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MANUEL ELKIN PATARROYO, A CORAZÓN ABIERTO. PREOCUPADO, QUE NO VENCIDO
Silvia Churruca
URL: http://www.diariomedico.com/

Patarroyo está decidido a salvar su trabajo, aunque para ello tenga que dejar su amada Colombia

En los últimos meses ha visto cómo su centro de investigación era embargado, su trabajo de casi 30 años está en dique seco y su equipo corre el peligro de dispersarse. Sin embargo, Manuel Elkin Patarroyo sigue firme en su vocación de benefactor de la Humanidad. Se ha impuesto una misión: crear vacunas que salven la vida de millones de personas que han tenido la mala suerte de nacer pobres. Puede que acabe dejando su Colombia natal, pero se compromete a no dejar su lucha.

Pregunta.- A los 8 años ya sabía que quería investigar vacunas.
Respuesta.- Somos 11 hermanos y 5 somos médicos, una enfermera y otra psicóloga. Nuestros padres eran comerciantes, pero siempre han admirado la vocación de servicio y nos la inculcaron. Y tanto es así que ninguno de nosotros está en la práctica privada. Yo, quizás por ser el mayor, era el más díscolo, así que decidieron darme para leer una serie de tebeos infantiles entre los que estaba la vida de Pasteur. También había una colección sobre mitos griegos. De ahí vienen mis dos tendencias: la Medicina y la Filosofía. El primer tebeo que recibí fue el de Pasteur, al que denominaban benefactor de la Humanidad. Me pareció espectacular.
P.- Así que usted quiso convertirse en benefactor de la Humanidad.
R.- Desde pequeñito, y nunca cambié. Hay niños que quieren ser pilotos de carreras, otros presidentes... no veo excepcional que yo quisiera ser científico.
P.- Por su culpa, en las encuestas la mayoría de los niños colombianos dicen que de mayor quieren ser científicos.
R.- Es una culpa de la que me enorgullezco, y es cierto. En lugar de querer ser Maradona, prefieren ser Patarroyo. Hace tiempo algunos de ellos querían ser narcotraficantes; ya no.
P.- Eso que es más lucrativo ser narcotraficante...
R.- Se sufre menos, pero es más gratificante ser Patarroyo que narco.
P.- Se formó en Estados Unidos...
R.- En realidad, ya hice la carrera a caballo entre Bogotá y Nueva York, y muchas materias que debía haber visto ni siquiera las estudié.
P.- ¿Por qué?
R.- Porque mis profesores entendieron que lo que a mí me gustaba era la investigación científica.
P.- Sorprende que diga que no fue un alumno brillante.
R.- No fui bueno, aunque tampoco malo; digamos que fui mediocre.
P.- ¿Cómo es posible?
R.- Por una razón muy sencilla: porque andaba haciendo investigación desde el primer año. No me aburría, pero había cosas que me interesaban más.
P.- Así que ha sido autodidacta.
R.- Así debe ser en el proceso creativo. Si usted quiere buscar un camino nuevo, en esencia debe hacerlo solo. El que crea debe establecer su propio camino y luego vendrán otros a seguirlo.
P.- ¿No le tentó quedarse en Nueva York a triunfar y ganar dinero?
R.- Nunca. Sólo en las últimas semanas me lo estoy planteando. En mis 30 años de carrera no me lo he cuestionado y si ahora lo hago es más que nada por la situación política de Colombia. Tengo que considerar que unas ideas que considero correctas y útiles para la Humanidad podrían morir porque la situación es tan crítica... No sólo política, económica y socialmente, sino también en cuanto a seguridad. La muerte de cualquiera de mis colaboradores, de mis hijos o la mía misma pondría en peligro el completo desarrollo de esas ideas. En los últimos tiempos hemos obtenido unos resultados espectaculares para redondear una metodología razonable y lógica para obtener vacunas. Es tan frágil el punto de no retorno que uno piensa que cualquier incidente podría provocar miles de muertes de personas que no se beneficiaran de la vacuna.
P.- ¿Me está diciendo que lo que no ha conseguido el poder económico lo va a conseguir la violencia: sacarle de Colombia?
