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ASTROGLÍFICA: INVENTANDO EL PASADO
César Esteban e Inés Rodríguez Hidalgo
URL:
http://www.arp-sapc.org/docs/Astroglifica.pdf
ASTROGLÍFICA: INVENTANDO EL PASADO
Por: César Esteban e Inés Rodríguez Hidalgo
Astronomía, pirámides y especulaciones.
La astronomía y la arqueología son quizá las ciencias que más hacen volar nuestra imaginación al enfrentarnos a lo desconocido que habita en lugares lejanos del espacio y del tiempo. Los misterios del origen del Universo y el pasado del hombre alimentan un sinfín de especulaciones que desembocan -en muchas ocasiones- en la más simple y vacía pseudociencia.
Las Pirámides de Güímar han vuelto a ser escenario de un ciclo de charlas organizado por medios pseudocientíficos que ilustran lo lejos a que se puede llegar especulando fuera de los límites de la ciencia. Reuniendo nombres de relumbrón, profesionales del misterio, vendedores de best-sellers y científicos que se aventuran a proponer ideas con pies de barro, nos muestran una vez más por donde nunca podrá avanzar el camino del conocimiento.
El pasado mes de Junio se celebraron las jornadas “Solsticio 2001” en el Parque Etnográfico de las Pirámides de Güímar organizadas por el programa radiofónico “Esencia de Medianoche” y la conocida revista nacional “Más Allá”. Este año contaron con la participación del ingeniero Robert Bauval y el astrónomo Chandra Wickramasinghe que presentaron una serie de hipótesis más o menos atrayentes acerca de las pirámides egipcias de Giza y de su tan traída y llevada relación astronómica. Robert Bauval comenzó hace veinte años proponiendo una hipótesis relativamente razonable cuya idea principal es que los egipcios construyeron las tres pirámides principales (de Keops, Kefrén y Micerinos) como fiel reflejo de la disposición de las estrellas del Cinturón de Orión. Esta idea no encontró el eco que él deseaba entre los egiptólogos profesionales por lo que, desde entonces, ha seguido una huida hacia adelante con sus especulaciones enfrentándose abiertamente con el mundo académico e inventando la “astroglífica”, su peculiar forma de leer la simbología astronómica de los antiguos egipcios. Un detalle que Bauval no comenta en su libro “El misterio de Orión” es que la disposición de las estrellas y la de las pirámides se parecen sólo si giramos 180 grados los mapas. Bauval no se queda ahí y presenta el “gran plan de Giza” proponiendo que la disposición de las distintas pirámides de la IV dinastía (alrededor del 2400 a.C.) representa un mapa estelar incluyendo Orión y parte de la constelación de Tauro, mientras que el Nilo correspondería a la Vía Láctea. Este gran plan también tiene serios problemas pues no estarían representadas ni Rigel ni Betelgeuse, justamente las estrellas más brillantes de todo el conjunto. Por otra parte no se considera otra de las pirámides construidas por Snefru (padre de Keops), pero estos inconvenientes son ignorados por Bauval. No olvidemos que la hipótesis de partida sobre la que construye su “teoría” es que los egipcios representaron fielmente el cielo en sus monumentos, si esto no es cierto, como se ilustra en los dos ejemplos anteriores, toda su “teoría” flaquea desde los cimientos.
En su carrera personal hacia lo absurdo, Bauval encontró la colaboración de un periodista pseudocientífico, buscador de la Atlántida y escritor de best-sellers: Graham Hancock. Con su ayuda alcanzó el más difícil todavía, involucrando a la pobre Esfinge en todo esto. En su libro conjunto “El guardián del Génesis” presentan su hipótesis de que todo el complejo de Giza se construyó a lo largo de un dilatado periodo de tiempo y que representa la disposición de ciertos elementos celestes (las constelaciones de Orión y Leo y la Vía Láctea) en el momento del equinoccio de primavera en una época tan lejana como el 10.500 a.C. (¡8.000 años antes de la fecha comúnmente aceptada para la construcción de las grandes pirámides!). Por supuesto, esta interpretación se apoya en la identificación ad hoc de la Esfinge con la constelación de Leo, cuando no hay evidencia de que los egipcios identificaran ninguna constelación con forma de León hasta época helenística (siglo IV a.C.). Por otra parte, el gran problema de esta “teoría” es que implica asumir que a lo largo de muchos milenios, en ausencia de escritura y de una civilización técnica en la zona, se mantuvieron unos conceptos astronómicos muy avanzados, que incluían la precesión de los equinoccios (fenómeno descubierto oficialmente por los griegos en el siglo IV a.C.), así como una memoria fotográfica de la disposición del cielo con el transcurso del tiempo. Esta “teoría” plantea más problemas que resuelve, por lo que no nos ayuda a comprender mejor el pasado ni puede considerarse una teoría científica. Para realizar una revolución en ciencia hay que presentar teorías sólidas con pruebas contundentes y discutirlas abiertamente con otros científicos y especialistas. No se hace ciencia escribiendo únicamente libros para hacer negocio con el gran público, ni dando conferencias en ámbitos pseudocientíficos, donde confundimos creencias con supuestas ciencias y donde la crítica está ausente. Tampoco tachando de estúpidos a los científicos que no comparten las ideas de uno ni están investidos de la clarividencia para saber leer los “astroglifos” que los egipcios escribieron entre la tierra y el cielo para que Robert Bauval acabara simplemente inventándolos.
