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Antropología
 


EL ORIGEN DE LA HUMANIDAD
Francisco J. Ayala
URL: El Correo http://servicios.elcorreodigital.com/

EL ORIGEN DE LA HUMANIDAD
Por: Francisco J. Ayala

La Biblia sitúa el Jardín del Edén en la cercanía de los ríos Tigris y Éufrates, en la región del Medio Oriente donde hoy existen Irak y Siria. Allí puso Dios al hombre «para que lo labrara y lo guardase» (‘Génesis’, capítulo 2, versículo 15).

La ciencia nos dice que los humanos venimos de África. Nuestros antepasados de hace dos millones de años eran ya humanos, pertenecían a la especie ‘Homo erectus’ (hombre erguido). Eran individuos de 1,3 a 1,4 metros de altura y con un cerebro de un kilo de peso, cuatrocientos gramos menos que el nuestro. Construían utensilios rudimentarios de hueso y de piedra, de los cuales se han encontrado muchas muestras. Los ‘Homo erectus’ son los primeros homínidos que salen de África, su continente natal, para esparcirse por otros continentes. ‘Homínidos’ es el término con el que nos referimos a nuestro linaje, una vez que se separa del de los simios.

Nuestros parientes animales más próximos son los chimpancés. Tanto sus antepasados como los nuestros vivían en África tropical. El linaje de los homínidos se separa del de los chimpancés hace seis millones de años. Los primeros restos fósiles de homínidos que conocemos son de África, de hace 4,5 millones de años. Eran bípedos, como nosotros, de algo más de un metro de altura y con un cerebro mucho más pequeño que ‘Homo erectus’, de unos 300 gramos, como el de los chimpancés actuales. A estos homínidos y a sus descendientes durante dos millones de años más se les llama ‘Australopithecus’.

Los primeros homínidos que reciben el nombre ‘Homo’ aparecen en África tropical hace algo más de dos millones de años; pertenecen a la especie ‘Homo habilis’. Son también los primeros en hacer utensilios de piedra. Son individuos todavía menudos, pero su cerebro llega hasta los 800 gramos, más del doble del de ‘Australopithecus’, los primeros homínidos.

Los individuos de ‘Homo erectus’ son los primeros viajeros intercontinentales. Desde África se dispersan a través de Asia Menor y el Próximo Oriente, llegando por un lado hasta España y por el otro hasta cerca de Pekín, en el norte de China, y hasta la isla de Java, en Indonesia. Los fósiles más antiguos de Atapuerca, cerca de Burgos, que tienen 800.000 años, son descendientes de ellos. Los ‘Homo erectus’ más antiguos de Europa se han encontrado en Georgia, donde vivían hace 1,6 millones de años. (La localidad de Dmanisi, donde se han encontrado estos fósiles, está cerca del límite generalmente reconocido entre Europa y Asia; algunos autores caracterizan estos fósiles como asiáticos.)

La dispersión de ‘Homo erectus’ por los continentes del Viejo Mundo es la primera diáspora africana. Una segunda ocurriría mucho más tarde, hace sólo 100.000 años. Una cuestión debatida es si los descendientes no africanos de la primera diáspora se extinguieron completamente o si nuestra especie, llamada ‘Homo sapiens’ (hombre ‘sabio’, como inmodestamente nos hemos bautizado), desciende de individuos procedentes de ambas diásporas.

Según la hipótesis llamada multirregional, los ‘Homo erectus’ dispersados por Europa, Asia y África tienen descendientes actuales, es decir, se transformaron gradualmente de una especie a la otra, del ‘Homo erectus’ al ‘Homo sapiens’. La hipótesis multirregional era aceptada por los antropólogos hasta hace una veintena de años, basándose en estudios de cráneos fósiles. Pero se ha ido desmoronando poco a poco a consecuencia de las investigaciones de los genéticos. Los genéticos examinan el ADN -ácido desoxirribonucleico, que contiene los genes que transmiten la herencia biológica- en individuos de orígenes geográficos dispares. Comparándolos, reconstruyen el ADN ancestral de todos ellos e infieren así su origen geográfico.

Un descubrimiento importante fue el desafortunadamente conocido como la ‘Eva mitocondrial’ o ‘Eva africana’, que tuvo lugar en 1987. El hallazgo deriva del estudio de una molécula llamada ADN mitocondrial, que se transmite sólo por línea materna. La madre la pasa a hijos e hijas, pero sólo las hijas la pasan a sus descendientes. Algo así como lo que ocurre con el apellido familiar: lo pasamos a hijos e hijas, pero sólo los varones lo pasan a las generaciones siguientes.

Este descubrimiento de 1987 demostraba que el ADN mitocondrial de los humanos actuales estudiados, que eran de varios continentes, venía de antepasados africanos que vivían hace unos 100.000 años. La designación ‘Eva’ para la hipótesis es desafortunada porque parece implicar descendencia a partir de una sola mujer, lo cual ciertamente no es el caso. Por el contrario, los cálculos indican que el número de antepasados nunca habría sido menor de 10.000 por generación.

Pero la fecha de 100.000 años para nuestros antepasados africanos más recientes excluye de nuestro linaje a todos los humanos que vivían en otros continentes antes de esa época. La hipótesis del origen multirregional fue sustituida, en la opinión de muchos antropólogos y genéticos, por la hipótesis llamada ‘Desde África’, según la cual los emigrantes de la segunda diáspora africana, hace 100.000 años, habrían reemplazado completamente a los descendientes de la diáspora africana anterior, ocurrida casi dos millones de años antes, que se habrían extinguido.

En 1995, otro grupo de científicos, estudiando un segmento de ADN llamado ZFY, que se transmite sólo de varón a varón, llegaba a la misma conclusión de que todos los hombres actuales hemos heredado nuestro ZFY de antepasados que vivían en África hace unos 100.000 años.

Más importante todavía fue el análisis, llevado a cabo hace pocos años, de un conjunto de más de un centenar de genes en individuos representativos de las poblaciones más diversas del mundo. La genealogía de estos genes sitúa también en África el tronco de donde derivan todas las poblaciones.

Lo que parecía hace unos meses una conclusión casi definitiva ha cambiado recientemente. Dos equipos científicos han publicado este año resultados que indican que el reemplazamiento que ocurrió durante la segunda diáspora africana no fue completo, sino que persisten en los humanos actuales algunos genes y rasgos anatómicos que evolucionaron en los continentes no africanos a partir de los colonizadores de la primera diáspora.

Uno de los trabajos, publicado en ‘Proceedings of the US National Academy of Sciences’, demuestra la presencia en humanos actuales de ADN derivado de australianos que no descienden de los africanos de la segunda diáspora. El segundo estudio, publicado en la revista ‘Science’, indica que dos poblaciones contemporáneas, una de Chequia y la otra de Australia, retienen rasgos anatómicos heredados de homínidos que vivían en esas regiones antes de la segunda diáspora africana.

Estos dos trabajos matizan, así pues, la hipótesis ‘Desde África’, que tiene que ser ahora interpretada sin implicar un reemplazamiento total, aunque fuera mayoritario. Claro que esto depende de que los resultados de estos dos trabajos recientes sean confirmados por otros investigadores.

 
   

 
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