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Ciencia
 


AGUA
Juan Anguita


Si algo caracteriza al agua es que es uno de los compuestos más abundantes
en nuestro planeta; su presencia es, incluso, considerada como uno de los
criterios para la búsqueda de vida en otros lugares del universo; forma
parte de la mayoría de los alimentos que ingerimos; y, por supuesto, es uno
de los compuestos más conocidos y estudiados por la física y la química,
dada su utilidad y sempiterna presencia. Como sustancia, el agua es
maravillosa, sus propiedades lo son, y todo ello sin tener que recurrir a
ninguna transformación que la haga "magnética", "con memoria", "santa",
"milagrosa" o incluso ¿"dialítica"?.

En la naturaleza no es habitual encontrarse con agua pura, normalmente se
encuentra mezclada con una serie de sustancias que se disuelven en ella con
relativa facilidad gracias a que las moléculas de agua, a pesar de ser
eléctricamente neutras, no tienen repartida su carga homogéneamente y actúan
como un dipolo eléctrico (algo así como un imán pero en lugar de magnetismo
hablaríamos de carga eléctrica, un extremo tendría carga positiva y el otro
negativa). Esta atracción hace que las moléculas de agua permanezcan unidas
al aumentar la temperatura de manera más acusada que otras moléculas de
estructura semejante, y que tenga un rango de estado líquido coincidente con
el rango de temperaturas en que se da la vida en la tierra (¿no es esto en
sí una auténtica maravilla? o ¿es algo más que una casualidad?), ya que se
produce la atracción entre los extremos positivos de unas moléculas y los
negativos de otras, a esto se le llama enlace por puentes de hidrógeno.

De las características de este enlace se deducen algunas características del
agua auténticamente curiosas y que hacen de esta por sí misma un auténtico
producto milagro.

1) No hay en la naturaleza agua pura (salvo quizá el agua de lluvia, en este
punto habría que poner todas las comillas posibles). Así, la denominada agua
dulce sí que contiene sales disueltas distintas según la procedencia, sólo
que en menor proporción que el agua salada, hecho que explica los distintos
sabores que podemos encontrar en las distintas aguas que probamos. La
"facilidad" del agua para disolver las sales se explica gracias a esa
estructura dipolar de la molécula que es capaz de separar en las sales los
iones positivos y negativos que las forman.

2) La propia estructura de la molécula tiene consecuencias maravillosas, y
que la distinguen del resto de sustancias, como que al hacerse sólida el
empaquetamiento de las mismas deja "huecos", esto provoca que aumente su
volumen, como consecuencia el hielo es menos denso que el agua y flota sobre
ella. Gracias a esto los seres que viven en el agua pueden sobrevivir a un
crudo invierno ya que en siempre el agua comenzará a congelarse desde la
superficie lo que unido a que el hielo conduce mal el calor (los esquimales
viven en iglús) protegerá el fondo de la congelación.

3) Debido a que se necesita bastante calor (tiene un calor específico
inusualmente elevado, lo que significa que para elevar un grado su
temperatura es necesario más calor que para hacerlo con otra sustancia) para
cambiar la temperatura del agua hace de ella un mecanismo idóneo para el
mantenimiento de la temperatura en los seres vivos y no sólo eso, sino que
su abundancia en el planeta hace de los océanos un estupendo almacén de
"calor" para moderar las temperaturas y por tanto los climas.

4) El agua se puede comprimir y eso hace que el nivel de los mares esté por
debajo de lo que lo estaría si fuese incompresible: o sea, que salimos
ganando también algunos lugares de vacaciones.

Estas propiedades digamos que son de lo más elemental y, a mi juicio,
deberían formar parte del bagaje cultural de cualquier persona que se
considere medianamente culta (aunque eso es otro debate que sería
interesante plantear en otra ocasión). No son estas las únicas propiedades
del agua, habría más propiedades que podríamos comentar, aunque las
mencionadas me resultan suficientemente esclarecedoras sobre el papel del
agua en nuestras vidas, no sólo como componente de los seres vivos sino como
las "ventajas" indudables de dicha utilización como componente gracias a sus
propiedades físicas y químicas.

También me parece justo expresar que estas propiedades no tienen nada oculto
y que están perfectamente justificadas por la "ciencia oficial", vamos que
encajan perfectamente en las teorías físicas y químicas actuales, y no hay
que acudir a ninguna fuerza oculta o misteriosa para explicarlas, salvo que
uno sea un ignorante en estas cuestiones y quiera alardear de dicha
ignorancia.

