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GÉNESIS, DESARROLLO Y PERFECCIONAMIENTO DE UN EMBAUCADOR
Mauricio-José Schwarz
Había una vez, por ahí de 1989, poco más o menos, un programa de media hora en
la cadena de noticias Eco, de Televisa, conducido por un sujeto que se había
destacado durante ya algunos años como promotor del sensacionalismo y la
exageración, como periodista proclive a exhibir la sangre y el desastre,
descuidado con sus fuentes y confirmaciones y, en general, como alguien poco
aseado en el manejo de la información, cosa que está un tanto reñida con el
correcto desempeño del noble oficio de periodista, y que derivaba cada vez más
a la promoción de patrañas para anormales.
A su programa invitó el mal periodista a unos estafadores cuyo nombre,
misericordiosamente, he olvidado, para exhibir como fenómenos de feria a unos
niños a los que, juraban, les habían enseñado a "ver con los dedos", truco de
magia que embozaban con el pomposo nombre de "dermoóptica" "dermóptica" o
"visión extrarretiniana" y que era continuación de los fraudes de Nina
Kulagina, Rosa Kuleshkova y Uri Geller. Para simular alguna objetividad, el
presentador invitó a tres de los varios fundadores de una nueva organización
algo extraña llamada Sociedad Mexicana para la Investigación Escéptica, SOMIE:
Mario Méndez Acosta (ingeniero), Víctor Vázquez Valenzuela (psicólogo
experimental) y quien esto escribe (periodista de divulgación científica).
Los supuestos "profesores de dermoóptica" pusieron condiciones a tutiplé para
que a los niños no se les tocara, molestara, mirara feo o afectara en modo
alguno, velando según ellos por el bienestar psicológico de sus tutelados
(aunque parezca algo raro que diga eso un tipo mientras le venda los ojos a un
niño de 10 años) y procedieron a hacer el vendado más lento de la historia
moderna mientras "explicaban" durante veinte minutos cómo funcionaba eso de ver
sin ojos (que no es hazaña despreciable) y cómo podían enseñarle eso a todo
niño cuyos padres pagaran. Cuando se detenían a respirar, cosa poco frecuente,
los "escépticos" metíamos una palabra de ladito, explicando que el truco era el
mismo que usan los mentalistas de escenario hasta cuando conducen automóviles
con los ojos vendados, y que la explicación era, sencillamente, que los niños
veían. (Haga una pausa, véndese los ojos y acomódese el vendaje para poder ver
por el agujerito que queda entre su pómulo y la nariz, se sorprenderá de la
claridad con la que puede ver todo a su alrededor mientras parece estar
vendado. Claro que la mayoría de la gente no se anda vendando los ojos y, por
tanto, no se imagina lo fácil que es.) Alrededor del conductor del programa
entretanto se formaba un charco considerable con la baba que se le desbordaba
por las comisuras de los labios mientras tartajeaba alabanzas sin fin para los
"dermoópticos".
Llegó el momento en que el niño estaba "bien vendado" (se acomodó tres veces el
vendaje que "le molestaba", hasta que lo tuvo a modo) y empezó a leer una
revista colocada ante él, sospechosamente en la línea de visión que tendría si
viera por el resquicio del vendaje. Víctor Vázquez lo dejó estar unos segundos
(mientras el presentador de la emisión sufría espasmos de asombro y narraba el
hecho como si fuera la final de la Copa Mundial de Fútbol) y colocó una carpeta
de cartulina en la que traía unos papeles de la Facultad de Psicología entre el
mentón del niño y la revista sobre la que pasaba los dedos bien entrenados, en
lo que sería su línea de visión. El niño dejó de "ver por la piel" y se quedó
helado, esperando instrucciones.