R.- Lo afirmo.
P.- Pero usted ya estuvo retenido en una ocasión por la guerrilla.
R.- Nunca ninguno de los actores del conflicto político que vive mi país han tenido una posición contra mí. Pero ya no hablamos de grupos armados organizados políticamente, sino de vandalismo, de bandidos, pícaros sin ideología. Y esos sí tienen actitudes negativas hacia nosotros. Desde hace pocos meses ya hemos experimentado la inseguridad.
P.- ¿Les han amenazado?
R.- Yo en concreto he recibido amenazas. Y no lo he movido mucho para no dañar la imagen de mi país.
P.- Me decía su compatriota Rodolfo Llinás que su alma liberal estaba escandalizada de lo que le decía su cerebro: que Colombia necesita un Fujimori.
R.- Desgraciadamente es cierto. Esta situación requiere un gobierno muy fuerte y ya es secundario si es de izquierdas o derechas, civil o militar... mientras ponga orden al desmadre social que está teniendo lugar.
P.- Volviendo a su vida. ¿Cuándo comenzó a materializar sus ideas?
R.- Desde el primer año de carrera empecé a trabajar en virus con uno de mis mentores en la Fundación Rockefeller. El me envió a Yale, de ahí a la Universidad Rockefeller y siempre con el mismo objetivo, porque nunca lo he cambiado. Ni siquiera me desvié hacia la fisiología del sistema inmune. A mí me interesaba la química y la inmunología.
P.- ¿Y cuándo consiguió tener su propio centro?
R.- Para mí es triste hablar de eso, porque lo he perdido todo. Veintisiete años de mi vida se han ido por la tubería.
P.- Pero, ¿lo da definitivamente por perdido?
R.- Claro; no voy a poder recuperar nada. Se perdieron esos dineros -algunos de mi bolsillo- con los que construimos el centro.
P.- ¿Por qué dice que no es recuperable?
R.- Porque cometí el error de poner todo el dinero en la fundación sin hacer una separación jurídica.
P.- ¿Ha cometido muchos errores por ingenuidad?
R.- La mayoría. Realmente nunca doy segundas vueltas; para mí es más cómodo pensar que todo el mundo es correcto y no ando prevenido. Al no andar prevenido, la gente puede aprovecharse. A veces me equivoco porque puede haber gente de mala fe, pero prefiero andar libre que tener siempre prevención.
P.- Uno de sus pecados de ingenuidad fue aplicar la vacuna de la malaria al margen de las reglas del poder científico establecido.
R.- Cuando me decían que yo no había seguido el libreto yo preguntaba:¿Qué libreto? Si a mí, como creador que era, me correspondió escribir el libreto, ¿cómo me van a pedir cuentas por un libreto inexistente?
Nosotros lo hemos creado y con unos estándares tan altos que ahora ellos tienen problemas para alcanzarlos.
P.- ¿Quiénes son ellos?
R.- Los otros grupos que están intentando desarrollar vacunas. En los últimos 20 años se han ensayado 97 vacunas diferentes para la malaria distintas de la nuestra, entre ellas una del ejército norteamericano.
P.- ¿Cuántas veces han intentado comprarle en estos años?
R.- Ya no, porque ya saben. En el pasado por lo menos tres veces.
P.- ¿Y alguna le ha tentado realmente?
R.- Nunca, porque la tentación existe cuando tú no tienes los principios claramente definidos. Así que yo he recibido ofertas, pero no he tenido tentaciones.
P.- ¿Qué es usted: un iluminado, un camicace o un científico realista?
R.- Soy realista. Mire lo que ha ocurrido con Sudáfrica. ¿Por qué se montó tanto lío si debería ser lo normal? Si se ha hecho un descubrimiento y la gente no tiene recursos, hay que poner el hallazgo a un nivel asequible a esa población. Ahora, si tienes dinero y lo puedes pagar, pues págalo. Y si quieres un Givenchi -que es un capricho-, págalo, pero lo que es fundamental para vivir no debería tener coste.
P.- Cuando donó a la OMS los derechos de la vacuna de la malaria, ¿pensó que podía ponerse en contra a la gran industria farmacéutica?