Podemos leer informaciones continuamente sobre el agua, y lógicamente será
difícil estar al día de las mismas, en todo caso habrá que pedir que
cualquier información que se dé sobre estas propiedades que esté
suficientemente contrastada. Por ejemplo, decir que el agua tiene "memoria"
(como hacen los homeópatas) no es enunciar una característica del agua: es
una afirmación interesada para justificar sus "teorías". Para considerar
aceptable dicho planteamiento habría que demostrar si existe esa tal
memoria, si se demostrase ésto, habría que conocer perfectamente en qué
consiste y si existe una relación causal con las presuntas curas (por
supuesto explicando el mecanismo que las produce). Lo demás ni es ciencia
ni, por supuesto, está demostrado. Si, además, y como vía alternativa y más
rápida, se observa que los productos homeópatas responden a las experiencias
tal y como lo haría un placebo: ¿de qué estamos hablando?, ¿no están ya
desacreditadas sus argumentaciones aún en el hipotético caso de la
existencia de una cierta "memoria" en el agua?

Por esta razón cuando en el mercado nos encontramos con métodos que nos
ofrecen agua con propiedades curativas habremos de ser muy cuidadosos con
qué nos están vendiendo, no ya por nuestra salud ya que el agua es
básicamente inocua y, salvo que disolvamos en ella sustancias tóxicas (por
si acaso habrá que estar pendientes, y ante la duda no disolver nada
suficientemente contrastado) sigue siéndolo con las "alteraciones" que se le
producen, sino por nuestra economía que puede llegar a verse resentida sin
que nuestra "barata" agua inicial haya cambiado lo más mínimo. En cuanto a
la inocuidad del agua, fíjense como normalmente los vendedores de milagros
recomiendan usar sus productos como complemento de la que ellos llaman
"medicina oficial", si no lo hiciesen serían simplemente unos desaprensivos
y unos potenciales homicidas. Debemos ser conscientes de que sólo desde una
medicina científica se puede hablar de auténticas curaciones (aunque no lo
admitan, ya que perjudicaría a su propio negocio y, hombre, tontos no son) y
como hecho probatorio recuerdo al lector cómo ha aumentado la esperanza de
vida del ser humano a lo largo de los últimos cien años, período a lo largo
del cual la medicina se ha desarrollado espectacularmente, y cómo
prácticamente se han erradicado, o al menos minimizado sus efectos,
enfermedades que tradicionalmente (nótese el uso del término tradicional y
reflexiónese sobre las implicaciones de su uso) han sido, incluso, mortales.

Sin embargo ocurre un hecho muy curioso cuando se consigue la curación (y en
ella media la acción médica y los productos milagro), en lugar de achacarse
al tratamiento médico prescrito se le da todo el mérito al producto milagro
en cuestión y entonces se envían cartas de agradecimiento, que son
convenientemente extractadas para ser utilizadas como prueba de la
efectividad del dichoso producto. Y bien pensado, en el caso de cartas
críticas hacia el producto que, parece lógico pensar, deben existir: ¿qué
ocurre con ellas?, ¿no sería lógico, igualmente, publicitarlas? (que
tontería acabo de decir). Parece decente ofrecer al posible futuro
consumidor toda la información posible y si la opinión de un "usuario" a
favor se considera información también debería ser información una opinión
contraria, claro que posiblemente la palabra clave no sea precisamente
"información".

AGUAS MINERALES

Si pasamos a ver la oferta de "aguas" en el mercado vemos que ésta es enorme
y, sin embargo, todas tienen una función común: calmar la sed y evitar la
deshidratación de nuestro organismo. En mi opinión todas sirven, al menos,
para esto (incluida el agua de Lourdes). Acabo de matizar con un "al menos"
y lo hago en el sentido de que hay ciertas aguas que, en función de su
contenido en sales minerales, pueden aportar "algo más a nuestro organismo"
o al menos así nos las venden; me refiero en este apartado a la variedad de
aguas minerales que podemos encontrar en el mercado o en la publicidad.

Como creo que un ejemplo puede aclarar algunas cosas hablaremos de un tipo
de aguas que existen en el mercado, denominadas de mineralización débil, con
un contenido muy bajo en sales minerales (especialmente en sodio) lo que
según nos publicitan les confiere un efecto diurético beneficioso en
personas con problemas de hipertensión.