Los miserables estafadores en cuestión, como se demostró, lo que le enseñaban a
los niños era a ver por los resquicios de un vendaje, pero, sobre todo, les
enseñaban a mentirle abiertamente a sus padres, a sus amigos, a sus profesores
y a quien fuera, todo con objeto de conseguir su admiración. Tal era (y es) el
nivel de vileza de estos delincuentes que le cobraban a los inocentes padres
sumas jugosas por enseñarles la mendacidad, la chapuza y el engaño a sus
retoños. Y así "velaban por el bienestar psicológico de los niños".
El periodista en cuestión balbuceó un intento de excusa y despidió la emisión
mirándonos con verdadero odio.
No sería la primera vez que Jaime Maussán mirara así a los componentes de SOMIE
(y a los amigos o coequiperos de esa anárquica organización) que le han hecho
la vida y el enriquecimiento un poco más difíciles al paso de los años.
Jaime Maussán en realidad, divide las opiniones de quienes se cruzan en su
camino. Algunos opinan que es un sicótico clásico con delirios paranoides y
rasgos esquizofrénicos clínicamente interesantes, capaz de creerse cualquier
cosa y a quien probablemente ya le han vendido varias veces la Torre Eiffel,
las pirámides de Egipto y el puente Golden Gate, mismos que siempre ha pagado
en efectivo. Otra corriente de pensamiento dice que, en realidad, es un vivo
que se finge loco burlándose de la credulidad de los ingenuos y adobándolos con
mentiras colosales para chuparles como garrapata humana los tres nutrientes
básicos de la paranormalología: dinero, admiración y sexo. Para lo primero usa
la venta de vídeos y sus conferencias con las que recorre el mundo cobrando la
entrada. Para lo segundo tiene a un grupo de incondicionales adoradores
(arrogantemente autonombrados "Los vigilantes" y mejor conocidos como "los
maussanitas", según denominación del ovnílogo mexicano Héctor Chavarría). Y en
lo tercero no nos vamos a meter.
A raíz de los 11 "ovnis" (que quizá ya son ovis) videograbados en el estado de
Campeche por un avión de reconocimiento de la Fuerza Aérea Mexicana el pasado 5
de mayo de 2004, el nombre de este siniestro tipo recorrió el mundo, lo que
debe tenerlo encantado. Pero mucho antes de llegar a este último capítulo de la
saga de la estulticia organizada de Maussán, estuvo el principio.
Programa nocturno en la televisión mexicana. 7 de junio de 1991. El tema, los
ovnis. Creyentes mezclados con escépticos. Me sientan junto a Maussán, que es
muy educado. Descubro con horror que le tiene fobia al cepillo dental y al
dentífrico, y que su aliento tira mulas a veinte pasos.
Las larguísimas siete horas de la emisión me las paso tratando de esquivar la
fetidez, que no era nada comparada con las papasadas que Jaimito recitaba cada
vez que le tocaba el uso de la palabra. Acababa de descubrir a "Billy" Meier y
al parecer estaba en tratos para ser su franquiciatario y poder mostrar en
exclusiva los vídeos y fotos del maestro suizo de los efectos especiales. Su
interés por la parte de la divulgación previo pago y su desmedido entusiasmo,
así como su negativa rotunda a utilizar el mínimo nivel de racionalidad
sustituyéndolo por un populismo paranoico me hicieron girarme en un momento
dado y decir, en televisión nacional: "Tú vas a acabar haciendo de esto un
negociazo para tu beneficio".
Sorpresa con choque emocional, ojos muy abiertos, manos levantadas... ¿cómo es
posible tamaña barbaridad? "No, yo nunca..." clamaba Maussán en un paroxismo de
indignación.
