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LA TEORÍA DE LA EVOLUCIÓN ANTE EL DISEÑO INTELIGENTE
Carolina Martínez Pulido
URL:
http://www.ull.es/gabprensa/rull/Rull28/9%20difusion%20ciencia.htm
(Artículo publicado originalmente en el nº 28 de la revista RULL)
En esta era de la biología molecular, en la que técnicas como la manipulación genética de animales y plantas o la clonación se han convertido en objeto de acaloradas discusiones, no sólo entre la comunidad científica sino en la sociedad en general, difícilmente podríamos estar más alejados de una interpretación literal de la Biblia, ni siquiera de su lectura entre líneas, para interpretar el mundo vivo. Sin embargo, sectores poderosos de los Estados Unidos están propiciando el renacer de ideologías como el diseño inteligente o la ciencia de la creación, que no son otra cosa que un disfraz más o menos disimulado de un antiguo fundamentalismo religioso llamado creacionismo.
Creacionismo significa, pese a sus múltiples matices, asumir que los primeros capítulos del Génesis son una verdad literal que permite interpretar la historia del universo y la historia de la vida, incluyendo por supuesto a los seres humanos, como actos independientes de creación divina. Según el diseño inteligente, la versión más moderna de esta doctrina, la vida en la Tierra es demasiado compleja como para haberse desarrollado sin la intervención de una inteligencia superior.
Su principal enemigo, blanco destacado de todos sus ataques, es la teoría de la evolución postulada por Charles Darwin en su obra El origen de las especies, publicada por primera vez en 1859. Básicamente, la conocida teoría sostiene que todos los organismos, vivos o extintos, son producto de un proceso natural de desarrollo a partir de unas pocas formas iniciales y, finalmente, de la materia inorgánica. Dada la decidida vocación de la teoría darwiniana por interpretar racionalmente la enorme diversidad del mundo vivo, sin recurrir a ninguna fuerza mágica o sobrenatural, desde el primer momento los creacionistas se opusieron a ella con gran vehemencia. La evolución, sin embargo, no es solamente una teoría, sino un hecho suficientemente demostrado en la naturaleza y en el laboratorio. En realidad, la gran mayoría de expertos e instituciones rechazan hoy el creacionismo o el diseño inteligente por su falta de rigor y califican todas sus versiones de pseudociencia.
El creacionismo es una pseudociencia porque se fundamenta en un sistema de creencias dogmático, cerrado y basado en la fe, siendo su recurso definitivo la Biblia. Mientras que la ciencia es un sistema abierto respaldado por la observación y la investigación, y tiene como recurso definitivo la evidencia experimental. Ahora bien, aunque los datos científicos disponibles en la actualidad han probado con creces el hecho evolutivo, ello no impide que se sigan discutiendo algunos detalles de su mecanismo. Ciertamente, todavía queda mucho por explicar acerca de la evolución biológica, pero así es la ciencia. Ninguna disciplina científica tiene todas las respuestas.
No obstante, aunque científicamente el creacionismo carece de valor, no hay que infravalorar su poder social y político. Conviene recordar que religión y política son fieles aliados a la hora de estimular el fundamentalismo religioso; así, a medida que nos adentramos en el nuevo milenio vemos crecer las presiones para introducir ideas no evolutivas en los programas educativos de los Estados Unidos. Y lo más alarmante es que se trata de una práctica que ya se ha exportado con algún éxito a otros países, especialmente a Latinoamérica, África y también a Europa.
Resulta por tanto muy alentador comprobar que, en el mismo año en que George Bush y el Papa Benedicto XVI han mostrado su encono contra la ciencia en general y la teoría de la evolución en particular, la acreditada revista Science decidió que el adelanto científico más destacado de 2005 ha sido la confirmación de la teoría elaborada por Charles Darwin. Esta decisión se apoya en gran medida en un trabajo de investigación clave para los estudios evolutivos: el genoma del chimpancé. Los resultados han mostrado que tal genoma se diferencia sólo en el 1% del nuestro, con lo que las técnicas más recientes de la biología molecular no han hecho sino confirmar la vieja idea de Darwin: esos grandes simios son nuestros parientes más próximos. Y además, el equipo editor de Science ha constatado que "la evolución en acción" es el área investigadora que mayor impacto ha tenido durante 2005, pues su inmenso volumen de descubrimientos evidencia, una vez más, que la evolución subyace a toda la biología.
Carolina Martínez Pulido, es Profesora Titular del Departamento de Biología Vegetal de la Universidad de La Laguna
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