Haremos unos cálculos planteándonos si el consumo de este tipo de agua puede
ser necesario para personas hipertensas o si bien no deja de ser una mera
cuestión publicitaria. Otra cuestión a analizar sería el posible efecto
placebo.

Veamos: el sodio pertenece, dentro de las sales minerales, al grupo de los
macroelementos (se deben incorporar al organismo en dosis relativamente
elevadas, hablaríamos de un orden de magnitud de 1 gramo aproximadamente);
su función es, principalmente, regular la cantidad de agua en nuestro
organismo; y lo ingerimos, no sólo como componente de la sal sino que se
encuentra en la mayor parte de los alimentos. Un agua que esté mineralizada
normalmente, en un análisis típico, podría contener en torno a 20 mg de Na
por cada litro, así una persona que consuma 4 litros de agua al día (que ya
es consumir) estaría ingiriendo unos 80 mg de sodio procedente del agua, si
pensamos que una cantidad de sodio ingerido nada excesiva podría estar en
torno a los 3 g (3000 mg) diarios estaríamos hablando que este agua típica
aporta un 2.7% del sodio necesario diariamente, si hacemos la misma
operación para un agua débilmente mineralizada (que contendrá
aproximadamente 5 mg Na/litro) obtendremos que el porcentaje de sodio
aportado por el agua (para un consumo de 4 litros) se reduce a un 0.7 %.
Porcentualmente el descenso se podría calificar de espectacular pero dentro
del consumo diario tan poco es un 3% como un 1 %; es decir para una
reducción del nivel de sodio deberíamos recurrir a otras fuentes cuyo
contenido sea mucho mayor, como dato esclarecedor indicaremos que consumir
100 g de espinacas cocidas (sin sal añadida) supone una ingesta de sodio
superior a la de los 4 litros de agua mineralizada y no he visto ningún
anuncio publicitario alertando sobre los efectos devastadores de las
espinacas sobre los hipertensos.

En fin, que me parece prudente pensar que tomar un tipo u otro de agua no
nos va a solucionar problemas de hipertensión,

Otra "perla" que últimamente se ha visto por ahí hace referencia a un agua
mineral cuyo contenido en calcio es muy alto, se dice en la publicidad de la
misma que eso la hace muy buena para la salud de nuestros huesos. En primer
lugar debemos señalar "de dónde" procede el calcio contenido en el agua: del
carbonato de calcio disuelto en la misma (para los crean que diremos que el
mármol es, esencialmente, carbonato de calcio) y es, la cantidad de
carbonato de calcio contenida en agua, quien nos da una medida de la dureza
del agua. No es que eso sea, en principio, mucho problema (de hecho una
buena parte de los suplementos de calcio prescritos por médicos en el
tratamiento de deficiencias contienen esencialmente este compuesto) si bien
pudieran considerarse como mejores fuentes de calcio otras sales del mismo
más solubles como el citrato.

Sobre la utilidad sobre nuestros huesos es muy importante saber que no todo
el calcio que ingerimos pasa a formar parte de nuestros huesos, es más para
que este se fije a los huesos es necesaria la intervención de una vitamina,
la D, que ésta se encuentra en muy pocos alimentos como tal y que nuestro
cuerpo, para sintetizarla, necesita de la luz solar.

Además conviene señalar que el aporte que de un análisis de las aguas
minerales en el mercado el contenido en calcio no suele superar los 100
mg/l, un vaso de leche nos aporta en torno a los 300 mg, de manera que para
obtener un suplemento de calcio casi mejor que recurramos a la leche. Así no
es que considere despreciable el aporte de calcio del agua, seguro que puede
ser útil a nuestro organismo, pero de ahí a decir que consumir una
determinada marca fortalece nuestros huesos me parece que media un abismo.

Tampoco quisiera dejar de recordar algunas tonterías (o barbaridades con
mala intención) que la que se decía en algunas publicidades como que cierta
agua "te aligera", si acaso te aligerará el bolsillo porque es más cara,
pero poco más. Es más, me parece desaprensivo, con el problema de salud que
supone la anorexia el plantear siquiera que el agua engorde o adelgace.

En relación con las aguas minerales quisiera mencionar, siquiera de pasada,
las llamadas aguas termales y los tratamientos que se llevan a cabo en los
balnearios. Sus beneficios son indudables pero me gustaría plantear si
dichos beneficios proceden de la relajación, la sensación de que se nos está
cuidando, los masajes (indicados y realizados por profesionales, si es el
caso) más que de las propias "efectos medicinales" del agua con que se
trabaja en el balneario.

