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Paleontología
 


RESTOS FÓSILES HALLADOS EN CUENCA DESVELAN LOS HÁBITOS ALIMENTICIOS DE LOS DINOSAURIOS
Carlos Elías
URL: El Mundo http://www.el-mundo.es/

También pueden explicar su morfología

Había sido una buena jornada de caza entre los gigantescos helechos y coníferas de la selva tropical que floreció en la Península Ibérica durante el cretácico. El dinosaurio, de al menos tres metros de longitud, había devorado varios ejemplares de aves jóvenes de cuatro especies distintas. Una comida variada pero... indigesta.

Su estómago había asimilado la sangre y la carne pero no podía con las plumas, las garras y los huesos. El saurio se detuvo, se convulsionó y regurgitó un amasijo viscoso mezcla de todos esos desechos con sus jugos gástricos. El vómito de esa papilla maloliente cayó al suelo y se extendió por una superficie de al menos 23 centímetros cuadrados.
Ciento veinte millones de años después un grupo de científicos españoles de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y del Museo Nacional de Ciencias Naturales han sido capaces de descubrir e identificar, en el yacimiento paleontológico de Las Hoyas (Cuenca), los desechos, ahora fosilizados, de aquella indigesta comida. Es la primera vez que se obtiene un fósil tan antiguo que identifique los hábitos alimenticios de los dinosaurios.

Los huesos fósiles pueden explicar muchos aspectos de la morfología de esos enormes animales prehistóricos como su tamaño o su peso, pero no sus hábitos alimenticios o de comportamiento que, de momento, son simples especulaciones.

¿Los dinosaurios regurgitaban la comida como hacen en la actualidad los cocodrilos o muchas aves rapaces como el águila o el búho? Nadie lo sabía hasta ahora. El fósil que se encontró es una roca en la que se observan unidos numerosos huesos, plumas y garras de cuatro especies de aves diferentes que habitaron en la época cretácica, hace unos 120 millones de años. «¿Qué raro: los huesos de cuatro aves diferentes tan juntos?», se preguntaron los científicos mientras estudiaban el fósil. Puede que el azar los hubiera juntado.

Pero era demasiada casualidad. También podía argumentarse que, posiblemente, esas cuatro aves distintas perecieron juntas mientras estaban en un nido porque eran parásitos que utilizaban a otra ave para incubar sus huevos, como hace el cuco. Pero un comportamiento tan complejo hace tantos millones de años no era plausible científicamente. «La hipótesis más probable pasaba por que un depredador las hubiera juntado en su estómago tras cazarlas y que luego las hubiera regurgitado», ha señalado a EL MUNDO el catedrático de Paleontología de la UAM e investigador principal, José Luis Sanz. El único sospechoso: el dinosaurio.
«Aunque aún no podemos determinar de qué especie concreta se trata», matiza el paleontólogo. Pero un dinosaurio de hace 120 millones de años regurgitando aves también era difícil de «digerir» para la comunidad científica internacional. En primer lugar, porque sería una demostración clara de que las aves rapaces actuales provienen de los dinosaurios y que habrían heredado de ellos esa capacidad de regurgitar los desechos de los alimentos que son separados en la molleja.
Y en segundo lugar, porque implicaría admitir que las aves también eran devoradas en aquella época, lo cual apoyaría la hipótesis, que cuenta con detractores, de que los animales comenzaron a volar para escapar de la presión a la que eran sometidos por los depredadores.
«Por eso era tan importante demostrar que el fósil se trataba de restos regurgitados», aclara Sanz. Y a los científicos españoles se les ocurrió la prueba definitiva: demostraron mediante un microscopio electrónico que los huesos fósiles encontrados hace 120 millones de años presentaban exactamente las mismas agresiones debidas a los jugos gástricos que las que ahora se pueden detectar en los desechos vomitados por las aves rapaces. Ya no había duda. Y los resultados se publican en la revista 'Nature'.

«El yacimiento de Las Hoyas es uno de los más importantes en el mundo en este periodo y quizá pronto encontremos hallazgos similares. Pero de momento, ésta es la única prueba clara de que las aves proceden de los dinosaurios», explicó Sanz. Gracias a que el dinosaurio conquense vomitó en un sitio que luego se sedimentó y fosilizó, millones de años después los científicos pueden intentar esclarecer cómo vivían sus congéneres. Al menos, parece confirmarse la teoría de que hasta el acto más nimio puede tener la mayor trascendencia en el futuro.

 
   

 
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