|
VENDER HUMO
Fernando Frías Sánchez
Uno de los calificativos más utilizados para referirse a quienes se lucran
de lo paranormal, lo esotérico y lo acrítico, es el de "vendedores de humo".
Cuando nos venden un relato fantasioso sobre ovnis, una enloquecida
interpretación pseudohistórica de las Pirámides de Egipto, o un frasco que
agua mágicamente convertida en medicamento homeopático, lo que nos venden
es... pues eso, humo.
La verdad, es una pena pensar que pueda haber tantos y tan variados
vendedores de humo, sobre todo porque, como nos dicen las leyes del mercado,
el hecho de que existan se debe a que hay un buen montón de compradores de
su mercancía. Existe un flujo monetario bastante considerable consistente en
que los dineros pasan del bolsillo de los pardillos al de los espabilados.
Lo cual es, se mire como se mire, una injusticia.
De modo que resulta casi un alivio, una especie de justicia divina en
chiquitín, saber que también hay un mercado cada vez más creciente en que el
dinero pasa de los bolsillos de los espabilados a los de los... bueno, los
más espabilados. Y es que últimamente se ha puesto de moda vender humo... a
los vendedores de humo.
Demos un paseo por cualquier ciudad. Junto a los habituales carteles de
grupúsculos marginales, los anuncios de macrofiestas discotequeras, o los
letreros que avisan, un año más, de que el Mundo está a punto de acabarse a
causa de la caída del planeta "Hercolubus", o como puñetas se llame, están
empezando a aparecer unos cartelitos que nos informan de que siguiendo un
curso en tal o cual academia o centro de estudios uno puede conseguir la
titulación oficial para ejercer la medicina "alternativa".
Así, a bote pronto, uno podría pensar algo así como que ya era hora. Hasta
ahora, la medicina "alternativa" era el típico campo plagado de gente sin la
menor preparación pero, eso sí, con una vocación enorme. Tan grande, que
muchas veces no deja ni siquiera sitio al sentido común. Porque ya me dirán
ustedes si puede quedarle algo de sentido común a esa señora que apenas
acabó sus estudios primarios, pero que se atreve a administrar a enfermos
graves los "tratamientos" que cree le dictan los médicos marcianos. O si les
parece normal que un fontanero, por muy bueno que sea en su profesión, pueda
tener abierta durante años una clínica de adelgazamiento según métodos
"naturales" sin tener ni siquiera la vaga sospecha de que cualquier día
puede cargarse a uno de sus clientes.
Pues nada, eso se acabó. Ahora ya no hay excusas, y por un precio módico
(bueno, no tan módico), ahora los practicantes de estas pseudoterapias
pueden conseguir un bonito diploma con el que acreditar su profesionalidad.
Un diploma sin validez oficial, por supuesto, pero muy aparente, muy mono y
muy, muy sencillo de obtener.
En primer lugar, porque los cursos suelen ser bastante sencillos. Si echamos
una mirada a los temarios, se componen sobre todo de materias que los
practicantes de las terapias "alternativas" tienen perfectamente dominadas.
Al fin y al cabo, existe una curiosa tendencia en lo paranormal según la
cual quien se cree una majadería determinada se cree también todas las
demás, y no es raro que quienes practiquen el "reiki" sean también
perfectamente conocedores de la gemoterapia, la carga y descarga de
"chakras", la reflexología o el diagnóstico clínico basado en los avances
de la fotografía Kirlian. Y, por otra parte, en un campo en el que la
investigación científica, las hipótesis rigurosas y los protocolos
experimentales brillan por su ausencia, da más o menos lo mismo que un
alumno conteste que el aura rojiza indica decaimiento, euforia o ambas cosas
a la vez: seguro que algún charlatán ha publicado alguna vez un libro en el
que ha dicho exactamente el mismo disparate.
En fin, que en esos cursos todo son facilidades. Pero si aun así es usted de
esas personas a las que les revienta tener que seguir un cursillo, aunque
sea de pega, no se preocupe, que también hay solución: ahora puede usted
conseguir su título sin necesidad de acudir a clase, contestar
cuestionarios, o rellenar ningún papel más complicado que el correspondiente
cheque. Porque también han empezado a aparecer unas curiosas asociaciones
que, por un módico precio (bueno, no tan módico), le pueden proporcionar una
bonita acreditación de profesional colegiado de la tontería alternativa que
desee.
"Organización Técnica y Científica de Medicinas Alternativas". "Registro
Nacional de Osteópatas". "Asociación Española de Diplomados en Naturopatía y
Ciencias Bioenergéticas". Con estos y otros nombres igual de rimbombantes
han empezado a menudear organizaciones que juegan con el equívoco, la
apariencia de un nombre prestigioso e incluso con aspecto de organismo
público (como "Registro" o "Colegio") y que no son más que simples
asociaciones sin más reconocimiento oficial que el que pueda tener la
Asociación Cacereña de Amigos del Parchís o la Peña Futbolística de
Valdecantos de Abajo. Pero que con esos nombres, unos bonitos logotipos y,
sobre todo, una habilidad estupenda para imprimir diplomas, carnés
"profesionales" o acreditaciones "oficiales", consiguen atraer a los
vendedores de humo. Que así, por una vez, se convierten en compradores de
humo.
O, si lo prefieren ustedes, que prueban un poco de su propia medicina.
"Alternativa", claro.
|