No sería tampoco la última vez que el conductor del programa, Nino Canún,
sentara a los escépticos, tanto de SOMIE como independientes (entre ellos los
doctores en física Miguel Ángel Herrera de la Fuente y Rafael Fernández
Flores), junto a un impresionante muestrario del zoológico del charlatanaje
nacional: ovnílatras, médicos brujos, astrólogos, hipnománticos, "síquicos"
(equivalente a "vidente" en España), cartomancianos, quirománticos,
contactados, curanderos, sectarios varios y, con frecuencia, a Jaime Maussán,
que no se cansaba nunca de que lo revolcaran y demostraran que su incultura
sólo era equiparable a su desfachatez y capacidad de decir las más rebuscadas
mentiras sin ruborizarse.
Pero nos adelantamos de nuevo. Volvamos al eclipse de sol del 11 de julio 1991,
que se pudo ver sobre México y que fue realmente el lanzamiento estelar de
Maussán como ordeñador de ovnis y desplumador de congéneres.
Los que se ocuparon de leer la prensa antes del fenómeno se enteraron de que, en
determinado punto del cielo detrás de donde se vería el eclipse, se podrían
apreciar en todo su esplendor Venus, Marte y Júpiter, y no pocos nos volvimos
unos segundos a la hora de la impresionante penumbra del eclipse para ver a los
tres planetas brillando alegremente.
Un tal Guillermo Arreguín, que al parecer no leía la prensa, se puso a filmar el
eclipse en la zona sur de la Ciudad de México con su camarita de video
rudimentaria. De pronto vio a Venus e, ignorándolo todo sobre la astronomía, se
asombró ante su "misteriosa" luz. La cámara de video, con el zoom al máximo,
temblaba en sus manos, pero filmó varios minutos con tanta ampliación como le
fue posible. La demostración de que era Venus son las propias palabras de
Arreguín: " De repente vi que esa luz no se quitaba" (un comportamiento
peculiar de los objetos celestes, excepto cometas y meteoritos, es que no se
quitan tan fácil).
El video apareció en los noticieros de Televisa y pronto cayó en manos de
Maussán, el hombre capaz de tragarse sin hacer muecas embustes del tamaño de un
buque tanque mediano.
El 19 de julio de ese mismo año, Nino Canún hizo otro programa de ovnis que
rompió los récords de la televisión mexicana: 11 horas de debate soportamos (y
soportó el público) durante las cuales, por suerte, me sentaron lejecitos de
Maussán. Jaimito empezó entonces a construir su inimitable falsificación de la
realidad. El tembleque de la cámara con el zoom al máximo y las compensaciones
de la muñeca de Arreguín daban como resultado que Venus pareciera describir
triángulos en el centro de la pantalla. Maussán se sacó de la manga con toda
desvergüenza el "clásico movimiento triangular de los ovnis, a una velocidad
imposible para cualquier aeronave" que hoy repiten como loros los ovnilocos más
diversos. Después mostró las imágenes de Arreguín solarizadas (simple
conversión de color) y afirmó sin despeinarse que con eso "medía la
temperatura" del "ovni" (seguramente el tarado había visto alguna termografía y
creyó que se puede medir la temperatura de una imagen visual solarizándola, sin
necesidad de una cámara térmica o cosa similar). Alguien le indicó a Maussán
que, calculando la posición del "ovni" respecto del sol según la toma, eso era
Venus. Maussán alcanzó la cima de la memez asegurando que el "ovni" estaba
delante de Venus.
En los meses siguientes, Maussán consiguió otros videos de otros despistados o
vivarachos y procedió no a llevarlos ante la comunidad científica, sino a
presentarlos en programas de variedades como el atroz "Siempre en domingo" de
México (cuyo presentador acabó creyéndose un enviado de alguna deidad), el
lamentable "Sábado gigante" (del pinochetista Mario Kreutzberger, cuyo alias es
"Don Francisco") y otros muchos, comenzando una larga carrera de mercader de
patrañas con ayuda de los muchos loquitos, ingenuos o estafadores que
aparecieron para venderle vídeos o testimonios alucinados y que desataron una
"oleada" (palabra que emociona los bolsillos de cualquier ovniorate) ovni.