Para finalizar y como conclusión des este breve análisis de esta oferta de
aguas minerales solo quisiera recordar de nuevo que no debemos creer
ciegamente en lo que la publicidad de las distintas marcas nos dice. Y es
que, si nos atenemos a lo que expresa la Organización Mundial de la Salud
(OMS), ésta es incapaz de aportar ninguna prueba convincente de los
beneficios para la salud que el consumo de las aguas minerales pueda
suponer. ¿Significa esto que es absurdo consumir aguas minerales?
Probablemente no, ya que pueden representar una garantía de pureza, química
y bacteriológica, sobre todo cuando viajamos. Y también a modo de conclusión
hacer hincapié en la necesidad de ser muy escépticos con todos los mensajes
publicitarios (no sólo en lo que toca al agua) ya que su función no es en
ningún caso la de ofrecer información (aunque parece que en algunas campañas
es lo que se parece pretender) sino fomentar el consumo de una determinada
marca: la que se gasta el dinero en el anuncio.

AGUA MAGNÉTICA

Desde luego el magnetismo tiene algo de misterioso, incluso de esotérico,
eso de que dos objetos (imanes) puedan, sin tocarse, atraerse o repelerse;
que se pueda coger (sin tocar) un pequeño trozo de hierro; que una aguja
imantada señale siempre al norte; ... desde luego son experiencias que
tienen algo de mágico, más cuando la mayoría de los mortales ignora qué hay
detrás de este fenómeno físico: ¿quizá porque las clases de física son muy
aburridas?

Quizá este halo de misterio sea lo que provoque que cualquier otro milagro
asociado al magnetismo sea aceptado acríticamente. Así existen en el mercado
desde pulseras magnéticas y aparatos para magnetizar el agua o la gasolina,
a plantillas para los zapatos magnéticas o colchones magnéticos. ¿Para qué
sirven? Según sus patrocinadores: prácticamente para todo. ¿En qué se basan?
En nada.

Me gustaría empezar matizando la contundencia de la última afirmación:
ningún producto de los que se ofertan con el apellido de magnético procede
de una investigación científica previa que avale la validez de las
afirmaciones que se hacen del producto en cuestión. Todas las
justificaciones son a posteriori y, en su mayoría, se reducen a testimonios
de clientes satisfechos sin que se pueda aclarar si la satisfacción puede
achacarse toda al "milagro magnético" o a otros factores no controlados (la
extrañeza que en mí provoca la NO existencia de clientes insatisfechos, y a
la que ya hice mención más arriba, vamos a dejarla a un lado). El
procedimiento que a mí me parece adecuado para comercializar productos (más
aún relacionados con la salud) debería ser el siguiente:

1) Una investigación llega a una conclusión según la cual un cierto
tratamiento: meter imanes en agua, pasear un vaso de leche en bicicleta,
poner imanes en un colchón, ... provoca un cambio en la sustancia original
(agua, leche, colchón,. ) y como consecuencia de dicho cambio esta sustancia
es capaz de solucionar unos ciertos males mediante un mecanismo que es
posible establecer.

2) Se elabora y comercializa el procedimiento avalado por dicha
investigación.

En los casos que estamos tratando el procedimiento empieza por el final, y
el primer punto se limita a agarrarse a cualquier clavo ardiendo que
justifique lo que se quiere vender, aunque en la mayoría de las ocasiones
carezca de verosimilitud: todo sea por explotar la ignorancia de los
consumidores.

Intentaré a continuación explicar algunas ideas sencillas sobre el
magnetismo tal y como se entiende desde la Física, ámbito en el que es una
interacción más como lo pueden ser la eléctrica o la gravitatoria. Incluso
podemos añadir que se encuentra más firmemente sustentada que la
gravitatoria (que sin embargo no nos resulta nada misteriosa), ya que existe
una teoría (la Electrodinámica Cuántica) que da cuenta del magnetismo a
nivel microscópico con una precisión difícilmente igualable. Es decir, para
la Física es un fenómeno perfectamente comprendido, lo cual no significa que
sea totalmente accesible a un público general sin una base matemática
mínima.

De manera sencilla podemos decir que el magnetismo tiene su origen en el
movimiento de cargas eléctricas: una carga eléctrica que se mueve produce un
campo magnético.

