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PILDORA DE LA JUVENTUD: REJUVENECER ES IMPOSIBLE
Alejandra Rodríguez
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PILDORA DE LA JUVENTUD: REJUVENECER ES IMPOSIBLE
Por: Alejandra Rodríguez
Noticia enviada por: Enrique Márquez

A pesar del revuelo por la aprobación en Francia de la llamada «píldora de la juventud», los estudios científicos revelan que el potencial de la hormona aún no está del todo claro y que, en todo caso, las terapias con ella sólo serán adecuadas para pacientes con carencias hormonales específicas y para los mayores

Los telediarios le han dedicado casi tanto tiempo como a la llegada de Bush a España. Desde que las farmacias francesas pusieran a la venta, hace 15 días, la llamada píldora de la juventud, todos los medios de comunicación se han hecho eco del acontecimiento y muchos se han apresurado a catalogar este producto como un elixir antiedad que permite ser joven durante mucho más tiempo.

Sin embargo, el gran secreto que encierran estas cápsulas no es otro que la Dehidroepiandrosterona, más conocida por las siglas DHEA, una hormona esteroide cuyas supuestas cualidades contra las consecuencias del paso del tiempo no han quedado definitivamente demostradas en ningún ensayo clínico publicado hasta la fecha.

Los expertos ya han alertado sobre los peligros que encierra el consumo incontrolado de esta potente hormona que, aunque en el país galo se dispensará únicamente con una receta médica, se vende libremente como suplemento nutricional en otros muchos lugares, como EEUU, desde hace bastantes años.

Los efectos de las hormonas

Las hormonas —y la DHEA se considera como tal por ser un precursor de la testosterona y los estrógenos— ejercen el papel de mensajeros bioquímicos que regulan diferentes funciones del organismo. Para lograr el buen funcionamiento del cuerpo, los niveles de estas sustancias deben permanecer en equilibrio.

Cualquier fenómeno que altere este balance (algunas enfermedades, el consumo de ciertos medicamentos, la administración exógena de preparados anabólicos...) puede causar complicaciones de diversa naturaleza. Es como si de pronto hubiera demasiados carteros para llevar pocas cartas, o viceversa, y se produjera un desajuste en la transmisión de mensajes vitales.

A pesar de que la DHEA es el esteroide más abundante en el plasma y de que se está estudiando desde los años 50, su fisiología y su mecanismo de actuación aún no están del todo claros. Por lo tanto, no han podido establecerse sus verdadero potencial y, en consecuencia, tampoco se han diseñado tratamientos ni se han establecido las dosis seguras de este producto.

Apenas hay estudios con humanos

La mayoría de las cualidades atribuidas a la DHEA han sido extraídas de estudios en cultivos celulares, conejos, ratones y pequeños mamíferos y no se repiten cuando se trata de pacientes humanos. Sólo el hombre y algunos primates segregan DHEA, por lo que no es de extrañar que lo que ha dado resultado en los laboratorios, no ocurra en las personas.

Así, extrapolando datos muy experimentales, se ha difundido la idea de que la DHEA incide positivamente en la aterosclerosis, el cáncer, la inmunosenescencia (debilidad del sistema inmune asociada a la edad), la osteoporosis, la pérdida de masa muscular... todos ellos trastornos propios de la recta final de la vida.

Por este motivo, muchos hombres y mujeres de cierta edad están tomando DHEA sin conocer sus efectos a largo plazo y sin haberse confirmado sus supuestos beneficios.

Sin embargo, este punto no es el que más preocupa a los expertos, ya que, para pacientes que sobrepasan los 60 o 70 años, el riesgo de sufrir tumores u otras alteraciones en una o dos décadas (ver gráfico), no es muy significativo.

El peligro del consumo juvenil

Lo que realmente alarma a la comunidad científica es que, atraídas por el reclamo comercial, las personas de entre 30 y 50 años se lancen a consumir DHEA sin ningún tipo de garantía médica. Basta recordar que, fundamentalmente en Internet, las definiciones que suelen acompañar a las píldoras del esteroide son: «elixir de la eterna juventud», «todo ventajas», «manténgase joven para siempre», «sin contraindicaciones ni efectos secundarios», «miles de estudios científicos avalan las cualidades de la DHEA»... y un largo etcétera que podría hacer pensar a cualquiera que estamos ante un milagro embotellado que nos proporcionará el anhelo por excelencia: ser joven y alargar la vida mucho más.