(Lo que siempre me ha preocupado es que quizá nosotros, al darle batalla a los
soplapitos de la ufología creyente aquél 7 de junio de 1991, ayudamos a
inventar la "oleada " de ese año, y de paso participamos en la creación de tal
monstruo de Frankenstein de la ovnilogía psicodisléptica.)
La nómina completa de las tonterías que suelta Maussán ocuparía varios
megabytes, pero vale la pena señalar algunas, como que "se aprende a ver ovnis"
(lo dijo para justificar a un invitado que tenía más vídeos de ovnis que Billy
Meier, y del que nadie se acuerda ahora). Jura que "sus" miles de vídeos se han
"estudiado" en "Estados Unidos y Japón" (sin decir que los han "estudiado"
vividores como James Diletosso, que trabajaba en una empresa que le prestaba
servicios de cómputo a la NASA, lo que permitía que el tal Diletosso firmara
sus "análisis" de fotos en papel membretado de la NASA), o bien, una
verdaderamente de siquiatra, que hay ovnis gigantes orbitando la Tierra
¡disfrazados de estrellas! y sin que ningún tonto astrónomo se entere. Y eso
sin mencionar cómo el año pasado, con la impudicia que lo distingue, predijo en
Yucatán que el 12 de diciembre de 2003 iba a ocurrir algo especial o un
meteorito chocaría con la Tierra, el caso es que pasaría algo que cambiaría
nuestras vidas para siempre (no, no pasó, pero la revista de "ovnilogía"
Inexplicata lo incluyó en su sarta de tonterías).
Es interesante señalar que Maussán promovió a un "contactado" de Tepoztlán,
México, Carlos Díaz, que resultó más falso que un dólar con la cara del Pato
Donald, mismo que se fusiló su cuento de los que en su momento contaron George
Adamsky y Billy Meier, y que llevaba 16 años recorriendo los medios con la
misma cantaleta y buscando a un crédulo que lo lanzara a la fama. El crédulo en
cuestión fue Maussán, claro. Carlos Díaz sería luego traído a España por otro
espécimen del circo maussanita: Giorgio Bongiovanni, famoso por pintarse
estigmas en las manos, los pies y la cara caricaturizando la crucifixión de
Cristo y llenándose los bolsillos de plata jurando que las suyas son heridas
reales (basta ver una foto de sus estigmas para darse cuenta de que son
totalmente superficiales). En el hato de estos dos suele actuar también
Diletosso, cómo no.
El Jaime Maussán que hoy homenajean como gurú admirable los atarantados locales
de la miseria intelectual como Josep Guijarro, Iker Jiménez y botarates
similares, se ha caracterizado por creer en las más extravagantes tonterías,
pero su verdadera dimensión se percibe en los casos en los que, una vez
demostrado el engaño o explicado el "fenómeno", persiste en su creencia, que no
va a permitir que algunos datos y unos cuantos hechos sólidos y demostrables le
jodan el invento.
¿Que un tal Jonathan Reed jura que mató a un extraterrestre, venció en singular
batalla al gobierno estadounidense y tiene un aparato ultraterreno que no
permite que nadie toque? Maussán le cree a ciegas y se lo lleva de viaje a
exprimir billeteras, aunque incluso un grupo crédulo como UFO Watchdog diga que
lo de Reed es un cuento más increíble que un discurso electoral.
¿Que alguien hace el fraude del ovni de las Torres Gemelas, o el embuste de los
círculos de las cosechas, o la supuesta autopsia de un muñeco de goma? Maussán
corre, se apodera de lo que puede del cuento y procede a venderlo.
