EL ESCÉPTICO DIGITAL
Boletín Electrónico de Ciencia,
Crítica a la Pseudociencia y Escepticismo, al servicio del
Pensamiento Crítico y la Razón.
Edición 2001 - Número 18 - 28 de
Febrero de 2001
- ¿Qué son las
seudociencias?
- La ciencia y sus
errores.
- Vacas locas,
hombres ignorantes.
- Descubren un
mecanismo por el que un gen puede fabricar hasta veinte
proteínas.
- EEUU: Identifican
la parte del cerebro que marca el ritmo de la vida.
- Un experimento da
pistas sobre nuevas partículas supersimétricas.
- El verdadero
origen de la aspirina.
- Una nueva
aspirina, eficaz para evitar los problemas de la Angioplastia
- Bosques fósiles
ibéricos.
- Archivos del
clima antiguo.
- Las cucarachas y
las crisis alérgicas y asmáticas.
- El satélite de
observación de la Tierra Envisat (ESA) pasa las últimas
pruebas ates de su lanzamiento.
- El Next
Generation Space Telescope (NGST), sucesor del Hubble, será
más pequeño de lo previsto.
- El gobierno
español anuncia que dedicará este año 8.000 millones de
pesetas a la investigación en genómica.
- Bruselas: La
Comisión Europea quiere potenciar la genómica, la
informática y la industria aeroespacial.
- 80 premios Nobel
piden a Bush que no frene la investigación con células
embrionarias humanas.
- Los creadores de
“Dolly” logran ”células madre” sin necesidad de
clonar un embrión.
La Nación http://www.lanacion.com.ar/
¿QUÉ SON LAS SEUDOCIENCIAS? Por: Mario Bunge
- Montreal Artículo enviado por: Alejandro Agostinelli y
Enrique Márquez
Una seudociencia es un montón de macanas que se vende como
ciencia. Ejemplos: alquimia, astrología, caracterología,
comunismo científico, creacionismo científico, grafología,
ovnilogía, parapsicología y psicoanálisis.
Una seudociencia se reconoce por poseer al menos un par de las
características siguientes:
-.Invoca entes inmateriales o sobrenaturales inaccesibles al
examen empírico, tales como fuerza vital, alma, superego,
creación divina, destino, memoria colectiva y necesidad
histórica.
-.Es crédula: no somete sus especulaciones a prueba alguna.
Por ejemplo, no hay laboratorios homeopáticos ni
psicoanalíticos. Corrección: en la Universidad Duke existió
en un tiempo el laboratorio parapsicológico de J. B. Rhine; y
en la de París existió el laboratorio homeopático del
doctor Benveniste. Pero ambos fueron clausurados cuando se
descubrió que habían cometido fraudes.
-. Es dogmática: no cambia sus principios cuando fallan ni
como resultado de nuevos hallazgos. No busca novedades, sino
que queda atada a un cuerpo de creencias. Cuando cambia lo
hace solo en detalles y como resultado de disensiones dentro
de la grey.
-. Rechaza la crítica, matayuyos normal en la actividad
científica, alegando que es ella motivada por dogmatismo o
por resistencia psicológica. Recurre pues al argumento ad
hominem en lugar del argumento honesto.
-. No encuentra ni utiliza leyes generales. Los científicos,
en cambio, buscan o usan leyes generales.
-. Sus principios son incompatibles con algunos de los
principios más seguros de la ciencia. Por ejemplo, la
telequinesis contradice el principio de conservación de la
energía. Y el concepto de memoria colectiva contradice la
perogrullada de que solo un cerebro individual pueden
recordar.
-. No interactúa con ninguna ciencia propiamente dicha. En
particular, ni psicoanalistas ni parapsicólogos tienen tratos
con la psicología experimental o con la neurociencia. A
primera vista, la astrología es la excepción, ya que emplea
datos astronómicos para confeccionar horóscopos. Pero toma
sin dar nada a cambio. Las ciencias propiamente dichas forman
un sistema de componentes interdependientes.
-. Es fácil: no requiere un largo aprendizaje. El motivo es
que no se funda sobre un cuerpo de conocimientos auténticos.
