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MUCHO RUIDO Y POCAS NUECES
José Luis Calvo Buey
En este país nuestro es tan extraño que un texto de Historia se coloque en unos puestos elevados en la lista de libros más vendidos, que me acerqué a “Enigmas históricos al descubierto” de César Vidal Manzanares (Editorial Planeta. Barcelona, 2002) con una curiosidad extraordinaria. Un texto del que, además, había oído críticas positivas en RNE y la COPE y leído reseñas elogiosas en La Razón debía tener algo que hiciera recomendable su lectura.
Me acomodé en el sillón, abrí el libro y me dispuse a pasar unas horas en la (casi) siempre agradable tarea de estudiar un poco de historia. Pese a mis buenos propósitos, di la operación por concluida en cinco minutos, los que tardé en acabar el primer capítulo titulado “¿Cuándo nació Jesús de Nazaret?” Ignoro si el resto del libro es menos malo que éste o si sigue la misma tónica. No estoy dispuesto a comprobarlo pero tampoco quiero ser injusto con el autor así que reitero que mi crítica se limita única y exclusivamente a esta parte.
El primer sobresalto me llegó nada más empezar la lectura: “El Evangelio de Mateo 2, 1 ss –un texto que el descubrimiento del papiro Thiede obliga a fechar en torno al año 40, es decir, menos de una década después de la ejecución de Jesús- señala que el nacimiento se produjo cuando aún vivía Herodes el Grande.” Como supongo que muchos de Vds. no tienen la menor idea de a qué se refiere esa afirmación ya que la Papirología (por desgracia) no suele recibir mucha atención en los medios de comunicación, les haré un breve resumen. Lo que el Sr. Vidal llama “el papiro Thiede” son tres fragmentos de papiro que se conservan en el Magdalen College de Oxford y que contienen unas palabras del evangelio de Mateo. Fueron adquiridos cerca de Luxor (Egipto) y donados al citado centro dónde se les catalogó como pertenecientes a finales del S II o S III. No contienen ninguna mención que permita su datación con una precisión como la que pretende el Sr. Vidal ni aparecieron en ningún contexto arqueológico que justifique esa exactitud.
Así las cosas, el Sr. Thiede aseguró que el tipo de letra con que estaba escrito el texto de Mateo por comparación con los Manuscritos del Mar Muerto y otros procedentes de Herculano (cuyas fechas máximas son claras por obvias razones) debía ser datado como del S I. Aunque aceptásemos su consideración sobre el tipo de letra, ni aun así es sostenible la pretensión de que puede datarse por este medio un texto con una precisión ni siquiera de dos, tres o más décadas por una razón obvia, los tipos de letra no cambiaban simultáneamente en todas partes ni un copista acostumbrado a escribir de una forma determinada iba a variarla. Si, por ejemplo, dijésemos que data del año 85 (lo que sigue siendo válido según el Sr. Thiede) se iría al traste la afirmación del Sr. Vidal. Es más, el artículo “Papyrus Magdalen Greek 17 (Gregory-Aland P64). A Reappraisal.” escrito por el propio Sr. Thiede y publicado en la Zeitschrift für Papyrologie und Epigraphik (enero de 1995) concluye de la siguiente forma:
“Se puede sostener que el papiro de Mateo se podría datar a finales del siglo I, algún tiempo después de la destrucción del Templo de Jerusalén (en el 70 d. C.), y no a finales del siglo II” [1]
Todo esto sin, ni siquiera, poner en tela de juicio la afirmación del Sr. Thiede que sí lo ha sido por muchos de sus colegas papirólogos que, por comparación con otros textos con los que presenta mayores coincidencias que los citados por el Sr. Thiede como son varios procedentes de Oxyrrinco (Egipto) mantienen como mucho más probable una fecha de los S II-III. No necesito decirles lo inadecuado que es presentar como un hecho cierto lo que está sujeto a una fuerte discusión académica, máxime cuando se va más allá de lo que defiende el propio autor de la teoría.
A partir de ahí empecé a leer con una mayor suspicacia que, por desgracia, no tardaría en quedar plenamente justificada. “... y, de manera indirecta, nos proporciona una explicación también histórica para el episodio de la denominada estrella de Belén, que aparece recogido asimismo en el Evangelio de Mateo 2, 2.” Se está refiriendo a la explicación de Kepler de una conjunción planetaria en 7 a. de C., pero, en realidad, la llamada estrella de Belén no tiene ninguna explicación histórica y científica. No tiene explicación histórica porque nadie más (ni siquiera los demás evangelistas) mencionan este prodigio. Sólo en uno de los apócrifos se incluye también y la describe como una estrella que oscureció a todas las demás, lo que sólo coincide con la explosión de una supernova, pero no hubo ninguna en las fechas que se manejan como posibles para el nacimiento de Jesús. Por otra parte, ningún fenómeno astronómico conocido responde al comportamiento que Mateo le atribuye. Ni cometas, ni eclipses ni la conjunción planetaria en Piscis (explicación de Kepler) o cualquier otra se detienen encima de un lugar determinado como asegura este evangelio.
