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EL VERDADERO PAPEL DE LA CIENCIA EN LA SOCIEDAD
J. Santiago Muñoz Domínguez

EL VERDADERO PAPEL DE LA CIENCIA EN LA SOCIEDAD
Por: J. Santiago Muñoz Domínguez

El articulo que se ha presentado en el Escéptico escrito por el académico Antonio Hernando, tomado de una Tribuna Libre del diario El País del 4 de Enero, tiene algunos puntos que reflejan, desde mi punto de vista, dos aspectos graves de interpretación del papel de la Ciencia en la Sociedad.
El primero es la recomendación de que los científicos que opinen sobre alguna materia sean, previamente cualificados y formen una elite, igual como sucede en el tenis, y descarta que el entorno en que se hace una investigación constituya un nuevo elemento a considerar dentro del método objetivo de la evaluación de la calidad científica. Con ese criterio los Nóbel Bernoz y Müller no habrían pasado el más mínimo control, incluso la revista donde publicaron su fundamental articulo no estaba jerarquizada muy arriba, y no digamos si fuera un empleado de una oficina de patentes. La evaluación de la calidad científica es un tema muy discutible todavía y no entraremos en ello.

Más adelante añade: "La ciencia no es humanitaria.... " En efecto, la Ciencia no es una ONG, afortunadamente, pero excluir muchas de sus objetivos o funciones como pudiera ser encontrar nuevos medicamentos para curar enfermedades, aplicar los conocimientos de la Física en sistemas de diagnosis o hacer que nuestro mundo sea mejor o consciente de los peligros que le acechan podrían ser un aspecto que le daría un cierto carácter humanitario, creo yo. Y añade "Dentro de una rica diversidad de temas de debate convendría aislar uno sumamente urgente para la buena interacción ciencia-sociedad. Se refiere a lo importante y trascendente que para la sociedad es reconocer quienes son los científicos de calidad" Importancia que se realza con los debates sociales, y cita la energía, las vacas locas y otros .

Debo felicitar a mi colega y amigo por preocuparse de temas tan controvertidos como preocupantes desde muchos puntos de vista. Sin embargo, encuentro grave que tácitamente a lo largo de todo el articulo se induzca al lector que sólo los científicos que han aprobado el control de calidad y por tanto tienen un prestigio reconocido oficialmente son los que han de tener la palabra y ser escuchados. Esto es un poco peligroso, además de grave porque recuerda el famoso principio de autoridad científica que afortunadamente ni tiene valor de prueba ni debe tenerlo. Si este principio hubiera estado en vigor y, de hecho todavía lo utiliza mucha gente, incluso abundantemente, ( incluso por nuestro querido amigo M. Toharia), cuando surgió el famoso y olvidado ya tema del Amplificador de Energía, cuyo nombre ya sería para alarmar a los escépticos (vulgarmente conocido como Rubbiatrón) ahora estaríamos embarcados en un megaproyecto que nadie en la UE se atrevió a tomarlo en serio. La sociedad española se ha ahorrado mucho dinero y conste que se trataba de un proyecto ideado y dirigido por un Premio Nóbel, (nadie le puede negar sus cualificaciones) pero algunos, no necesariamente expertos, pensamos y demostramos en un debate parlamentario que aquello no era viable por las muchas incógnitas que tenía. Hoy nadie recuerda ya nada de este mal llamado amplificador de energía.

A continuación el autor entra en el poco debatido tema de los efectos de los CEM (Campos electromagnéticos de baja frecuencia). Y remarco su texto "Pero salvemos a la sociedad del engaño que consiste en hacerla creer que esta decisión, la del Parlamento ante la mínima sospecha de incalculables consecuencias, está basada en el conocimiento científico". En mi humilde opinión, el Parlamento debe legislar pero oyendo todos los argumentos los oficiales y los no-oficiales, y naturalmente las evidencias que se presenten en un sentido u otro. Sin embargo, no creo que el Parlamento sea el mejor foro para discutir temas científicos . Como paradigma véanse las intervenciones sobre el almacenamiento de los residuos radiactivos en la Comisión senatorial de energía.

Prescindiendo de las declaraciones de quienes opinan que no hay peligro, como de los que dicen que lo hay, generando innecesariamente cierto alarmismo, lo cierto es que los físicos han de medir los CEM y medirlos bien, y le toca a los médicos oncólogos y epidemiólogos, estudiar sus efectos sobre la salud y no puntualmente como se ha venido haciendo hasta ahora. Hacen falta muchas pruebas, y estudios prologados en el tiempo, con la misma muestra de personas de riesgo, y contrastar críticamente los resultados que se vayan obteniendo. Generalizar "que la comunidad científica acepta que no existen pruebas de que tales interacciones sean nocivas, por debajo de ciertos umbrales", me parece una afirmación gratuita. El problema de los umbrales es una cuestión, si cabe, más grave. Baste saber quien los fija. ¿Expertos o la parte interesada? Recuerden los más viejos lo que sucedió con la radiactividad, radiaciones ionizantes. Los umbrales se han ido bajando y ha costado mucho dinero, años y enfermos. Hoy ya se acepta que no existe un umbral de inocuidad. Por favor no confundan una cosa con la otra. En ninguno de los trabajos sobre el tema de las líneas de alta tensión he podido leer si existen efectos acumulativos o no. De la nocividad o de la inocuidad no tengo datos para afirmar una cosa u otra, pero mientras no se tengan trabajos completos y bien hechos, mi recomendación sería actuar con un principio de precaución, la misma recomendación de la OMS. Y sobre todo evitar afirmaciones rotundas en un sentido o en otro, vengan de quien vengan.

 
   

 
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