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Investigación
 


LAS HUELLAS DACTILARES, CUESTIONADAS POR LA CIENCIA
Felix Ares de Blas
URL: http://www.divulcat.com/inicio/articulo.php?id=404

En contra de lo que yo creía, hay pocas bases científicas para asumir que dos huellas "idénticas" pertenecen a la misma persona. Desde hace un siglo se utilizan las huellas dactilares como pruebas de la presencia de una persona en la escena de un delito. Yo pensaba que esa evidencia se había sometido a todas las pruebas que la ciencia exige para dar una teoria por buena, pero resulta que no ha sido así. Se ha estado condenando, incluso a muerte, mediante una técnica que no había sido suficientemente validada.

Obsérvese que no digo que sea errónea, simplemente digo que no había sido suficientemente validada. Al enterarme de esto, a través de la revista Newscientist del 13 de febrero de 2004, se me han puesto los pelos de punta y he hecho mis propias averiguaciones, que voy a tratar de explicar en las líneas que siguen.

Empezaré diciendo que las huellas dactilares sólo las tienen los primates. Entre los humanos se forman a partir de la sexta semana de vida intrauterina y -se dice- que sus características no varían con la edad de una persona.

Las huellas no son nada más que rugosidades con formas arbitrarias que adopta la piel que cubre la yema de los dedos. Está formado por surcos: montañas y valles. Las "montañas" se llaman crestas papilares y los "valles" surcos interpapilares. En las crestas se encuentran las glándulas que producen el sudor. Debemos recordar que el sudor contiene aceite que se desliza hacia los surcos, donde se almacena. Al tocar, esa grasa almacenada en los surcos, pasa a la superficie tocada.

Si posteriormente pasamos un sólido en polvo de una sustancia parecida al talco, resulta que la grasa absorbe el talco. Si después soplamos, todo el talco se va, salvo de las partes en las que había grasa: hemos obtenido una copia -en negativo- de los surcos de una huella dactilar.
Ni que decir tiene, que hoy en día no se utiliza talco, se utilizan unos polvos más sofisticados.

Las huellas digitales se toman de los dedos índices porque a diferencia de los pulgares son menos propensos a sufrir heridas que dejen cicatriz y perjudiquen la identificación.

Se supone -observen que digo supone- que son únicas e irrepetibles. Incluso en los hermanos gemelos son diferentes, lo que hecha por tierra la pretensión de algunos "clonadores" de hacer copias idénticas de un hijo, una mascota o un dictador famoso (¿os acordáis de las idioteces que decían los raelianos sobre Hitler?).

En la forma de los dibujos -como en otras muchas cosas- no sólo influyen los genes; también lo hace nuestra experiencia personal, entendiendo por tal, las hormonas que hemos recibido, el factor de crecimiento y todo ese extraño mundo de la epigenética. Si hablamos de personas individuales hay que señalar que la huella de cada dedo es diferente.

Un poco de historia

Parece ser que en la antigua Babilonia, las tabletas de arcilla se firmaban con la huella digital. En la Persia del siglo XIV varios documentos oficiales tenían huellas dactilares y un oficial del Gobierno observó que no había dos huellas dactilares iguales.

En la legislación de la antigua China se establecía que para divorciarse había que exponer siete motivos y, con las huellas dactilares, firmar el documento.

En 1823, John Evangelist Purkinje, un catedrático de anatomía de la Universidad d Breslau, publicó una tesis en la que se mencionaba que había 9 tipos de formas de huellas dactilares, pero no hizo ninguna mención a que pudieran usarse para identificar individuos.

Fue Sir Sir William Hershel, en 1856, quien empezó a usar las huellas digitales para validar contratos. Su idea era la de que los comerciantes nativos pusieran la huella de su mano derecha detrás del papel del contrato, para evitar que dijeran que la firma no era suya.
Después exigió solamente las huellas del dedo índice y del medio. Herschel comenzó a notar que esas huellas eran únicas para cada persona, pero era un convencimiento individual sin apoyo científico.

En 1889, D. Henry Faulds, el superintendente británico en el Hospital Tsukiji en Tokio, continuó el estudio de las huellas para identificar las marcas en antigua cerámica. No sólo vio la importancia de las huellas para identificación sino que, además, propuso un método para clasificarlas.

Previamente en 1880, había publicado un artículo en Nature proponiendo que las huellas eran únicas. Su método fue acreditado al ser capaz de descubrir una huella en un frasco de alcohol.

En la obra de Mark Twain "Pudd'n Head Wilson", un asesino se identificaba por sus huellas digitales.

Fue Sir Francis Galton quien en 1880 comenzó sus observaciones para utilizar las huellas como identificadores personales. En 1892 publicó su libro "Fingerprints" en las que decía que las huellas eran únicas y que no cambiaban a lo largo de la vida. También estableció un sistema de clasificar las huellas.

Debemos recordar que este Galton es el mismo de la Frenología de mal recuerdo. La frenología murió, pero otra de sus ideas, la de las huellas digitales, ha permanecido hasta nuestra época. El interés de Galton era descubrir rasgos de inteligencia y raciales en las huellas. Fue su hijo quien "demostró" científicamente lo que Herschel y Fauld sospechaban que las huellas dactilares no cambian con la edad y que no hay dos huellas idénticas. Sus cálculos decían que la probabilidad de que dos huellas individuales fueran iguales era de 1 en 64 000 millones.

Galton hijo también determinó la forma de identificar una huella que es esencialmente el mismo método que se utiliza hoy. El primer fichero de huellas digitales lo estableció en 1891 el policía argentino Juan Vucentin. Al año siguiente logró identificar mediante las huellas dactilares a una mujer apellidada Rojas como la asesina de sus dos hijos. Su huella ensangrentada dejada en el buzón de la puerta la delató.