Seguimos leyendo: “El Evangelio de Lucas 2, 1 ss señala que la familia de Jesús se vio obligada a desplazarse a Belén obedeciendo una orden de censo relacionada con el romano Quirino. La veracidad de este dato se ha discutido ocasionalmente pero, hoy por hoy, resulta irrefutable y también es indiscutible que se produjo en las fechas señaladas, como dejaron de manifiesto los hallazgos arqueológicos realizados a finales del S XIX por el británico William Ramsay” Pues lo siento mucho, pero no sólo es discutible sino que podemos afirmar que es rotundamente falso que el gobernador Quirino ordenara ningún censo en el año 7 a. de C. y lo es igualmente el que exista ninguna prueba arqueológica de ello.
Vamos con el primer tema. Quirino no era gobernador de Siria en el año 7 a. de C. ni siquiera en ninguna fecha próxima a ella. Los gobernadores de la época fueron Marco Tito, que fue sustituido por Sentio Saturnino en el año 9 a. de C., que fue reemplazado por Quintilo Varo en el año 6 a. de C. y que continuó siéndolo hasta fechas posteriores a la muerte de Herodes el Grande en el 4 a. de C. Las suposiciones de que fue co-gobernador con alguno de los citados o que pudo ser gobernador temporal entre medias de alguno de ellos no tienen el menor apoyo documental y chocan con las costumbres romanas. No hay en esta época ningún ejemplo de un gobierno provincial consular bicéfalo ni de que una persona ostentara en dos ocasiones distintas el gobierno de una misma provincia consular. Quirino sí fue gobernador de Siria pero con posterioridad a estas fechas como luego veremos.
Por otra parte, aunque aceptáramos como mero ejercicio teórico que Quirino, de una forma excepcional, hubiera accedido al gobierno de Siria en torno al 7 a. de C. quedan pendientes otras cuestiones. Judea no estaba, entonces, incluida en la provincia de Siria, por tanto no se explica que, por cuestiones censales, una familia galilea se hubiera tenido que trasladar a Belén que era parte del reino de Herodes y, como tal, no estaba incluida en el censo. Nuevamente tampoco hay la menor prueba de que los censos romanos incluyeran a los reinos independientes aunque fueran amigos y aliados como en este caso. Por otra parte, los censos romanos sólo exigían la presencia del cabeza de familia que declaraba los bienes y los miembros de la familia. Aunque siguiéramos aceptando que, de forma excepcional, en esta ocasión se hubiera tenido que censar una familia galilea en un territorio que no estaba bajo directa administración romana, incluso en ese caso sólo hubiera tenido que comparecer una persona, el padre. Por tanto, no existe razón para que hubiera expuesto a una mujer embarazada y próxima al parto al riego de un viaje nada cómodo.