En algunos editoriales aparecidos en las revistas médicas más prestigiosas, los expertos han mostrado su preocupación ante la posibilidad de la administración indiscriminada de terapias hormonales, ya que sus efectos a largo plazo pueden ser muy graves, irreversibles e, incluso, imprevistos.

Uno de los argumentos que esgrimen los especialistas en la materia es que se ha tardado varias décadas en establecer la seguridad de otros tratamientos a base de hormonas, como la terapia hormonal sustitutoria para las mujeres menopáusicas (que aún no acaba de poner de acuerdo a los médicos acerca de su relación entre las ventajas y riesgos) y la píldora anticonceptiva, cuyos graves efectos secundarios han disminuido, precisamente, a raíz de reducir la concentración hormonal en cada pastilla. Para los expertos, este es motivo más que suficiente para abordar las terapias con DHEA con mucha cautela.

El mejor consejo: la prudencia

Por otra parte, si revisamos la literatura médica, nos encontramos con que todos los trabajos realizados en humanos, independientemente de si han encontrado o no algún beneficio en la DHEA, han aconsejado prudencia, la realización de ensayos de más envergadura para determinar los efectos a largo plazo y, sobre todo, la limitación de las terapias a grupos muy específicos de personas, fundamentalmente a gente mayor o a pacientes con deficiencias hormonales concretas (falta de andrógenos, problemas en las glándulas adrenales...).

Los resultados más relevantes que se han sacado de los trabajos con DHEA en humanos son: VLibido. Uno de los efectos más publicitados de la DHEA es que eleva la libido, sobre todo la femenina. La explicación es que, a partir de cierta edad, la mujer ve reducido su nivel de andrógenos y su deseo sexual decae.

Irwin Goldstein (apodado padre de Viagra) presentó los resultados de un trabajo con 32 mujeres afectadas por el síndrome de deficiencia androgénica, una patología poco definida y que provoca fatiga, astenia, depresión y falta de deseo sexual.

¿Mejora la vida sexual femenina?

Los investigadores dieron DHEA a sus pacientes y todas experimentaron una clara mejoría. Dijeron haber recuperado el interés por el sexo y sentirse mucho mejor por ello. Sin embargo, el propio Goldstein advirtió de que la muestra era pequeña y que todas las pacientes sufrían un trastorno concreto (falta de andrógenos), por lo que el tratamiento no está indicado en las disfunciones sexuales con otro origen, especialmente hasta que no se confirmen estos hallazgos.

En un editorial alusivo, publicado en el portal médico Medscape, se podía leer que «la terapia con andrógenos no tiene una trayectoria lo bastante sólida como para aconsejarla actualmente a las pacientes. Hasta que no se conozcan los efectos a largo plazo con ensayos estrictos debemos ser muy cautelosos».

En otros estudios se ha observado que los ancianos que toman DHEA experimentan un aumento de la vitalidad, la musculatura, la energía y la habilidad para hacer tareas cotidianas por sí mismos, pero no un mayor deseo sexual.

Menopausia. Un trabajo publicado en el 'Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism' en 1997, realizado con 14 mujeres posmenopáusicas de entre 60 y 70 años, confirmó que la DHEA exógena tiene efectos beneficiosos en mujeres que han llegado al climaterio, sobre todo en lo referente a los sofocos y a una de sus consecuencias más graves: la osteoporosis.

La principal ventaja del tratamiento —de confirmarse, aclaran una vez más los autores— es que podría evitar el uso de la progestina, un componente de la terapia hormonal sustitutoria habitual que aumenta el riesgo de sufrir cáncer de mama.

Vejez. Prácticamente el único estudio aleatorio y doble ciego que esgrimen los defensores de las propiedades rejuvenecedoras de la DHEA fue publicado en abril del año pasado en el 'Proceedings of the National Academy of Sciences'.

