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MITOS SOBRE LOS ORÍGENES
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MITOS SOBRE LOS ORÍGENES
Por: Robert Carneiro
Traducción por: Marcos Mozas
Fuente: National Center for Science Education

En el comienzo hubo un período de Caos, cuando el aire, el agua, y la materia estaban combinadas en una mezcla sin forma. Sobre ésta flotaba un Huevo Cósmico, del cual surgió Gaia (la Tierra) y Urano (el Cielo). Estas deidades crearon la tierra y sus criaturas y el Sol, la Luna, y las Estrellas. Así es como los Griegos dan cuenta de la creación.

En el comienzo estaba el Pueblo Santo, sobrenatural y sagrado, que vivía bajo tierra en 12 mundos inferiores. Una gran inundación en el mundo subterráneo obligó al Pueblo Santo a reptar a la superficie de la tierra a través de un bejuco hueco, donde crearon el mundo. La Mujer Cambiante dio a luz a los Héroes Gemelos, llamados "Asesino de Monstruos" y "Niño de las Aguas" que tuvieron muchas aventuras. El Pueblo de la Superficie de la Tierra, mortal, fue creado, y el Primer Hombre y la Primera Mujer fueron formados a partir de mazorcas de maíz blanco y amarillo. Así es como los Navajos dan cuenta de la creación.

Entre las preguntas más básicas planteadas por los seres humanos están aquellas sobre los orígenes. ¿Cómo surgió la especie humana? ¿Cómo fue creada la Tierra? ¿Qué pasa con el Sol? ¿La luna? ¿Las estrellas? ¿Por qué tenemos noche y día? ¿Por qué muere la gente? A ninguna sociedad humana le faltan respuestas a esas preguntas. Aunque varían mucho en los detalles, son, para los pueblos primitivos en conjunto, similares en su forma básica: la gente y el mundo existen porque fueron traídos a la existencia por una serie de actos creativos. Mas aún, esta creación es habitualmente considerada como la obra de seres o fuerzas sobrenaturales. Los relatos de las formas en que estos agentes sobrenaturales formaron la tierra y la poblaron son conocidos como mitos sobre los orígenes.

Hasta el surgimiento de la ciencia moderna, los mitos sobre los orígenes proporcionaron los únicos tipos de respuestas posibles a tales preguntas. De este modo, los mitos personificaron el estado y limitación del pensamiento humano sobre los orígenes durante más del 99% de la historia humana.

Aunque los mitos sobre los orígenes son usualmente asignados a la esfera de la religión, contienen un elemento de ciencia: explicación. A pesar de que pueda haber lecciones morales esparcidas aquí y allá a lo largo de ellos, los mitos sobre los orígenes son básicamente maneras de explicar las cosas tal y como son. La Explicación, por tanto, no es exclusiva de ni comenzó con la ciencia. La Ciencia comparte la explicación con la mitología. Lo que distingue a la ciencia de la mitología es la verificación. La ciencia no sólo propone respuestas, procede a probar esas respuestas, y si las respuestas se prueban incorrectas, deben ser desechadas o modificadas. La mitología difiere de esto. Un mito sobre los orígenes ofrece una explicación que debe ser creída. Aceptación, no verificación, es lo que exige. Los antiguos Vikingos creían que la aurora boreal (Luces Norteñas) eran reflejos de luz de los escudos de las doncellas guerreras, las Valkirias; los astrónomos modernos nos cuentan que son causadas por vientos solares interactuando con el campo magnético de la tierra y los gases atmosféricos. Ambas son explicaciones, pero sólo una de esas explicaciones puede ser verificada.

¿Qué es explicación? En el fondo, equivale a traducir lo desconocido en lo conocido, lo extraño en lo familiar. ¿Y qué es lo que los seres humanos conocen mejor? A sí mismos. Saben cómo la gente piensa, siente y actúa. Y desde una etapa muy temprana de la cultura, la gente ha proyectado pensamientos y emociones humanas en el mundo exterior, dotando a objetos y fuerzas de la naturaleza de personalidad humana y poder sobrehumano. A los seres sobrenaturales impersonados así creados, se les asignó el rol de proporcionar explicaciones plausibles y satisfactorias para lo desconocido. De esta forma, nacieron los mitos sobre los orígenes.