Que una carga eléctrica esté en movimiento no es nada extraño, nuestro mundo
material está formado esencialmente por átomos y normalmente es conocido que
estos son esencialmente unos electrones (cargas eléctricas negativas) que se
"mueven" alrededor de un núcleo formado por protones (cargas eléctricas
positivas) y neutrones (sin carga eléctrica); si además tenemos en cuenta
que los átomos no suelen estar quietos (cuánticamente resulta imposible
debido al Principio de Incertidumbre de Heisenberg) salvo que nos
encontremos una temperatura de 0 K (unos 273.14 ºC bajo cero), lo cual está
expresamente prohibido por el Tercer Principio de la Termodinámica, de
manera compatible con lo anterior. En definitiva, podemos concluir que la
existencia de cargas en movimiento, y por tanto el magnetismo, es habitual
en nuestro Universo.

Ahora bien, comenzábamos diciendo justamente lo contrario, que el magnetismo
es algo extraño, mágico y casi sobrenatural. ¿Qué pasa?, ¿ya está la física
con sus excepciones? (una de las mayores estupideces que oído, refiriéndose
a la ciencia, es la dichosa frase: "la excepción confirma la regla"; en
ciencia es más razonable pensar que la excepción puede echar por tierra la
regla). La explicación a esta aparente contradicción requiere un mejor
conocimiento del campo magnético: teniendo en cuenta que es una magnitud
vectorial, es decir, que para establecerla perfectamente no basta con
indicar su valor sino que es necesario conocer la dirección y el sentido de
la misma (de forma análoga a la velocidad en la que no es suficiente con
indicar que nos estamos desplazando a 100 km/h, debo señalar por qué
carretera, digamos la A-92, y en qué sentido, hacia Sevilla o hacia
Almería).

Según lo anterior, los campos no se sumarán sin más, como patatas. Habrá que
tener en cuenta las distintas orientaciones (como ejemplo, dos campos
iguales pero en sentidos opuestos se anularán). Así, si tenemos en cuenta
que los distintos campos individuales se pueden producir, en principio, en
cualquier dirección y sentido, sin que haya ninguna privilegiada, es lógico
suponer que la suma de todas las contribuciones parciales se anulará (lo
contrario indicaría alguna dirección privilegiada), más aún si tenemos en
cuenta que estamos hablando de un orden de 1025 (¡un 1 y 25 ceros detrás!)
de contribuciones de partículas cargadas en movimiento, estaríamos hablando
de una muestra estadística bastante "representativa". Por tanto a nivel
macroscópico, por el que nosotros nos movemos habitualmente, el magnetismo
no es excesivamente habitual.

A continuación y, para el caso que estamos tratando, nos interesa conocer
cómo se comporta un material frente a un campo magnético, más concretamente
el agua. A grandes rasgos, según su comportamiento, los materiales se
clasifican en paramagnéticos, diamagnéticos y ferromagnéticos; el agua
estaría dentro del segundo grupo, nos centraremos por tanto en este.

Cuando se somete un material diamagnético a un campo magnético (si queremos
decirlo en palabras no rebuscadas: cuando acercamos un imán a una sustancia)
dentro de ésta se produce una reacción que tiende a oponerse al campo
externo, es decir, los pequeños imanes que forman la sustancia dejan de
distribuirse al azar para hacerlo en una "dirección privilegiada" igual a la
del campo, pero de sentido opuesto que le hemos acercado. Es de destacar,
además, que esta reacción es muy débil (unas 100000 veces más débil que el
campo externo en el caso del agua) y que desaparece al desaparecer éste.
Podemos decir que los electrones que forman las moléculas de agua ajustan
ligeramente sus movimientos, produciendo un campo magnético unas 100000
veces más pequeño que el aplicado, una vez cesa el campo externo los
electrones dejan de tener preferencia alguna por esa dirección y vuelven a
su situación inicial.

El producir agua magnética viene a ser algo tan prosaico como hacer pasar
agua cerca de un imán, produciéndose un efecto muy pequeño y asociado a la
presencia del imán. Así no parece muy razonable pensar que el agua adquiere
nuevas propiedades y mucho menos que estas la hagan capaz de actuar sobre
nuestra salud. De igual manera, el acercar imanes a nuestro cuerpo
(alrededor de un 70% es agua) no parece, en principio, muy lógico hacer una
correlación con una mejora o empeoramiento en nuestra salud.