Por Flavio Josefo sabemos que Quirino fue gobernador de la provincia de Siria y que, en efecto, realizó un censo:
“E inmediatamente fue enviado allá por el Emperador un hombre perteneciente al orden consular, Cirinio [o Quirino], con la misión de proceder al censo de las propiedades existentes en la referida provincia de Siria...” [2]
“Cirinio, perteneciente al orden senatorial, quien había desempeñado las demás magistraturas y que, después de pasar por todas ellas, había llegado incluso a cónsul, y que era importante como pocos por su categoría en los demás aspectos, se presento en Siria, adonde fue enviado por Augusto para administrar justicia entre las gentes y para efectuar el censo de sus propiedades.” [2]
Añade que esto sucedió cuando Arquelao, el sucesor de Herodes el Grande, fue depuesto por Roma y el antiguo reino de Judea anexionado a la provincia de Siria:
“También Cirinio se presentó en Judea, al haber sido agregada ésta a la provincia de Siria, para llevar a cabo el censo de las propiedades judías y para vender los bienes de Arquelao.” [2]
Como también nos informa de que Arquelao reinó diez años, es fácil ver que ese censo sucedió en el año 6 d. de C. noticia que confirma asegurando que aconteció 37 años después de la batalla de Actio (31 a. de C.):
“Cirinio, por su parte, tras haber vendido los bienes de Arquelao y cuando había tocado ya a su fin la elaboración del censo, el cual, ordenado por Augusto, se llevó a cabo treinta y siete años después de la derrota sufrida por Antonio en Actio...” [2]
Aún más, el malestar causado por este censo fue, según Josefo, la causa de la rebelión de Judas de Gamala:
“Y los judíos, aunque al principio no querían en absoluto oír hablar de catastro, fueron cediendo en lo más de su oposición, al convencerlos el Sumo Sacerdote Joazar, hijo de Boeto. Y ellos, haciendo caso de los consejos de Joazar, censaban sus bienes, sin dudarlo lo más mínimo. Pero un hombre, concretamente Judas, perteneciente a la región de Gaulanítide y oriundo de la ciudad de nombre Gamala, con la colaboración del fariseo Saduco los incitó al levantamiento, por un lado diciéndoles que el censo no comportaba ninguna otra cosa más que una evidente esclavitud y, por otro, invitando a la nación judía a defender su libertad...” [2]
Por último señalaremos que aunque Tácito también habla de Quirino, no menciona en ningún momento algo tan extraordinario como un doble gobierno:
“Por el mismo tiempo pidió al Senado que a la muerte de Sulpicio Quirinio, acompañaran exequias públicas. Quirinio no tenía relación alguna con la vieja patricia familia de los Sulpicios, pues había nacido en el municipio de Lanirio, pero, hombre valiente en la guerra y en cometidos difíciles, había conseguido el consulado bajo el divino Augusto, y más tarde las insignias del triunfo tras apoderarse en Cilicia de las fortalezas de los homonadenses. Había sido adscrito como consejero a Gayo César al serle atribuido el gobierno de Armenia, y también se había cuidado de Tiberio cuando éste moraba en Rodas.” [3]
Por tanto, no existe ninguna constancia documental de que existiera un censo ordenado por Quirino en torno al año 7 a. de C.
Es más, esto tampoco resultaría coherente con la cronología del propio evangelio de Lucas. Veamos el porqué. Según Lucas, Juan el Bautista empezó su predicación y sus bautismos en los años 28-29 d. de C., “en el año 15 del reinado del emperador Tiberio” (Lc 3 1). En un momento indeterminado de su prédica, Jesús se bautiza durante una ceremonia pública (Lc. 3, 21) cuando tenía unos treinta años (Lc 3, 23). Incluso en el supuesto de que Jesús se hubiera bautizado nada más comenzar sus actividades públicas el Bautista, si hubiera nacido con motivo del supuesto censo de Quirino en el año 7 a. de C. no hubiera tenido unos treinta años sino bastantes más, 35 o 36 por lo menos. En realidad, Lucas no está demasiado seguro de la cronología como lo demuestra en 3 1-2 cuando dice que era gobernador de Judea Poncio Pilato (en realidad era prefecto) y Sumos Sacerdotes Anás y Caifás cuando, en realidad, bajo Poncio Pilato sólo hubo un Sumo Sacerdote, Josefo, apodado Caifás, que había sido nombrado por su antecesor, el prefecto Valerio Grato y fue depuesto por Vitelio, gobernador de Siria, después de que Pilato hubiera regresado a Roma al haber sido también él depuesto.
¿A qué viene la afirmación de los hallazgos arqueológicos de Ramsay? Pues eso mismo me gustaría saber. Supongo que se refiere a la lápida sepulcral que se encontró en Tívoli en 1764. Su contenido, [4] aunque con frecuencia se asegure que hace referencia a que Quirino fue gobernador de Siria dos veces, ni menciona a nadie por su nombre ni dice que nadie fuera dos veces gobernador (esta palabra ni siquiera aparece en la parte conservada) de Siria. Dado que la persona a la que se refiere la inscripción figura que fue procónsul en la provincia de Asia (cargo que no sabemos que desempeñara nunca Quirino) y que obtuvo por dos veces la celebración de la victoria (algo que tampoco hay ninguna prueba de que se refiera a Quirino porque Tácito sólo menciona una) está sujeta a discusión la identificación con éste. Aunque así fuera, no dice que el titular ocupara dos veces el puesto de gobernador de Siria. El texto conservado termina:
PRO CONSVL ASIAM PROVINCIAM OPTI
DIVI AUGUSTI ITERUM SYRIA ET PHO
Con lo que el “iterum” puede entenderse como que obtuvo del divino Augusto una vez el proconsulado de Asia y una segunda el cargo que fuera en Siria y Fenicia. En esta misma inscripción cuando hace referencia a que recibió dos veces los honores de la victoria emplea el término “binas”. Si la razón para pretender que Quirino ordenó un censo en el año 7 a. de C. es una inscripción en la que no se habla de ningún censo, no se da ninguna fecha y que ni siquiera es seguro que hable de Quirino (y mi opinión es que no, porque sería realmente extraño que Tácito hubiera reducido a una las celebraciones de victoria si Quirino hubiera recibido dos) vamos aviados.