R.- Lo hice consciente y convencido de que estaba haciendo algo correcto. No me interesa echar pulsos con nadie. Yo hago las cosas por convicción. Si a alguien le supone un conflicto, es un conflicto suyo.
P.- Pero su actuación, ¿le ha granjeado enemigos?
R.- Yo no tengo paranoias. La gente percibe que tiene enemigos cuando tiene delirios persecutorios...
P.- ...o cuando realmente tiene enemigos.
R.- O cuando los enemigos están ahí; pero yo no me lo planteo y sigo para delante con mi ciencia. Y no me preocupo de los demás.
P.- Su familia está unida en torno a su proyecto científico.
R.- Mi hermana Gloria lleva la parte económica. Hugo maneja las relaciones públicas. Marta y Esperanza, que son médicos, trabajan conmigo. También mis hijos y mi mujer colaboran.
P.- Tal es su compromiso que probaron la vacuna.
R.- Yo fui el número 6 en probarla, mi mujer el 7 y mis hijos completaron hasta el 10. No pudimos ser los primeros -fueron cinco soldados- porque no se permite la autoexperimentación para que el hallazgo sea legítimo.
P.- ¿Existe un pacto familiar?
R.- No, es convicción. No se pacta sobre lo que se está convencido.
P.- Sus hijos también han seguido sus pasos...
R.- El mayor ya tiene varias publicaciones.
P.- ¿Cómo le llaman a usted en familia?
R.- Elkin, porque tengo otro hermano que también se llama Manuel. Pero, volviendo a mi hijo, me preocupa mucho la situación del país respecto a él, dado su deterioro.
P.- ¿Dónde puede estar su próximo destino -de usted y su familia-: en España?
R.- No lo sé. Nunca me lo había planteado. Nunca jamás me hubiera imaginado que llegara este día.
P.- ¿Está desanimado?
R.- No, ¡qué demonio! Independientemente de que haya perdido todo, mantengo siempre el espíritu bien alto, porque los resultados obtenidos lo justifican de lejos.
P.- Ha obtenido la nacionalidad española.
R.- A mucha honra y por Real Decreto.
P.- Tan real como las audiencias que mantiene con doña Sofía cuando viene a España.
R.- Es una persona tan culta y le interesa tanto saber lo que hacemos que yo tengo que acudir con un cartapacio cada vez que me llama.
P.- ¿Le examina?
R.- Casi. Me recuerda qué le conté en la anterior visita y me pregunta en qué hemos avanzado. Está interesada al máximo.
P.- Un año le presentan como benefactor de la Humanidad y al siguiente como un científico que ha fracasado con sus vacunas. ¿Cómo lleva esos altibajos de popularidad mediática?
R.- Normal, porque no vivo en función de la popularidad, sino de los resultados. Es más, en los últimos años he sido yo el que se ha retirado de la escena pública, porque estoy encerrado trabajando.
P.- ¿Cómo consigue retener a su equipo?
R.- Algunos colaboradores ya se han ido.
P.- ¿A ellos los considera traidores a su causa?
R.- Nunca. Considero que están buscando su propio horizonte. Lo que sí veo es una cierta torpeza en no darse cuenta de que el horizonte está con nosotros. Algunos han cambiado sus sueños por la facilidades que les brindan los países desarrollados.
Una colaboradora se fue a Nueva York y hubo un intento para que volviera, pero me dijo que no podía porque su hija tenía talento para el ballet y en Colombia no hay escuela. ¿Cómo respondes a eso? ¿Le dices que se quede y le montas una escuela de ballet?
P.- Entonces, repito la pregunta. ¿Cómo retiene a los que se quedan?
R.- Es convicción. Casi todos tienen ofertas, y en la hipótesis de que algo sucediera inmediatamente nos iríamos todos. Y cuando digo todos es todos: somos un cuerpo.
P.- ¿A qué se dedican ahora?
R.- A nada. Para un grupo que trabaja 24 horas al día es muy neurotizante. La manera en la que mantengo la coherencia y cohesión del grupo es organizar seminarios que duran toda la mañana y por la tarde les pido que se dediquen e escribir publicaciones científicas que se nos habían quedado en el tintero. Es un consejo que me dio uno de mis maestros: "Cuando no tengas nada que hacer, lee y escribe".