Una palabra más acerca de la explicación. En el corazón de la explicación yace la causalidad. La idea de causalidad, de nuevo, no nació con la ciencia moderna, ni de los antiguos Filósofos Griegos. Es mucho más antigua que eso. De hecho, la causalidad está hondamente enraizada en el pensamiento humano. Entre los Indios Kuikuru del Brasil central, por ejemplo, una tribu que he estudiado sobre el terreno, una causa es rápidamente encontrada cuando sucede algo adverso o inusual. Así, un hombre atribuyó un dolor de muelas a que alguien había hecho brujería sobre un pedazo de caña de azúcar que él había masticado. Otro hombre, cuya huerta de yuca había sido arrasada por pecaríes, determinó que un enemigo había puesto un dibujo de un pecarí en su huerta para atraer a esos animales a ella. El patrón de pensamiento causal que encontré entre los Kuikuru sucede entre los pueblos primitivos en todas partes. Creo que se puede decir con seguridad, entonces, que la búsqueda de causas, que es tan importante en la ciencia moderna, es realmente una herencia legada a la ciencia por nuestros pre-científicos antecesores de la Edad de Piedra. No obstante, el tipo de causalidad empleado por los pueblos primitivos es de una clase muy especial. Es una causalidad personal. Es decir, el agente responsable de una acción generalmente tiene los atributos de una personalidad humana. La causalidad Impersonal, un sello de la ciencia moderna, es considerada insuficiente por los pueblos primitivos.* Las fuerzas impersonales pueden ser la causa inmediata de algo, pero siempre subyacen bajo causas últimas, que son generalmente personales en naturaleza. Así, los Kuikuru saben que fue el viento el que hizo volar el tejado de una casa, pero llevan la búsqueda de explicaciones un paso más allá y se preguntan, "¿Quién envió el viento?" Su suposición implícita, que nunca parecen cuestionarse, es que alguna personalidad, humana o espiritual, tuvo que dirigir la fuerza natural del viento para producir su efecto. ¿Cómo podría ser de otra manera? Los miembros de una sociedad pre-alfabetizada posiblemente no puedan conocer las causas físicas de las tormentas ciclónicas generadas a gran altura en la atmósfera por complejas fuerzas meteorológicas.
Sin duda, los pueblos primitivos aplican la causalidad a más que meras cuestiones inmediatas como porqué le duelen a un hombre las muelas o porqué su tejado voló. También están interesados en cuestiones más remotas y perdurables. ¿Quién fue el primer hombre? ¿Cómo aprendió la gente a sembrar? ¿Por qué está marcada la cara de la luna? ¿Qué ocurre después de la muerte? Durante decenas de miles de años la gente ha estado fabricando respuestas a esas preguntas, respuestas que se han encarnado en el vasto conjunto de imaginativos relatos que llamamos mitos sobre los orígenes. Durante los últimos cientos de años, los antropólogos han desarrollado un vivo interés en los mitos sobre los orígenes y han realizado compilaciones y análisis muy amplios sobre ellos.

Ciertos mitos son casi universales, y su extensa distribución certifica su gran antigüedad. El mejor ejemplo de esto es el famoso mito del Diluvio. La historia del Diluvio registrada en la Biblia no fue de ninguna manera originaria de los antiguos Hebreos, sino que fue derivada por ellos del anterior poema épico de Gilgamesh de los Babilonios. Pero la versión Babilonia a su vez se perfiló de un preexistente mito del Diluvio que sin duda se remonta a miles de años antes. Tan antiguo es el mito del Diluvio, de hecho, que tuvo la oportunidad de difundirse por todas partes. De hecho, es conocido por prácticamente todas las sociedades humanas desde los aborígenes Australianos hasta la Tierra del Fuego.
No se debe cometer el error de creer, no obstante, que sólo porque un mito es conocido por todo el mundo, debe necesariamente reflejar un acontecimiento real. La historia casi-universal de un diluvio no es más probatoria de que una vez la tierra fue cubierta por una inundación que la extendida creencia en el mito de la Caída del Cielo es probatoria de que una vez el cielo se cayó.
Los mitos no son meramente explicaciones, sino que también hacen la función de asegurar, alentar, e inspirar. Son también creaciones literarias: epopeyas narrativas, llenas de drama y romance, de novedad e imaginación, de búsqueda y conflicto. Pero aunque a menudo tienen gran valor literario, los mitos sobre los orígenes no deben ser considerados como la obra de unos pocos genios creativos. Son, en cambio, el producto de innumerables miles de narradores quienes, contando y volviendo a contar un mito, lo han embellecido aquí, eliminado un personaje allá, transpuesto dos incidentes, aclarado una parte críptica, dado un mayor motivo o justificación a una acción, y así sucesivamente. Debido a que continuamente cambian, no hay una versión "oficial" de un mito. De hecho, incluso dentro del mismo pueblo se pueden obtener fácilmente media docena de versiones del mismo mito.
Con estas consideraciones generales en mente, examinemos brevemente ahora los tipos de mitos sobre los orígenes encontrados en el mundo primitivo.