En su sitio Web (www.losovnis.tv), nos damos una idea de los vastos alcances
de
su incuria mental. Allí ofrece hoy nuevas revelaciones de Giorgio Bongiovanni,
ovnis en Marte, el hallazgo de objetos misteriosos en Marte, la afirmación de
que según "los científicos", la misión Viking encontró vida en Marte, el
supuesto estrellamiento de un ovni en Lajas, Puerto Rico; el refrito número
enemil de los "misterios" del "Área 51", la sugerencia de que el presidente
Dwight Eisenhower conoció a dos extraterrestres y se tomo un café con ellos (o
algo así), varios artículos de humanoides alados o de infantería, fotos de
"ovnis" (¡incluido el de Adamski!, más desprestigiado que George Bush), cuentos
de Billy Meier, supuestos ovnis y fenómenos en el volcán Popocatépetl (incluido
el embuste de ciertos "caracteres" que, según se demostró hace años, son una
ilusión producida por una característica geológica del volcán)... y un montón
de etcéteras. En el desaforado imaginario maussanesco, el mundo de los ovnis es
inagotable y todo es real. Lo único sospechoso es la ciencia que se niega a
creerle a alguien tan inteligente, tan guapo, tan licenciado en periodismo y
tan acaudalado como Jaimito.
(En ese sentido se parece al irracional Javier Sierra, que también asegura creer
en absolutamente todo, y es incapaz de dudar incluso de los fraudes más bastos,
con la salvedad de que Javiercito es todólogo de lo esotérico, y no deja piedra
sin levantar en su búsqueda incesante de obtener la admiración de los
ignorantes y el dinero de los ingenuos.)
No hay ningún embuste, cuento, afirmación, aseveración, alegato, proeza,
imbecilidad, "prueba", video, lucecita, foto, montaje, collage, globo
aerostático, nube lenticular o relato mariguano del que Maussán se plantee
siquiera dudar, siempre y cuando tal embuste, cuento, etc., afirme la
existencia de los asombrosos extraterrestres que nos vigilan según su peculiar
teoría. Claro que Maussán no ha realizado absolutamente ninguna investigación
siquiera interesante, ni falta que le hace cuando puede venderle un video
fraudulento a una cadena de televisión por la friolera de 120.000 dólares
(http://sinistrad.homeip.net/blog/posts/302.aspx), cifra que se dice rápido y
que equivale, en México, a unos 113 años de salario mínimo.
Y ahora, finalmente, en un patinazo lamentable, la Secretaría de la Defensa
Nacional del gobierno mexicano ha optado por darle precisamente a este
impresentable sujeto de cara de hormigón los videos filmados por un avión de la
Fuerza Aérea Mexicana. Maussancín no se tardó ni un día en informar que las
lucecitas en cuestión eran naves inteligentes que demostraban la existencia de
los extraterrestres, sin necesidad de investigar nada ni cosa similar. La
historia más o menos completa está en nuestro blog "El retorno de los
charlatanes" (en
http://charlatanes.blogspot.com/2004/05/derecha-cerril-y-platillos-voladores.html
y en http://charlatanes.blogspot.com/2004/05/siguen-los-ovnis.html, más lo que
se vaya agregando) y en los enlaces que allí tenemos a otros sitios
pertinentes.
Hay que decir, en descargo de los ovnílogos menos propensos a las alucinaciones
(descargo leve, pero descargo), que la mayoría de los sitios de creyentes que
aspiran a ser mínimamente serios pertenecen a la escuela de pensamiento que
considera que a Maussán le faltan varios tornillos, que no tiene encendidas
todas las luces en el piso de arriba, que no es la bombilla más brillante del
arbolito navideño, que le faltan varias cartas para tener el mazo completo, que
no completa el kilo de queso o que sus neuronas están de baja indefinida.
Lo cual da materia para que pensemos cómo es posible que en esas circunstancias
haya todavía charlatanazos vendedores de libracos, revistuchas y desquiciados
rollos radiofónicos que sigan alabando a Maussán como "investigador", "experto"
y cualquiera de esos mendaces títulos pomposos que les gusta darse para no
confesar su verdadera identidad como sanguijuelas arrogantes dedicadas a
engañar a gente de buena fe y escasa información.
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