También puede referirse a la lápida de Quinto Emilio, que sí hace mención a un censo, el que el difunto condujo en la ciudad de Apamene pero como no figura ninguna fecha, no hay la menor razón para sostener que se trata de un censo distinto al del año 6 d. de C.
La tercera evidencia arqueológica a la que se refieren los que defienden que existió un censo en 7 a. de C. son las piedras de Antioquía en las que se menciona a Publio Sulpicio Quirino. Pueden datarse entre los años 6 y 1 a. de C. pero no es seguro por que en ellas no aparece ninguna fecha determinada, pero lo más sorprendente es que sí figura en ambas el cargo que ocupaba Quirino, el de duumviro, es decir, un puesto municipal. Esto ni supone que Quirino fuera dos veces gobernador de Siria ni mucho menos que realizara un censo en el año 7 a. de C. Es más, si en estas fechas estaba en una población muy alejada de los centros de poder (esta Antioquía no es la famosa Antioquía sino una ciudad situada junto a los montes Tauro en los que habitaban los homonadenses a los que se refiere Tácito) podemos asegurar que no lo era.
Vemos como, contrariamente a la pretensión del autor, la cuestión del censo realizado por el gobernador Quirino en 7 a. de C. está cerrada pero en el sentido opuesto al que mantiene. Tendrían que haberse dado un cúmulo de circunstancias tan extraordinarias para que ello fuera así (segundo mandato como gobernador, censo que obliga a trasladarse a la población de origen algo muy infrecuente, empadronamiento que se desarrolla en una zona ajena al gobierno romano y, todo ello, sin que creara ninguna reacción en el territorio que, pocos años después, vería una sublevación por este mismo motivo) que tendrían que existir pruebas muy sólidas para mantenerlo, pero las que se aducen, como hemos visto, no sólo no lo son sino que siquiera demuestran nada favorable a esta interpretación. Ni hay pruebas de que existiera dicho censo en Judea ni de que Quirino fuera gobernador de Siria en esa época. Las razones para mantener esa afirmación serán de otro tipo (como la creencia de que los evangelios están inspirados por el Espíritu Santo y, por tanto, son inerrantes incluso en sus aspectos históricos), pero desde luego no son históricas.
Sigamos con el texto: “Curiosamente, una de las profecías contenidas en el libro del Génesis, el primer libro de la Biblia, en el versículo décimo del capítulo 49, señalaba precisamente que la llegada del Mesías (el Silo) tendría lugar justo en el momento en el que sobre Israel reinara un personaje que no perteneciera al pueblo judío. Esa circunstancia históricamente sólo se dio con Herodes el Grande, precisamente el monarca bajo cuyo reinado nació Jesús.” Pues no. Israel fue conquistado en repetidas ocasiones y, por tanto, había tenido numerosos reyes extranjeros antes de Herodes, entre ellos Antioco IV.
Incluso hay razones para la discrepancia en la reseña bibliográfica: “El estudio histórico de la figura de Jesús constituye una de las causas peor servidas por los historiadores, prácticamente desde la Ilustración.” No, sencillamente es harto complicado el estudio de una figura histórica cuando no hay fuentes independientes y contemporáneas para su conocimiento. Para el Jesús histórico existen los evangelios (los canónicos y los apócrifos, pero algunos de ellos son muy posteriores, evidentemente no son imparciales y prestan mucha mayor atención a los aspectos doctrinales que a los históricos aunque ello no quiera decir que sean históricamente inútiles como se ha llegado a asegurar de forma abusiva), una breve mención en Tácito y otra en Josefo (del que ni siquiera sabemos si el llamado Testimonio Flaviano existía y se corrompió para darle un sentido distinto al que tenía o si fue pura invención de un copista cristiano. En cualquier caso es inútil como fuente histórica porque no hay una reconstrucción del original, si es que lo hubo, fiable) y, tal vez, haya una más en Suetonio que ni siquiera es seguro que se refiera a Jesús. Las demás referencias, escritores cristianos y polemistas anticristianos, Talmud... son aún más problemáticas porque, por ejemplo, la intención de denigrar a Jesús en Celso y en pasajes del Talmud es evidente, lo que encuentra su contrapartida en la intención de realizar un panegírico de la vida de Jesús en sus adversarios cristianos. No es, por tanto, una cuestión mal servida, es que es en extremo dificultosa y no sólo desde la Ilustración sino desde un principio, ya que para los cristianos durante generaciones el Jesús histórico fue la pura y simple aceptación de los evangelios, sin realizar sobre ellos ni el menos asomo de crítica histórica. Afortunadamente cada vez existe un mayor conocimiento del mundo y la época de Jesús que ayudan a situarle en un contexto más claro.
