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HABERMAS, EL ISLAM Y LA CIENCIA
Agencias
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HABERMAS, EL ISLAM Y LA CIENCIA
Por: Salah Serour
El diálogo entre culturas y religiones debe intensificarse y tiene que hacerse de una manera distinta a como se ha llevado a cabo hasta ahora», afirmó el gran filósofo alemán Habermas en su comparecencia ante los medios de comunicación, tras recibir el Premio de la Paz concedido por la Asociación de Libreros y Editores de Alemania. La verdad es que investigadores occidentales se percataron hace largo tiempo de la importancia del Islam para la Humanidad y para la civilización, haciendo del venerado Corán un material para su propia cultura. Estos pensadores y escritores cristianos no sólo no negaron la virtud del Islam y su grandeza, sino que lo calificaron como bueno, lo cual demuestra su sano pensamiento y su imparcialidad al describir las realidades históricas.
Entre estos destacamos al escritor y filósofo actual estadounidense Toni Morrison (Lorain, Ohio, 1931), quien dijo que la verdad indiscutible es que el Islam es más que una doctrina o una religión -«Desde luego el Islam es un sistema social perfecto, una civilización bien hecha con su propia filosofía y sus artes»-, añadiendo que Europa no conoció el sentimiento de fraternidad sino hasta después de la Revolución Francesa, mientras que el Islam ya lo aplicaba mil años antes.
Sir William Hamilton, filósofo escocés (Glasgow, 1788; Edimburgo, 1856), estimó que el Islam era todavía capaz de servir eminentemente a la Humanidad, puesto que no había ninguna otra fuerza que lograra unir a las razas sobre la base de la igualdad. Si intentamos estudiar las controversias entre los Estados, debemos acudir al Islam para resolverlas. «La doctrina mahometana no obstaculiza el pensamiento: cualquiera puede ser musulmán y a la vez liberal, y eso no excluye la existencia de Dios».
Así hablan los filósofos imparciales sobre el Islam y sus eminentes y evidentes valores, afirmando que Mahoma reúne la sabiduría, la moralidad y la elocuencia. El Islam precedió a todos los filósofos y pensadores en el respeto y veneración del hombre. Mahoma no creció en una de las grandes sedes de la ciencia, cultura y civilización, como fueron Constantinopla, Alejandría o Roma, sino que dio sus primeros pasos en un ambiente duro, cruel y, en aquel tiempo, carente de civilización. En tal ambiente despertó al mundo un espíritu humano de inmensa sabiduría y eminente cultura. Esto constituye una señal clara de que Mahoma es un «enviado de Dios» como Moisés o Jesucristo, y de que su mensaje es fruto de una inspiración divina y no una invención humana.
«El fundamentalismo no es específico de la sociedad islámica», dijo Habermas. Los primeros musulmanes pensaron que el Universo se había creado bajo leyes firmes y sólidas, y sobre la base de la aplicación adecuada de esta creencia alcanzaron un progreso deslumbrante. Pero hoy en día, por causa de una indebida utilización de la ciencia, el progreso científico se ha convertido en una amenaza no sólo para Occidente y Estados Unidos, sino para todo el mundo, que vive bajo el temor de una guerra de exterminio.
Los musulmanes necesitan hoy renovar su creencia en la ciencia tanto como en el Corán, para convertir la fe tradicional en fe sólida, segura, que llene sus corazones de dignidad y que haga de la ciencia una guía en sus acciones y negocios cotidianos. El Islam es una religión que comprende muchos de los aspectos de la vida humana, y que abre sus puertas a la investigación y a la ciencia para el bien de todos. Pero he de recordar las palabras de Habermas al decir que son necesarias nuevas formas de cooperación.
Mahoma apreció la ciencia (y a los científicos) haciendo de su avance uno de los primeros deberes del musulmán y diciendo que el día del juicio final sería tan valorable la tinta de los sabios como la sangre de los mártires, elevando así la virtud de la ciencia a la virtud de la adoración. Pero aquí ‘ciencia’ quiere decir la ciencia de la vida y de la religión. También ordenó a los musulmanes ayudarse unos a otros y trabajar con todos los medios legales, llegando a preferir el trabajo al aislamiento para la adoración. Es un hecho que la buena obra otorga moralmente el bien al que la lleva a cabo, pero evidentemente repercute también beneficiosamente en los demás.
Ibn Jaldun, un gran historiador árabe clásico (Túnez 1332; El Cairo 1406) escribió que el Islam es cultura y religión a la vez y que es pequeñez mental imaginar una sin la otra. El resultado de esta realidad es que si los musulmanes perdieran su religión, perderían su cultura y, por consiguiente, la sociedad se corrompería. Siguiendo la misma idea, el filósofo alemán Habermas concluye que la reacción fundamentalista es un fenómeno moderno, que no hay que confundir con una sociedad tradicional. El mundo islámico de hoy se enfrenta a muy variadas dificultades pero no puede crecer ni florecer sino con la difusión del saber y el desarrollo de la ciencia porque, repito, entre el Islam y la ciencia hay una verdadera e íntima relación. No en vano la primera aleya de la azora XCVI del Corán comienza por la significativa frase «Lee en el nombre de tu Señor».
«El diálogo es algo complicado», dijo Habermas, pero hay que recordar el antiguo dicho árabe de que cualquier viaje, por largo que sea, siempre empieza con un simple paso. «Hay gente que se comporta de tal manera que no se puede volver a hablar con ellos, pero la discusión con el mundo islámico invita a debatir también sobre la relación entre sociedad laica y tradición religiosa», concluyó Habermas.
«Di: ¡Oh gentes del Libro! (cristianos, judíos y aquellos que recibieron una revelación escrita por parte de Dios) ¡Venid a pronunciar una palabra común a nosotros y a vosotros!, es decir, que no adoramos sino a Dios y no le asociamos nada, que no utilizamos, ni unos ni otros, señores fuera de Dios» (Corán III: 57/ 64).
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