Por ejemplo, quien pretenda investigar los mecanismos neurales
del olvido o del placer tendrá que empezar por estudiar
neurobiología y psicología, dedicando varios años a
trabajos de laboratorio. En cambio, cualquiera puede recitar
el dogma de que el olvido es efecto de la represión, o de que
la búsqueda del placer obedece al "principio del
placer". Buscar conocimiento nuevo no es lo mismo que
repetir o siquiera inventar fórmulas huecas.
-. Sólo le interesa lo que pueda tener uso práctico: no
busca la verdad desinteresada. Ni admite ignorar algo: tiene
explicaciones para todo. Pero sus procedimientos y recetas son
ineficaces por no fundarse sobre conocimientos auténticos. Al
igual que la magia, tiene aspiraciones técnicas infundadas.
Se mantiene al margen de la comunidad científica. Es decir,
sus cultores no publican en revistas científicas ni
participan de seminarios ni de congresos abiertos a la
comunidad científica. Los científicos, en cambio, someten
sus ideas a la crítica de sus pares: someten sus artículos a
publicaciones científicas y presentan sus resultados en
seminarios, conferencias y congresos.
Aprendizaje emocional
Veamos en un ejemplo cómo obran los científicos cuando
abordan problemas que también interesan a los
seudocientíficos. En 1998 los psicobiólogos J. S. Morris, A.
Ohman y R. J. Dolan publicaron en la célebre revista Nature
un trabajo sobre aprendizaje emocional consciente e
inconsciente en la amígdala humana. Ya que este artículo
trata de emociones conscientes e inconscientes, parecería que
debiera interesar a los psicoanalistas. Pero no les interesa
porque los autores estudiaron el cerebro, mientras que los
analistas se ocupan del alma: no sabrían qué hacer con
cerebros, ajenos o propios, en un laboratorio de
psicobiología.
Pues bien, la amígdala cerebral es un órgano diminuto pero
evolutivamente muy antiguo, que siente emociones básicas
tales como el miedo y la furia. Dada la importancia de estas
emociones en la vida social, es fácil imaginar los trastornos
de conducta que sufre una persona con una amígdala anormal,
ya sea atrofiada o hipertrófica. Si lo primero, no
reconocerá signos peligrosos. Si lo segundo, será propensa a
la violencia.
La actividad de la amígdala cerebral puede registrarse
mediante un escáner PET. Este aparato permite detectar
objetivamente las emociones de un sujeto en cada lado de su
amígdala. Sin embargo, tal actividad emocional puede no
aflorar a la conciencia. O sea, una persona puede estar
asustada o enojada sin advertirlo. ¿Cómo se sabe? Agregando
un test psicológico a la observación neurobiológica. Por
ejemplo, si a un sujeto normal se le muestra brevemente una
cara enojada y enseguida después una cara sin expresión,
informará que vio la segunda pero no la primera.
¿Represión? Los científicos citados no se contentaron con
bautizar el fenómeno. Repitieron el experimento, pero ahora
asociaron la cara enojada con un estímulo negativo: un
intenso y molesto ruido "blanco", es decir, no
significativo. En este caso, la amígdala fue activada por la
imagen visual, aun cuando el sujeto no recordara haberla
visto. O sea que la amígdala cerebral "sabe" algo
que ignora el órgano de la conciencia (cualquiera que este
sea).
En principio, con el método que acabo de describir
escuetamente se podría medir la intensidad de una emoción.
Por ejemplo, se podría medir la intensidad del odio que,
según Freud, un varón siente por su padre. Sin embargo,
antes de proceder a tal medición habría que establecer la
existencia del complejo de Edipo. Pero este no existe, como lo
mostraron las extensas investigaciones de campo del profesor
Arthur P. Wolf condensadas en su grueso tomo Sexual Attraction
and Childhood Association (Stanford University Press, 1995).
Las seudociencias son como las pesadillas: se desvanecen
cuando se las examina a la luz de la ciencia. Pero mientras
tanto infectan la cultura y algunas de ellas son de gran
provecho pecuniario para sus cultores. Por ejemplo, un
psicoanalista latinoamericano puede ganar en un día lo que su
compatriota científico gana en un mes. Lo que refuta el
refrán "no es oro todo lo que reluce".