“Mientras que a un lado se alinean los que pretenden modelar a Jesús partiendo de su configuración confesional –tarea bien complicada si se tiene en cuenta que fue un judío que nunca renunció a serlo- enfrente se agrupa un heteróclito colectivo de sacerdotes que perdieron la fe, católicos que dejaron de serlo y propugnadores del materialismo histórico cuya relación con la crítica histórica seria es meramente casual –si es que existe- y cuyo conocimiento de las fuentes resulta cuando menos deplorable.” No puedo estar más de acuerdo con la primera parte de la cita, Jesús fue un judío Galileo que nunca renunció a serlo y si no se parte de esa base no se entenderá nada de su figura histórica. Precisamente por eso no comprendo su afirmación anterior de que la figura del Jesús histórico ha sido mal servida desde la Ilustración cuando, con anterioridad, lo que primaba era la “configuración confesional” absolutamente errónea. Evidentemente este acuerdo no se puede extender a la segunda parte de la afirmación. Si hablamos de la figura del Jesús histórico (no de la figura religiosa) el que el historiador que se ocupe de ella sea creyente, un antiguo sacerdote, tenga fe o no la tenga es irrelevante. Lo relevante es que lo escrito respete o no el método histórico, que haya recopilado las diversas fuentes, que las haya sometido a crítica interna y externa... La frase tal y como está redactada me parece un argumento ad hominem absolutamente inaceptable. Por ejemplo, John Dominic Crossan es un ex sacerdote ¿quiere eso decir que su conocimiento de las fuentes sea deplorable? ¿Qué su trabajo sea prescindible por ello? No. Su trabajo es criticable por muchas causas (entre otras por la selección de las fuentes que no es lo mismo que su desconocimiento) pero lo que es pertinente desde un punto de vista de construcción histórica es la evaluación de sus afirmaciones y la discusión sobre ellas, no el rechazo en bloque basándose en una circunstancia personal.
Aparte de todo ello, el criterio bibliográfico es más que discutible. Dejemos aparte el que incluya tres obras suyas sobre un total de siete, me parece mucho más grave que las otras cuatro sean: “La vida y los tiempos de Jesús el Mesías” de Alfred Edersheim, un escritor que falleció en 1889 y cuya obra, por tanto, tiene que ser complementada con estudios más recientes que incluyan tanto los estudios sobre los Manuscritos del Mar Muerto como los hallazgos arqueológicos que Edersheim no pudo llegar a conocer, “Messianic prophecy” de Charles August Briggs que fue publicada en 1887, una obra tan controvertida como “Redating the New Testament” de J. A. T. Robinson sin dar ninguna referencia a los numerosos autores que la han contestado, y “La Biblia tenía razón” de W. Keller, un texto que además de ser antiguo se ha demostrado erróneo en varias de sus afirmaciones. Aparte de los textos suyos y del de Robinson, parece como si en los últimos 40 años no se hubiera escrito nada digno de mención sobre el tema del Jesús histórico cuando todos los especialistas, sea cuál sea su visión sobre el tema, si hay algo en lo que están de acuerdo es, precisamente, en los avances conseguidos durante este años en su conocimiento.
En resumen, un texto perfectamente prescindible del que no me explico las razones para que haya merecido críticas positivas.
NOTAS:
[1] Citado en ¿La verdad del evangelio? Nueva luz sobre Jesús y los evangelios. Graham Stanton Traducción de Ramón Alfonso Díez. Editorial Verbo Divino. Navarra, 1999.
[2] Antigüedades Judías. Flavio Josefo. Traducción de José Vara Donado. Ediciones Akal S. A. Madrid, 1997.
[3] Anales. Cornelio Tácito. Traducción de José L. Moralejo revisada por Lisardo Rubio Fernández. Editorial Gredos S. A. Biblioteca Clásica. Madrid, 1991.
[4] Véase The Date of the Nativity in Luke. Richard Carrier. 2001. Artículo on-line disponible es http://www.infidels.org/library/modern/richard_carrier/quirinius.html
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