La creencia de que la tierra era el centro del universo, la cual, hasta Copérnico, prevaleció por toda Europa, no fue de ninguna manera exclusiva del pensamiento Occidental. Es sin duda un legado de los tiempos de la Edad de Piedra. Después de todo, dado que la tierra es el sitio donde vive la gente y es lo que ellos conocen, y ya que la gente es la que crea los mitos, ¿por qué no iban a colocar su planeta en el centro del cosmos? Mas aún, si la tierra es de vital importancia para ellos – tal como es – ¿porqué no hacer su creación primera en el tiempo también? De ese modo, en la mitología primitiva, la regla es que la tierra fue creada primero, y que el sol, la luna, y las estrellas la siguieron. De hecho, el sol, la luna, y las estrellas son a menudo personajes mitológicos que vivieron primero en la tierra pero que, después de una serie de aventuras o desventuras, acabaron en el cielo para encontrar su sitio de descanso final como cuerpos celestes.
Unas pocas sociedades no tienen mito para dar cuenta del origen del mundo. Para ellos, el mundo siempre ha existido. Más comúnmente, sin embargo, se ha considerado que la tierra había sido creada mediante las acciones de seres sobrenaturales. En raras ocasiones, sin embargo, una deidad crea el mundo de la nada: generalmente, él o ella tienen algo con lo que trabajar. Algunos pueblos Polinesios, por ejemplo, creen que el mar era preexistente, y que la tierra firme fue creada por un dios, Tane, que se sumergió hasta el fondo y emergió con barro del cual modelarla. Los dioses Vikingos Odín, Vill y Ve hicieron el mundo del cuerpo del gigante Ymir, usando su sangre para los océanos, sus huesos para las montañas, su pelo para los árboles, y así sucesivamente. No es inusual que varios dioses o héroes culturales estén involucrados en la creación, cada uno contribuyendo con su porción a la estructura final.

Las creencias acerca del origen de los seres humanos caen dentro de tres tipos principales: (1) siempre han existido en la tierra, (2) no existieron siempre, pero fueron creados de alguna manera, y (3) existían previamente, pero en otro mundo, y han sido de alguna manera traídos a este.
La primera creencia está ejemplificada por los Yanomami de Venezuela de los cuales Napoleón Chagnon dice, "Los primeros seres no pueden ser explicados. Los Yanomami simplemente presumen que el cosmos se originó con esa gente." Generalmente, sin embargo, hay una creación específica de la especie humana. El dios Vikingo Odin creó al hombre de madera de fresno y a la mujer de madera de aliso. Los Machiguenga de Perú creen que fueron hechos por un dios, Tasorinchi, que los esculpió a partir de madera de balsa. Los Tlingit de Alaska dicen que el Cuervo creó no sólo los primeros seres humanos, sino también los primeros animales, así como el sol, la luna y las estrellas. Y por supuesto, en el relato bíblico, fue Dios quien creó a los progenitores de la raza humana, modelando a Adán a partir de arcilla y a Eva de una de sus costillas.
Los Warao del delta del Orinoco, por otra parte, creen que el hombre primero vivió en un mundo en el cielo donde los únicos animales eran pájaros. Entonces un día, un cazador disparó a un pájaro con tanta fuerza que su flecha perforó el suelo del mundo del cielo y continuó hasta la tierra que estaba abajo. Mirando fijamente a través del agujero y viendo un rico territorio bajo él, repleto de toda clase de caza, el cazador ató una larga cuerda de algodón a un árbol y descendió a la tierra. Allí fue finalmente seguido por sus semejantes, que finalmente decidieron abandonar el mundo en el cielo y asentarse permanentemente en la tierra. Los Karaja del Brasil central invierten el proceso. Sus ancestros, dicen, moraron una vez en un mundo subterráneo hasta que un día uno de ellos trepó por un agujero del suelo y salió a la superficie de la tierra, a donde sus compañeros de tribu le siguieron más tarde y donde eventualmente se establecieron.

