como viene ocurriendo en otros países (véase el libro del antropólogo español Ignacio Cabria, Ovnis y ciencias humanas: un estudio temático de la bibliografía (1947-2000). Santander: Fundación Anomalía, 2003. Precisamente su tesis de licenciatura versó sobre el grupo platillista español Aztlán).
Por eso, el anuncio del ciclo de conferencias me ilusionaba. Pero el escepticismo –ese que nos debe mantener con la guardia alta– me llevó a esperar el momento con cierto recelo; desgraciadamente, esos temores se vieron confirmados. En vez de tratar temas (tan oportunos dentro del marco propuesto) como la imagen del alienígena en los medios de comunicación, o las posibilidades de vida extraterrestre a la luz de los recientes hallazgos científicos, la universidad malagueña abdicó de sus responsabilidades como fuente del saber y se convirtió en cajón de resonancia para los charlatanes, alucinados y frívolos de siempre.
Pasemos revista a los ponentes:
El sábado, con una entrada media, se inauguró el ciclo con la charla de Loles Silva. Se la presentó como profesora universitaria que imparte clases sobre ufología. Una rápida búsqueda en Internet no localizó ningún publicación suya sobre el tema. Hasta, finalmente, comprobar que presta servicios en una universidad privada madrileña, la “Francisco de Villena”, donde dirige la asignatura “Diseño y Producción de Programas en TV II”. “Quizá enseñe a sus alumnos a divulgar patrañas”, comentó –no sin razón– un colega.
No me consta que la señora Silva tenga alguna experiencia en la investigación ufológica, pero su metodología parece –a priori– poco prometedora. Consiste (al menos, durante la conferencia) en apelar al argumento de autoridad, en este caso, al libro de su padre (ya fallecido) José Antonio Silva, piloto de Iberia y periodista que, tras ver un supuesto OVNI sobre Madrid en 1979, quedó tan fascinado por el tema que llegó a publicar un libro bajo el sugerente título de Mística y misterio de los ovnis (Barcelona, 1987). Buscando en su bibliografía, encontré otro libro interesante: Cómo asesinar con un avión (Barcelona, 1981), dónde quizá predijo lo de las torres gemelas....
Siguiendo las pautas del primer libro, asistimos una vez más a las habituales especulaciones infundadas sobre ese gran best seller que casi nadie ha leído: la Biblia. La ponente repitió varias veces su extrañeza porque en los relatos bíblicos nadie se asustase con los ángeles y estos fueran descritos como personas normales, sin alas. Y defendió una tesis contradictoria y peculiar: Dios, nuestro creador, oculta un gran secreto, y cada vez que el Hombre pretende acercarse a él, casi nos destruye. Así, expulsó a Adán y Eva del Paraíso, derribó la Torre de Babel confundiendo nuestras lenguas y nos mandó el Diluvio. No faltó la inevitable referencia a la avanzada tecnología de la Atlántida, tragada por las aguas, ni tampoco a los constructores de pirámides (fuesen egipcios o mayas)... y ya más recientemente los ovnis.
Si acaso, hay que agradecer que la señora Silva mantuvo una apariencia de racionalidad, negándose a aceptar como reales la mayor parte de los llamados encuentros con ocupantes, negando los casos de abducción y contactismo... detalle que, como se puso en evidencia a la hora de las preguntas, pasó completamente desapercibido para los asistentes, pues fueron varios los que empezaron a contar sus historias de encuentros y mensajes extraterrestres…
A toda la charla y el debate posterior asistió con su sonrisa beatífica, la vicerrectora Mercedes Vico Monteoliva, catedrática de Teoría e Historia de la Educación, quien se mostró fascinada por una conocida anécdota sobre José Antonio Silva. En la versión de su hija, durante la retransmisión de uno de los viajes a la Luna, Silva actuaba como reportero en la estación espacial de Robledo de Chavela. En cierto momento, uno de los astronautas dijo: "Ya están aquí otra vez". Y entonces se pidió a todos los periodistas que estaban en la estación a salir de la sala de control durante unos minutos. Se dice que en la retrasmisión así censurada, los astronautas habrían descrito gigantescos humanoides y naves espaciales. La existencia de esos minutos censurados fue confirmada por varios miembros del público, quienes aseguraron haberlos escuchado gracias a la grabación clandestina realizada por algunos radioaficionados. Aunque ya sabemos que los de la NASA han resultado bastante chapuceros (recordemos el desastre del Challenger) tales acusaciones de ocultamiento incompetente resultan ridículas, como se pone de manifiesto, por ejemplo, aquí: ¿Ovnis en la Luna?.
Sobre la anécdota del piloto Silva, Luís Ruiz de Gopegui, por entonces el máximo responsable de la estación, ha comentado en diversas ocasiones la explicación correcta: la realidad es que lo que estaban ahí otra vez eran unos molestos retortijones de barriga, debidos a gases o diarrea del astronauta en cuestión. Pero, claro, a sueldo de la NASA, ¿qué otra cosa iba a decir?
Lo más preocupante de aquella primera jornada fue cuando la Vicerrectora aseguró que, presupuestos mediante, tenía la intención de impulsar la creación de una asignatura sobre Ufología en la universidad malagueña. Eso, considerando los antecedentes, constituiría un grosero disparate.