Fue en 1901 cuando las policías de Gales e Inglaterra establecieron las huellas digitales como sistema de identificación en los delitos. El sistema se basaba en el sistema de Galton, modificado por Sir Edward Richard Henry. El resto de la historia ya es conocido, el sistema se extendió por todo el mundo.

Dudas razonables

Una de las dudas que han surgido últimamente es que una cosa es que no haya dos huellas iguales y otra el que los sistemas de búsqueda automática no tengan errores, sobre todo cuando en el lugar del delito se encuentran solamente trozos de huellas. La pregunta es: ¿cuál es la probabilidad de que se produzca un emparejamiento incorrecto entre un trozo de huella y la base de datos de huellas?

Y hay otra segunda pregunta. Galton dijo que la probabilidad de que dos huellas fueran iguales era de 1 en 64 000 millones, pero ¿alguien ha verificado los datos?, ¿quiénes han hecho experiencias?, ¿en qué revistas con árbitros se ha publicado?

Normalmente, en los juicios hay expertos que dan sus opiniones. Pero, ¿qué ocurre si el juez pone en duda la base científica de las pruebas? El sistema judicial estadounidense tiene lo que se llama una audiencia Daubert. En ella es el juez quien examina si hay base real o no para una pretensión "científica". Para ello el juez analiza cinco cosas de las evidencias:

1.La teoría y la técnica es testable.
2.Se ha sometido a revisiones por pares o ha sido publicado
3.Se mantienen normas que controlen el uso de la técnica
4.Los científicos generalmente aceptan el trabajo
5.Se conoce una tasa de error.

Lo sorprendente es que en 1999, los abogados de Byron Mitchell, en un caso de robo, denegaron que las huellas parciales encontradas en el tubo de escape de un coche fueran las de su cliente y pidiendo una "Audiencia Daubert". Allí quedó claro que no se conocía la tasa de error de los emparejamientos hechos con huellas incompletas.

Para solucionar el problema, el Departamento de Justicia de Estados Unidos encargó al FBI y a la empresa Lockheed Martin un estudio que estableciera una tasa de error. Lo hicieron con la base de datos del FBI y en un resumen que han hecho válido al público dicen que la probabilidad de que un trozo de huella se empareje incorrectamente con otra es de 1 en 10 elevado a 97. Eso es lo mismo que decir que la probabilidad es cero pues en toda la historia de la humanidad no habrá habido más de 10 elevado a 11 huellas.

Sin embargo, cierto número de universitarios critican el estudio y afirman que tiene errores metodológicos. Los investigadores sólo utilizaron 50.000 huellas existentes e hicieron comparaciones de cada una de ellas con todas las demás tratando de descubrir emparejamientos incorrectos. No los hallaron. Pero una cosa es tratar de descubrir emparejamientos entre 50.000 huellas perfectamente conseguidas y completas y otra muy diferente conseguir varias huellas parciales -y muchas veces deformadas- del lugar del delito y compararlas con una base de datos de huellas. Otro detalle: las 50.000 huellas son de las dos manos; es decir que la muestra es de unos 5.000 individuos.

Con esos datos difícilmente se puede concluir que las huellas sean únicas ni que la probabilidad sea de 1 entre 10 elevado a 97.
No sólo hay problemas estadísticos, según una investigación publicada en 2003 por David Kaye, un estadístico de la Universidad de Arizona en Temple. Los investigadores de Lockheed encontraron tres situaciones en las que dos huellas diferentes se parecían mucho. Al seguir investigando descubrió que eran dos imágenes del mismo dedo de la misma persona. A pesar de que representaba imágenes de la misma huella, una de las parejas parecía ser tan distinta como las huellas de dos personas diferentes. Según Kaye, "lo que revela esto es que huellas de la misma persona parecen muy diferentes". Simon Cole, de la Universidad de California en Irvine añade: "Han falsificado la premisa que querían demostrar".

Conclusión

Nadie argumenta que las huellas dactilares no tienen valor, lo que se está diciendo es que hay que hacer una buena investigación para darle probabilidades de equivocación. No decir que el método es infalible sino decir algo así como: "La probabilidad de que un trozo de huella de tal tamaño, obtenida en tales condiciones, de un emparejamiento falso es del tanto por ciento X". Lo anómalo es lo que se piensa hasta ahora, que las huellas son definitivas. Como toda actividad humana hay un margen de error y ese margen hay que tenerlo en cuenta.

En el caso del ADN, los temores iniciales a un error fueron tantos que se sometió el procedimiento a cientos de tests. Hoy los emparejamientos de ADN siempre se dan señalando el margen de error.
Por esas extrañas cosas de la vida, es posible que el ADN sea mejor admitido en los tribunales que las huellas. Téngase en cuenta que, hoy por hoy, las huellas no cumplen el punto cinco de los Criterios de Daubert.

En estos momentos también se están sometiendo a una crítica similar la identificación de marcas de balas y el reconocimiento caligráfico. Los científicos dicen que la ciencia forense debe entrar y seguir los procedimientos normales de la ciencia, con revistas con árbitros, publicaciones, repeticiones, etc.

El gobierno -en este caso de los Estados Unidos, pero sospecho que cualquier otro- es muy reticente pues si pone en solfa las evidencias forenses, la situación de muchos presos puede ser ilegal. En cualquier caso, me da la sensación de que los temores de los gobiernos llegan un poco tarde. La ofensiva ya ha comenzado. En mi opinión la única solución es que la ciencia forense sea una ciencia como las demás.

Enlaces:
Audiencia Daubert, http://onin.com/fp/daubert_links.html#whatisadauberthearing
Biométrica: en busca de la identificación perfecta, http://www.divulcat.com/inicio/articulo.php?id=286

 
   

 
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