Los mitos sobre los orígenes también explican la variedad de vida animal que cubre el mundo. Makunaima, un héroe cultural de los Carib de la Guayana, trepó a un gran árbol y con su hacha de piedra cortó pedazos de corteza que tiró al agua. Uno por uno, se convirtieron en todos los animales de la selva. Sedna, según los Esquimales, se cortó los dedos, que se convirtieron en focas, ballenas, morsas, y otros mamíferos marinos. Con frecuencia, acontecimientos particulares se introducen dentro del mito de creación de los animales para explicar el tamaño, forma, color, y hábitos peculiares de cada animal.
En casi todos los mitos primitivos hay una íntima asociación entre animales y el hombre. Innumerables episodios cuentan acerca de la transformación de seres humanos en animales, o viceversa. Apareamientos animal-humano suceden frecuentemente. De hecho, no es atípico que los animales sean considerados como los precursores de la especie humana -- un tosco presagio, en cierta manera, de la teoría de la evolución orgánica.
La mitología de una tribu explica no sólo sus propios orígenes sino también los de otras tribus. No obstante, el origen asignado a un enemigo muy probablemente sea poco atractivo. Los Saliva de Colombia, por ejemplo, dicen que sus odiados enemigos Carib surgieron de grandes gusanos en las vísceras putrefactas de un monstruo con forma de serpiente muerto por un héroe cultural Saliva. Una creencia común en el mundo primitivo es que todos los pueblos formaron una vez una sola tribu, viviendo juntos y hablando la misma lengua. Pero entonces algo sucedió (entre los Tikuna del alto Amazonas fue comerse dos huevos de colibrí), y en lo sucesivo la gente empezó a hablar diferentes lenguas, se dividió en grupos separados, y se dispersó por todo el mundo. Aquí vemos un claro paralelismo con la historia Bíblica de la Torre de Babel.

Muchos mitos primitivos cuentan de una Era Dorada durante la cual la vida era fácil y agradable, la discordia era desconocida, las herramientas trabajaban por sí solas, nadie moría, y cosas por el estilo. Entonces algo salió mal, y desde entonces, trabajo, adversidad y muerte han sido el destino de la humanidad. Esta noción de la Caída del Hombre es análogamente familiar para los lectores de la Biblia.
En contraste a una Era Dorada, hay a menudo una creencia en la noción de una Simplicidad Primordial. Según este punto de vista, la etapa más temprana de la raza humana fue una de ignorancia e inocencia de la que los ensombrecidos fueron rescatados por un dios o héroe cultural. Este ser mítico les enseño muchas cosas – cómo hacer herramientas, cómo construir casas, cómo sembrar cultivos, incluso cómo copular correctamente.

Entre los muchos elementos culturales supuestamente desconocidos para las primeras gentes estaba el fuego. Sin embargo, en lugar de recibir el fuego de los dioses, la mayoría de los pueblos primitivos dicen que tuvieron que robarlo. En un mito que registré entre los Amahuaca del Perú oriental, el fuego le fue robado al ogro tacaño, Yowashiko, por un loro que huyó volando con una tea ardiendo en su pico. Enfurecido por el robo, Yowashiko intentó extinguir las llamas enviando lluvia. Sin embargo, otros pájaros más grandes extendieron sus alas sobre el loro, manteniendo de esa manera las llamas encendidas de modo que el fuego eventualmente se hizo accesible a todo el mundo. Este relato es por supuesto evocador de la mitología Griega, en la que Prometeo robó el fuego a los dioses y se lo dio a la humanidad.
Los mitos sobre los orígenes a menudo cuentan de una tierra rudimentaria con muchos defectos e imperfecciones que, una por una, tuvieron que ser eliminadas o superadas. Una creencia es que al principio, la noche no existía y sólo había día. El sol permanecía en el cenit todo el tiempo y sus rayos caían sin piedad sobre los antecesores. El sueño era casi imposible, y la gente carecía de la privacidad que sólo la oscuridad puede proporcionar. Algunas tribus dicen que la noche existía pero que era la posesión escondida de algún ser mítico, y que antes de que todo el mundo pudiera cosechar sus beneficios, la noche tuvo que ser encontrada y liberada. Los Tenetehara del Brasil oriental, por ejemplo, dicen que la noche pertenecía a una vieja mujer que vivía en las profundidades de la selva y que la mantenía encerrada en varias vasijas de arcilla. Le fue finalmente arrebatada y entregada a la tribu por un héroe nativo llamado Mokwani.
Los Kamayura del Brasil central y muchas otras tribus tienen la creencia contraria. Sostienen que en el principio sólo había noche. Estaba tan oscuro, de hecho, que la gente no podía ver para cazar o pescar o sembrar, y de esa manera se estaban lentamente muriendo de hambre. Entonces descubrieron que los pájaros poseían el día y decidieron conseguirlo de ellos. A la postre, tuvieron éxito, y el día fue enviado a los Kamayura embebido en el brillante plumaje del guacamayo rojo.