La segunda charla del ciclo fue anunciada como el relato de unos testigos profesionales (pilotos civiles) que habrían visto ovnis de cerca, e incluso ¡habrían estado a punto de desaparecer en el Triángulo de las Bermudas! Sólo tengo datos sobre el conferenciante que figuraba en el folleto previo: Cecilio Yusta. Este señor era el radiotelegrafista a bordo de un reactor de Iberia que el 15 de mayo de 1968 se tropezó con un ovni durante su vuelo inaugural a la capital francesa. El ovni habría sido captado por el radar y filmado por uno de los pasajeros. Pero la película, incautada a su llegada a París, jamás apareció. Durante el proceso de desclasificación de los archivos del Ejército del Aire, analistas de prestigio como Vicente-Juan Ballester Olmos y Joan Plana Crivillén lograron determinar que el supuesto ovni –muy probablemente– había sido un globo estratosférico lanzado desde Francia por el CNES. Por detalles como éste, conmigo no funcionó el reclamo y al final no pude asistir a la charla en cuestión. Podría dar cualquier excusa, pero, en realidad, preferí ver ficción de calidad en mi televisión: la serie del detective “Monk”.
Sin embargo, aunque sólo fuese por nostalgia, no podía perderme la tercera charla, la del ingeniero químico José Antonio Gallardo. Y parece que no fui el único: la sala estaba llena a rebosar de cincuentones y otros representantes de la tercera edad (quizá el único atisbo de esperanza resulte ser que la juventud pasó bastante del tema). Dadas sus calificaciones profesionales, el no iniciado quizá creyese que iba a aprender detalles novedosos sobre el dossier ovni. Esa esperanza empezaría a desmoronarse cuando fue presentado como acupuntor, y se vino totalmente abajo cuando se informó que fue uno de los fundadores del (ya extinto) Centro de Investigación de Ciencias Especiales (CICE), uno de esos grupos que proliferaron como setas en los setenta en pos del contacto con lo desconocido mediante el expeditivo trámite de pasar noches a la intemperie armados con la más moderna tecnología (de la época) para inmortalizar el momento... que nunca llegó.
Gallardo inició su charla pasando revista a los tópicos “Astronautas en la Antigüedad” que tan de moda estuvieron en aquellos años: el “dios marciano” de Tassili, el “astronauta” de Palenque, el “ovni” de Ezequiel (en la interpretación tecnológica de Joseph Blumrich)… ¡etcétera! Cierto que no se mostró abiertamente partidario de la hipótesis extraterrestre, y que se citaron las réplicas escépticas (pero sólo para mayor escarnio, como hablar de simples mazorcas de maíz en el caso de Palenque). Típica ufología trasnochada. A continuación le dio por detenerse en el arte medieval y asistimos a toda una colección de supuestos ovnis pintados en cuadros y frescos religiosos, donde no podía faltar el supuesto Sputnik de Montalcino. Por suerte, con Internet, cualquiera puede enterarse de la versión especializada de los expertos en arte y decidir por sí mismo: http://sprezzatura.it/Arte/Arte_UFO_eng.htm
El conferenciante, quizá por su avanzada edad, cometió multitud de errores al hablar de casos y testigos. Rechazó que el accidente del capitán Mantell (que situó erróneamente también sobre el monte Rainier, como en el caso fundacional de Arnold) fuera debido a una confusión con Venus, lo que es cierto... pero porque la explicación es un globo estratosférico Skyhook y en la actualidad es aceptada hasta por los extraterrestristas más acérrimos. También comentó el caso del anciano argentino Ventura Maceiras, quien en 1972 habría visto a un ovni y sus tripulantes (el conferenciante mezcló sus detalles con los de otro caso famoso pero en Norteamérica, el de Joe Simonton) quedándole una extraña secuela: ¡le habría vuelto a nacer una dentadura completa! Lamentablemente (incluso para el testigo) como explica R. Banchs: “el mejoramiento físico que se refiere a la salida de nuevas piezas dentarias se debe a la afloración de raíces y callosidades propias de la edad madura” Los ovnis y sus ocupantes (Buenos Aires, 1980) p. 118.
El resto de la conferencia fue un verdadero ejercicio de psicología gelstat, sólo que en lugar de utilizar las conocidas manchas Roscharch, se usaban fotos de supuestos ovnis (más bien, manchas luminosas de todo tipo). Ciertamente algunas de ellas eran misteriosas, si eran exactos y precisos los datos mencionados casi treinta años después de los hechos, pero resulta sorprendente sobre cuán débil “evidencia” se sustenta una creencia durante tanto tiempo. Las imágenes captadas por el CICE estaban a años-luz de esas otras aeronaves extraterrestres captadas por Adamski o Billy Meier (ambos fueron mencionados en la charla como fidedignos, menospreciando las investigaciones críticas) y casi diría que podían ser cualquier cosa excepto una nave extraterrestre tripulada. El propio Gallardo acabó reconociendo su desconcierto.
El único atisbo de esperanza fue ofrecido por el patrono de la Fundación Anomalía, Luis R. González, conocido investigador escéptico, quien donó para la biblioteca de la Universidad varias de las publicaciones de la Fundación, como por ejemplo el Diccionario Temático de Ufología. Esperemos que la Vicerrectora se lo lea y descubra las cosas interesantes que hay en la Ufología, si se practica con rigor y método científico.
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