Lo que acabo de describir ha sido en grandes rasgos muy general y su única
pretensión es eliminar la tendencia que podemos tener a ver lógica la
asociación magnetismo y salud. ¿Existe alguna relación a pesar de lo
anterior? Pues yo contestaría que, en caso de haberla, ésta no va a ser nada
espectacular. En este sentido son muy numerosos los estudios que se han
realizado sobre esta relación magnetismo, agua magnética y salud;
evidentemente, cualquier conclusión sobre esta relación debe estar
fundamentada en los mismos y no en comentarios u opiniones interesadas.

Recomendaría en este sentido un artículo de Mike R. Powell, publicado en el
Skeptical Inquirer de enero/febrero de 1998, que se puede encontrar en la
siguiente dirección de Internet: http://www.csicop.org/si/9801/powell.html
es interesante no solo por su contenido sino por las referencias
bibliográficas que contiene y que se pueden consultar.

AGUA DIALÍTICA

Dejo para el final una auténtica joya. El agua dialítica, el mismo nombre ya
suena impresionante y lo que se cuenta de ella francamente no defrauda. De
hecho, toda mi anterior exposición, que espero no sea excesivamente
incompleta, la comencé a preparar a raíz de una referencia a algo denominado
"agua dialítica". La lectura de la información sobre la misma me hizo
reflexionar sobre lo fácil que sería evitar estos camelos con un mínimo de
cultura científica y un poco de sentido crítico (si bien el ejercicio de
este último es complicado sin información). Para encontrar información en
Internet: http://66.70.39.165/p2.htm

Así que, para finalizar, y en homenaje a la mencionada agua dialítica
quisiera comentar algunas de sus hilarantes propiedades.

1) ¿Qué pretenden vendernos como agua dialítica? Bien, nos hablan de sistema
que aumenta la capacidad del agua como disolvente al modificar la estructura
de la molécula. Esta propiedad provocaría una serie de "beneficios
terapéuticos" a nivel renal, biliar, o en padecimientos como la gota ya que
aumentaría la capacidad de disolver estas sales. Incluso esta afirmación que
parece tan lógica requiere un estudio para confirmar si ese aumento de la
solubilidad tiene efectos terapéuticos reales, en cuanto al método de
aumentar esta solubilidad mejor verlo más adelante.
2) No hace falta entrar en un análisis muy profundo del tema para darse
cuenta de que estamos ante un producto milagro más (milagro únicamente en el
nombre). De toda la información sobre el producto sólo hay una indicación
que merezca la pena seguir y es no abandonar los tratamiento médicos usuales
y contrastados, más aún si tenemos en cuenta que con este producto lo único
que estamos haciendo es convertir agua normal barata en agua normal cara.
3) Hacen mención a un informe sobre fotografías Kirlian del agua tratada y
su variación con respecto al agua sin tratar. Lo de la fotografía Kirlian es
una especie de cajón de sastre en la que todo entra y todo explica, si bien
no hay demostrada relación directa de las mismas con propiedades de tipo
alguno, y mucho menos curativas. Lo que desde luego ya termina por ser
absolutamente cosa de locos es la deducción (a la vista de la fotografía) de
la emisión de energía y, el colmo, de electrones, protones y neutrones;
digamos simplemente que este hecho implicaría que habríamos convertido al
agua en radioactiva, que en lugar de agua tendríamos "otra cosa" y lo que es
peor: estaríamos ingiriendo un producto que emite todo tipo de radiación, lo
que a la larga (o a la corta porque parece que es muy intensa) produciría la
muerte ¡menos mal que todo esto es simplemente falso!
4) Como prueba de su credibilidad se habla de su inventor: el Reverendo
Padre Jose Ignacio Martínez Álvarez, y se nos proporciona un resumen de su
biografía, para mí una de las partes más memorables de la web.
5) No menos memorable es el fundamento del producto, baste como ejemplo el
comienzo de la explicación: "Está basado en las leyes físicas", debo ser
demasiado escéptico pero con esta introducción me surge la vena de Hamlet:
"Algo huele a podrido en Dinamarca". El resto es un uso sin ton ni son de
terminología física en la que cada concepto se usa de manera aleatoria.
6) Y, para no dejarlo pasar, el fundamento de las ampollas: microcristales
de cloruro de sodio (sal común) y cloruro de litio (prima de la anterior y
muy higroscópica). De ahí a que hay energía acumulada que se libera por un
mecanismo misterioso, nada de nada.


 
   

 
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