Los mitos precedentes no son meramente curiosidades primitivas, irrelevantes para el punto de vista judeocristiano del origen del mundo. Muchos de los episodios mitológicos relatados aquí tienen cercanos paralelismos en la Biblia. Estos paralelismos, además, han sido reconocidos hace mucho tiempo por estudiosos de religión comparativa como extremadamente significativos. En su libro, Folk-lore in the Old Testament (1918), Sir James G. Frazer, el conocido estudioso, analizó exhaustivamente la literatura antropológica buscando estos paralelismos y escribió "... He intentado... rastrear alguna de las creencias y costumbres del antiguo Israel hacia atrás a más tempranas y toscas etapas del pensamiento y práctica que tienen sus analogías en las creencias y costumbres de salvajes existentes." Y en su empeño, tuvo éxito. Hay muy pocas dudas entre los antropólogos y estudiosos Bíblicos sobre que muchas de las historias de la creación de la Biblia son en realidad pre-Bíblicas, remontándose en el tiempo miles de años.
A los ojos de la antropología, ninguna cultura tiene una posición privilegiada. Ninguna es considerada como la única receptora del conocimiento o benevolencia divinas. Cada una es reconocida como el producto de dos millones de años o más de un proceso natural de evolución cultural. Durante esos incontables milenios, cada sociedad añadió a su propio almacén de mitos sobre los orígenes elementos de la mitología de tribus cercanas o distantes. El resultado fue que cada sociedad gradualmente desarrolló una elaborada cosmogonía, la cual, aunque única en ciertos detalles, sin embargo incorporaba muchas características que a fin de cuentas provenían de los cuatro rincones de la tierra.
No fue hasta el advenimiento de la ciencia moderna durante los últimos pocos siglos que ha aparecido una explicación diferente para los orígenes humanos y cósmicos para desafiar la visión presentada por la mitología. Aplicando conceptos e instrumentos recientemente desarrollados, la ciencia nos ha proporcionado una explicación del origen del hombre y su universo más completa y verídica de lo que jamás había sido posible antes. Estas explicaciones, constantemente sujetas a verificación y corrección, se han hecho incluso más probables y más precisas.

Quizás la explicación de cómo empezó el mundo que ha sido pacientemente forjada por la ciencia carece del drama, emoción y romance de la mitología. Pero lo que haya podido perder en color, lo ha ganado en coherencia y certidumbre. Los antropólogos están listos para mantener que el cambio ha merecido la pena. Más aún, sin tener que aceptar la verdad literal de los mitos sobre los orígenes, aún podemos vislumbrar en ellos una vívida imagen de cómo los pueblos primitivos interpretaban su mundo, y de cómo usaban el mito para justificar el presente y glorificar el pasado. Y aunque todo esto nos diga poco o nada de cómo empezaron realmente los seres humanos y la tierra, nos dice mucho acerca de la naturaleza del pensamiento humano y sus modos de expresión. Este conocimiento es de gran interés y valor para la ciencia de la raza humana.

[Nota] * La excepción a esta regla viene dada por la magia, por la cual la causa se considera que produce el efecto mediante alguna clase de irresistible proceso mecánico que hace su trabajo sin la intermediación de agentes personales.

Para más información:

1. Kramer, Samuel Noah. 1961. Sumerian Mythology. New York: Harper & Row
2. Levi-Strauss, Claude.1969. The Raw and the Cooked. New York: Harper & Row.
3. Marriott, Alice, and Carol K Rachlin. 1968. American Indian Mythology. New York: Thomas Y. Crowell Co.
4. Robinson, Herbert Spencer. 1976. Myths and Legends of All Nations. Totowa, NJ: Littlefield, Adams & Co.
5. Wilbert, Johannes. 1978. Folk Literature of the Ge Indians. Los Angeles: UCLA Latin American Center Publications.
6. Wolverton, Robert E. 1966. An Outline of Classical Mythology. Totowa, NJ: Littlefield, Adams & Co.

 
   

 
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