[Nota] * Mario Bunge, pensador argentino radicado en Canadá,
es Doctor en Ciencias Fisicomatemáticas y uno de los
principales filósofos contemporáneos. Posee diez doctorados
honoris causa y tres profesorados honorarios, siendo miembro
del Institut International de Philosophie, de la Académie
Internationale de Philosophie des Sciences y de la Academy of
Humanism. Su último libro es “Las ciencias sociales en
discusión” (Ed. Sudamericana). Mario Bunge es así mismo
miembro de ARP-Sociedad para el Avance del Pensamiento
Crítico
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LA CIENCIA Y SUS ERRORES Por: Javier Armentia
De entre los muchos aspectos que se han tratado en los medios
de comunicación a raíz de la presentación de los dos
proyectos sobre el genoma humano la semana pasada, uno de los
que más comentarios ha generado ha sido que los humanos
tenemos “sólo” unos treinta o cuarenta mil genes, frente
a los cien mil que se estimaba inicialmente. Tan solo una
tercera parte más que el gusano Caenorhabditis elegans, e
incluso menos de la mitad de los de una planta. Por un lado,
la complejidad de un ser humano no viene solamente del número
de genes: cada gen humano se organiza de forma muy intrincada,
permitiendo la producción de varias proteínas, unas tres en
promedio, frente a la idea de mediados de los ochenta de que
cada gen codificaría solamente una proteína. Por otro lado,
las propias proteínas son más complicadas, con una
estructura variable en su geometría y en su función.
Además, en ciertas zonas de los cromosomas se acumulan más
que en otras los cambios o diferencias que existen entre
diferentes individuos, posibilitando una plasticidad que no se
da en otros genomas estudiados. Finalmente, hay una gran
proporción de ADN que no contiene información, pero que,
según algunos investigadores, podría trabajar conjuntamente
con genes de otras zonas de las cadenas para producir
diferentes proteínas.
En cualquier caso, ¿de dónde se sacaron los científicos eso
de los cien mil genes humanos? El responsable parece ser el
premio Nobel Walter Gibert, que hizo una estimación “a ojo
de buen cubero” en 1984 que posteriormente muchos
mantuvieron sin volver a calcular. De hecho, mientras se
iniciaba el Proyecto Genoma Humano, se mantuvieron esas cifras
y posteriormente se fueron reduciendo: en la presentación que
hizo Clinton en junio del año pasado aún se hablaba de entre
cincuenta y ochenta mil genes. Un pequeño error que no cambia
la significación y la trascendencia de una noticia. Pero que
nos recuerda que, en ciencia, los errores existen, y a veces
han podido llegar a ser mantenidos durante mucho tiempo. “Algunos
son resultado de la falta de cuidado; otros vienen de la
arrogancia; otros son culpa de la ignorancia y las
preconcepciones; algunas veces es una espectacular mala
suerte; y otras veces hay que achacarlo a la frágil moral
humana” comenta Robert M. Youngson, médico autor de un
libro titulado “Torpezas científicas: una breve historia
que cuán errados pueden estar a veces los científicos” (no
traducido al castellano, la edición inglesa es de la
editorial Robinson, 1998), en el que analiza numerosos casos
en los que la ciencia ha metido la pata.
Un caso paradigmático de las diversas circunstancias que se
juntan a veces en los errores es el llamado “caso de los
rayos N”, una misteriosa radiación descubierta por el
físico francés René Blondot en 1903, unos pocos años
después del descubrimiento de los rayos X y de la
radiactividad. Los rayos N eran muy especiales, porque
atravesaban casi cualquier tipo de materia, pero no la madera
o el cartón mojado, por ejemplo. Se podían difractar con un
prisma y no eran alterados por los campos magnéticos.
Diversos laboratorios franceses comenzaron a reproducir los
resultados de Blondot, pero curiosamente fuera de este país
no había manera de medirlos. La revista Nature envió al
laboratorio de Blondot a un físico norteamericano, Robert
Wood, para comprobar in situ los experimentos franceses. En un
momento de oscuridad, Wood retiró un prisma que se suponía
era fundamental para la experiencia, pero resultó que todo
funcionaba igual. La denuncia del fiasco por parte de Wood
provocó un aluvión de quejas, y durante unos meses casi era
una cuestión nacional para los físicos franceses frente a la
arrogancia del investigador norteamericano. Evidentemente, ya
nunca más se habló de esa nueva e inexistente radiación.