P.- ¿Es lo que usted hace cuando no trabaja?
R.- Yo siempre estoy haciendo ciencia. Pero también soy un lector compulsivo. También me fascina el arte: soy un coleccionista de arte brutal.
P.- ¿Qué colecciona?
R.- Pintura, sobre todo al óleo. Tengo una de las mejores colecciones de arte privada de Colombia.
P.- Pues no debe estar tan mal pagada la investigación...
R.- No. Es que como los pintores son amigos míos, los asalto. Voy allá y les digo: "Me gusta ése". Y no se atreven a decirme que no.
P.-¿Le ha venido bien ese desparpajo para su carrera?
R.- Creo que es una ventaja. Habrá quien por razones de su inseguridad personal piensen lo que hace poco leí en un periódico: "Pensé que Patarroyo era un fantoche, pero después de verlo luchar creo que es la manera apropiada de actuar".
P.- Lo dirán porque usted no cultiva la imagen de científico circunspecto.
R.-¿Hay alguna razón para hacerlo? Ese es un estereotipo que no existe sino en las películas.
P.- Y que algunos científicos fomentan para parecer más serios.
R.- Eso es una confusión total entre seriedad y solemnidad. Serio es asumir las posiciones que nosotros estamos asumiendo. Solemne es posar.
P.- Usted insiste en que busca un método lógico y racional de investigación. Pero usted investiga formas de vida y la vida se salta toda lógica.
R.- No crea. Quizá no sea lógica en la forma en la que la estamos tratando de entender hasta ahora. Todos los errores que cometí en mi investigación, si los analizo ahora, me doy cuenta de que era lógico no haberlos cometido. Me explico. Si uno piensa cómo se escapan los microbios, lo lógico es contestar que haciéndose invisibles. Lo primero que debía haberme cuestionado es por qué se escapan; pero nadie se había hecho la pregunta hasta ahora. O por qué vuelven y reinfectan. Es de ahí de donde debía haber partido.
P.- Tanta lógica... usted lo que propone es una mezcla de método científico y filosófico.
R.- Me fascina la Filosofía y ya que no pude estudiarla, al menos tengo un hijo filósofo.
P.- ¿Habría que incorporar un filósofo en los equipos investigadores?
R.- Claro. Yo, de hecho, hice dos años de Filosofía al principio de mi carrera. No terminé porque nunca me ha interesado tener títulos de nada. No me importan, de verdad.
P.- Pues premios y galardones sí que tiene...
R.- Es como si me estuvieran castigando por lo displicente que he sido siempre con este asunto. Pero estoy encantado de tantos honores: ya tengo 27 y ahora se descuelgan algunos más.
P.- ¿Le interesa el Nobel?
R.- No. No percibo los honores; nunca he sabido ni quién me presenta.
P.- ¿Es rencoroso?
R.- No. Además, tengo pésima memoria para lo negativo. Luego me encuentro preguntándome: "¿Por qué demonios será que yo estaba disgustado con éste?" Y me acuerdo después de haberle vuelto a hablar.
P.- Pero estará deseando triunfar con sus vacunas y restregárselo a sus detractores.
R.- Para nada, se lo aseguro. No me interesa reivindicarme ante nadie de nada. Que la gente piense lo que le dé la gana. Mientras yo consiga resolver los problemas, me da igual.
P.- Los investigadores suelen contestarme que trabajan por el afán de saber, sin pensar en los enfermos.
R.- A mí me interesa la solución de un problema para utilizarla en bien de la gente. No busco resolver problemas teóricos. Tuve la fortuna de tener un padre filósofo y una madre muy práctica. Mientras el uno planteaba el problema, la otra lo resolvía. Yo heredé ambas facetas.
P.- La vida familiar debía ser muy entretenida.
R.- Bastante. Éramos 11 hermanos con una diferencia del mayor -que soy yo- a la menor de 22 años, y nos sentábamos todos juntos a la mesa.