La charla de Wrickamasinghe fue para nosotros una sorpresa. Este astrónomo es catedrático en la Universidad de Cardiff y ha hecho contribuciones importantes en el campo de la física de las partículas de polvo interestelar. Desde hace mucho tiempo trabaja con Fred Hoyle, uno de los astrónomos más heterodoxos del siglo, un quijote que se ha quedado solo defendiendo teorías que han ido cayendo a su alrededor, como el modelo cosmológico de la creación continua o la panspermia (el origen cometario de la vida en la Tierra), tema éste en el que Wickramasinghe ha sido más activo junto a Hoyle. Hasta donde tenemos noticia, el tema del que este investigador habló en su charla de Güímar nunca ha sido presentado en ambientes científicos y con absoluta seguridad sería duramente criticado. Parte de una hipótesis ad hoc indemostrable: “las pirámides son tan impresionantes porque debieron obedecer a un gran fenómeno cósmico”; a partir de aquí intenta justificar este aserto con una complicada hipótesis, de la que no hay ninguna prueba fehaciente, sobre la caída periódica, desde hace 16.000 años, de los trozos de un gran cometa que sería el responsable de distintos hechos importantes de la historia de la humanidad (escogidos con total subjetividad y posiblemente de forma conveniente) ocurridos con una relativa periodicidad. En definitiva, una forma nada aconsejable de hacer ciencia.
El riesgo de ignorar.
Resulta curioso que frecuentemente se viertan en medios de comunicación frívolas opiniones sobre la carrera y el curriculum de los científicos, ignorando abiertamente su situación real. Se califica al “prestigio” de valor efímero y cuestionable y se loa con frases altisonantes el riesgo de presentar ideas heterodoxas, al parecer sólo asumido por los que no temen perder su acomodado y bien pagado lugar. Quienes nos dedicamos a la docencia e investigación en cualquier campo científico creemos que el verdadero prestigio sólo se consigue sobreviviendo al “Via Crucis” para obtener una plaza en un centro de investigación o universidad (de becario mal pagado, de profesor contratado uno y otro curso, de post-doc errante por el mundo...), y tras muchos años de duro trabajo, tras la transparente difusión de los descubrimientos en congresos y reuniones, la nada fácil publicación de los mismos en revistas especializadas con filtros rigurosísimos, y la colaboración con otros colegas, con frecuentes y acaloradas discusiones. ¿Estarán cambiando las cosas en el mundo de la Ciencia y nosotros sin enterarnos? ¿O es que hablamos de distinto prestigio? En cuanto al riesgo, si bien es esencial a la Ciencia, hay que distinguir la pura especulación, no comprobable ni falsable (es decir, que es imposible encontrar pruebas de su veracidad y de su falsedad), de ciertas atrevidas hipótesis de trabajo, que son sólo eso hasta su confirmación e incorporación a teorías auténticas (las que permiten hacer predicciones verificables). En cualquier libro de Filosofía de Bachillerato puede leerse una explicación sencilla de estos términos, del funcionamiento del método científico, y del carácter siempre provisional que da a la verdadera Ciencia su gloria. ¿Asumir riesgos? ¡claro!, los científicos lo hacemos cada día, probando diversos procedimientos, posibilidades y explicaciones; pero solemos tener la humildad y prudencia de no difundir nuestro trabajo hasta no considerarlo suficientemente fundamentado. También asumimos riesgos al someternos a una sana auto-crítica, y a la de nuestros colegas o los jueces de las revistas. Sólo unos pocos investigadores, siempre desde posiciones bien asentadas y remuneradas (de otro modo, si uno especula alegremente puede jugarse, además de la dignidad, el futuro...), se atreven a parir teorías tan atractivas como gratuitas. Eso sí, más que ante la quisquillosa comunidad científica, prefieren exponerlas ante un público no especializado, dudosamente capaz de criticarlas, ávido de maravillas y predispuesto a creerlas: es garantía de conseguir invitaciones, viajes por el mundo, éxito y popularidad a bajo coste, de gozar del reconocimiento de tantos que, boquiabiertos ante cualquier cosa que suene a Cosmos, a misterio y a historia, comulgan con ruedas de molino. La Ciencia trata de comprender el Universo que nos rodea, de traer más acá las grandezas y hermosuras cercanas y lejanas. Ir mucho más allá tiene sus riesgos: que a uno se le vaya el baifo y acabe desvariando.
[Nota] *El Dr. César Esteban y la Dra. Inés Rodríguez Hidalgo pertenecen respectivamente al
Instituto de Astrofísica de Canarias y al Departamento de Astrofísica de la ULL.
Con el presente artículo, que apareció publicado en el suplemento 2.c (nº 92) del diario La Opinión de Tenerife (26 de Julio de 2001), iniciamos en el Escéptico Digital un nuevo proyecto mediante el que queremos poner a disposición de todos nuestros suscriptores determinados artículos en formato PDF. El documento correspondiente a la versión con archivos gráficos del presente trabajo puede ser descargado desde http://www.arp-sapc.org/docs/Astroglifica.pdf
Esperamos que esta iniciativa sea de vuestro agrado.
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