En él participaron 280 pacientes de entre 60 y 79 años, que tomaron 50 mg diarios de DHEA o un placebo. Los que consumieron el esteroide experimentaron un aumento de la reabsorción ósea (tenían huesos más fuertes) y un mejor estado de la piel, aunque no manifestaron cambios significativo ni en la libido ni en la salud cardiovascular.

Adecuados para los mayores de 70 años

Dado que no se produjeron efectos secundarios y, sobre todo los mayores de 70 años se encontraban mucho mejor, los autores no consideran descabellado administrar pequeñas dosis de DHEA a estos pacientes, «ya que no se crean superhombres o supermujeres», explican.

No obstante, no dudan en señalar que «la disponibilidad comercial de DHEA en EEUU ha creado un auténtico problema de salud pública que solo puede ser solucionado con ensayos clínicos de larga duración en pacientes mayores de ambos sexos».

La prevención de algunos tumores es otra de las supuestas cualidades de la DHEA. En este sentido los científicos se muestran especialmente críticos, ya que, precisamente por estar tan relacionada con la producción hormonal, un exceso de DHEA puede desencadenar cáncer de próstata, de mama, de endometrio, de cuello de útero o melanoma maligno, todos ellos tumores con un determinante hormonal muy marcado. Este es uno de los puntos por los que los científicos piden más trabajos rigurosos que confirmen la seguridad de las terapias con DHEA.

Algunos trabajos in vitro han demostrado que este esteroide mejora la función de los natural killers (células del sistema inmune que combaten las infecciones) y que evitan la oxidación del LDL (colesterol malo).

Sin embargo, ningún ensayo con pacientes ha podido demostrar que la hormona tenga efectos positivos y de relevancia clínica suficiente contra las infecciones humanas (gripe, VIH, entre otras) o sobre la salud cardiovascular (los resultados son contradictorios).

Asimismo, tampoco se ha podido concluir que la DHEA incida favorablemente en la glicemia ni que tenga relación alguna con el deterioro cognitivo o el Alzheimer.

Otros «milagros antiedad»

Hace unos años, y a pesar de que casi ha caído en el olvido, la melatonina era el producto estrella de los que querían conseguir mantenerse jóvenes a pesar del paso de los años. Esta hormona había demostrado su eficacia a la hora de combatir los trastornos derivados del jet lag y había remediado el insomnio de muchos que no lograban descansar por las noches.

Quizá para aprovechar el tirón de esta sustancia comenzó a especularse con la posibilidad de que la melatonina también fuera eficaz contra los efectos del envejecimiento gracias a sus supuestas cualidades como inmunomodulador y antioxidante observadas en ensayos in vitro y con animales, dos beneficios que también hoy se le atribuyen a la DHEA y que no han llegado a confirmarse en ensayos clínicos rigurosos con pacientes humanos.

El auge de la medicina oriental trajo otro producto que durante mucho tiempo ha llevado también colgada la etiqueta de «milagro contra la vejez»: el ginseng. El paso del tiempo y la realización de algunos trabajos serios ha demostrado que, si bien este producto es un buen reconstituyente y aumenta el bienestar general de quien lo toma, especialmente en épocas de actividad intensa, no logra retrasar el reloj biológico de forma significativa.

El selenio también tuvo su momento de gloria en EEUU (como ocurre con casi todos los productos pseudomilagrosos) por su capacidad para prevenir ciertos tipos de cáncer y otras patologías asociadas a la edad. No obstante, los expertos pronto advirtieron que el consumo incontrolado de selenio pude provocar problemas muy graves (vómitos, caída del pelo y las uñas, fatiga crónica...), por lo que este suplemento tampoco ha llegado a ser un auténtico super ventas.

Algo similar pasa con los antioxidantes. Si bien en un primer momento parecieron ser el remedio contra la oxidación del organismo, estudios posteriores han revelado que un exceso de estas vitaminas puede dañar el ADN celular.

Para más información:
Portal Médico Medscape http://www.medscape.com/
Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism http://jcem.endojournals.org/
Proceedings of the National Academy of Sciences http://www.pnas.org/

 
   

 
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