Cuando los pequeños balbuceaban los mayores les mandábamos callar, y nuestros padres decían que tenían el mismo derecho que nosotros. Así nos acostumbramos a respetarnos, escucharnos e interactuar. Para sobresalir hacía falta la agilidad mental.
P.- Decía usted que si no hubiera donado la vacuna no habría podido dormir tranquilo...
R.- Independientemente de que ahora esté quebrado, todo lo que haga lo donaré de nuevo. Es una actitud y una opción de vida: no me interesa ser adinerado.
P.- Pero los malos no tienen problemas para dormir, porque no tienen conciencia. El problema lo tiene el que piensa qué no ha hecho o que más podría hacer.
R.- Efectivamente. Pero yo no tengo angustias, ni preocupaciones existenciales. Lo que tengo son problemas, como es obvio, porque no tengo con qué pagar a mi equipo. Ni siquiera me cuestioné mi existencia, porque siempre supe lo que quería hacer.
P.- Pero, ¿su trayectoria está planificada?
R.- Planifico mucho, pero mi trayectoria es consecuente con mi herencia genética, mi forma de ser.
P.- Me consta que está harto de que le pidan plazos para las vacunas.
R.- En esencia el mundo es cortoplacista y es legítimo, porque están a la espera de una vacuna contra el cáncer y temiendo padecer o morir por la enfermedad, y piensan que los científicos no hacen nada a pesar de todo el dinero que se invierte en ellos.
P.- ¿Siente esa presión de los plazos?
R.- Es humano. A mí lo que me preocupa es que hago cuentas y ahora ya llevo meses de demora y eso supone que quizá un millón de personas hayan muerto porque yo no he conseguido resultados en el tiempo previsto. Eso me angustia, como pensar que en mi tiempo de vida no alcance a resolver el problema.
P.- No es tan mayor...
R.- Sí si hace mis cálculos. Tengo 54 años y hay que vacunar a 2.500 millones de personas. Si saco ya la vacuna y se vacunan 100 millones de personas al año -que es mucho-, se me van 25 años.
P.- Se carga el problema a sus espaldas como si fuera el único responsable.
R.- Es lo que he querido hacer. Llevo desde los 8 años en ésas y me preocupa que a los 80 no lo voy a tener resuelto.
P.- Pues ya puede cuidarse. ¿Cómo piensa salir de la actual situación?
R.- Quiero hablar con el presidente de Colombia.
P.- ¿Le pedirá que se comprometa en la continuidad del centro?
R.- En su día él quiso hacerlo y yo no lo dejé, de lo que me estoy arrepintiendo.
P.- ¿Por qué no le dejó?
R.- Me parece injusto que debido a los desaciertos de entidades privadas se cobre más al país, a la gente, para solucionar el problema.
P.- Entonces, ¿qué le queda por hacer?
R.- Lo que haga falta. Si es necesario haré presión y un ruido enorme y universal. Porque no es justo. Nosotros estamos casi con las soluciones en la mano.

A pie de obra.

Es difícil evaluar la aportación científica de Manuel Elkin Patarroyo sin ser un experto. Su mención suscita la polémica: ¿benefactor de la Humanidad o famoso a costa de vacunas poco fiables? Pero si la controversia le acompaña, él no pierde un minuto en ella. Lo cierto es que cuesta mantener vivo el escepticismo cuando se le escucha defender su trabajo con rigor y pasión a dosis iguales. Al fin y al cabo, a todos nos gusta pensar que quedan héroes, aunque en lugar de capa y espada estén a pie de obra en un laboratorio perdido en la selva amazónica. Es imposible no simpatizar con su visión filantrópica de la ciencia al servicio de la Humanidad. Tan difícil como no sucumbir a su simpatía y naturalidad. Los que han coincidido con él profesional o personalmente son unánimes: Elkin es un tipo fantástico. Tiene carisma y es consciente de ello, así que lo cultiva y despliega en favor de su causa. Cuida con el mismo mimo sus intervenciones ante grandes auditorios como las charlas tú a tú. Todo sonrisa y buenas maneras, Elkin se ha metido en el bolsillo a medio mundo, aunque a otro medio le moleste.

 
   

 
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