Algo parecido se repitió casi ochenta años después, cuando
en un laboratorio francés el equipo dirigido por Jacques
Benveniste afirmó haber confirmado que los medicamentos
homeopáticos actuaban in vitro. El artículo fue publicado en
1988 la revista Nature, pero lo sorprendente del resultado (al
fin y al cabo las disoluciones extremas que empleaban no
contenía ni una sola molécula del principio activo, algo que
va en contra de las conocidas leyes de la química y de la
física) hizo que la propia revista encargara a un equipo
investigar el asunto. El resultado fue palmario: se
descubrieron numerosos fallos de control que facilitaban el
error. Por otro lado, se descubrió que el proyecto estaba
financiado por una compañía farmacéutica productora de
pseudomedicamentos homeopáticos. La controversia duró un
tiempo, también esta vez con tintes nacionalistas y aireando
mucho el orgullo herido de Benveniste, entre otras cosas
porque uno de los miembros del equipo investigador de Nature
era un ilusionista, James Randi, conocido por sus demoledores
análisis de las investigaciones psíquicas. Lo cierto es que
experimentos similares realizados posteriormente con adecuados
controles no encontraron nada a favor de las afirmaciones
homeopáticas.
Hace sólo cinco años, el anuncio de la fusión fría por
Stanley Pons y Martín Fleischman volvió a poner de
manifiesto cómo los científicos pueden equivocarse, entre
otras razones debido a que, es fácil confundirse entre las
llamadas “cuatro Pes” (un término del químico Nicholas
J. Turro): no es lo mismo posible, que plausible, que
probable, o que probado. Lo posible incluye todas las ideas
que no violan los principios básicos de la ciencia; lo
plausible limita más, porque dentro de lo posible toma
aquello que razonablemente se podría comprobar. Lo probable
describe la ciencia normal, el avance en áreas desconocidas
de la mano de lo que se conoce. Finalmente, lo probado supone
la aplicación de los principios y la comprobación de las
hipótesis.
Los casos mencionados son ejemplos de lo que el químico
Irving Langmuir denominó “ciencia patológica”, mostrando
cómo los científicos se equivocan, y a veces abundan en sus
errores porque frente a su deber metodológico anteponen sus
intereses, sus preconcepciones o su propio orgullo. En nuestro
país, un ejemplo de ciencia patológica puede ser el asunto
de la mandíbula descubierta en unas excavaciones
paleontológicas en Orce (Granada), a mediados de los ochenta,
que fue presentada como el primer homínido europeo aunque las
pruebas parecían indicar que realmente se trataba de una
mandíbula de caballo.
Graves consecuencias
En otro libro reciente sobre el tema, (“Ciencia Vudú: el
camino de la locura al fraude”, Oxford, 2000), el físico
Robert Parker plantea que además de la ciencia patológica
los errores evolucionan a veces hacia la ciencia basura, “científicos
que usan su experiencia para engañar o confundir a otros”,
la pseudociencia “que tiene el aspecto de la ciencia, pero
no aporta ninguna evidencia”, hasta llegar al fraude con
intereses comerciales. Los ejemplos son incontables, y abarcan
casi cualquier rama de la ciencia. De su peligrosidad da un
buen ejemplo el caso soviético del agrónomo Trofim
Denisovich Lysenko. Sus teorías lamarckianas, según las
cuales una especie puede adquirir durante su vida
características que pasan a las siguientes generaciones,
llevaron a costosos (y desastrosos) programas de cultivo de
cereales en condiciones extremas. La enorme influencia
política de Lysenko no sólo provocó que la investigación
biológica rusa quedara atrasada más de un decenio en los
años 30, sino que condujo a importantes problemas de
abastecimiento de comida en la época de los comienzos de la
II Guerra Mundial.
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El País http://www.elpais.es/
VACAS LOCAS, HOMBRES IGNORANTES Por: Álvaro Delgado-Gal
Las instituciones son como nuestra piel: sólo notamos que
existen cuando se irritan o desgarran al contacto de un cuerpo
extraño. Tal ha sucedido, y seguirá sucediendo durante un
tiempo, con motivo de las vacas locas. Ni los Gobiernos, ni
las administraciones, ni los consumidores estaban preparados
para hacer frente a una epidemia de características
peculiarísimas y silueta penumbrosa. De resultas, se han
disparado cien tiros al aire por cada uno que daba en la
diana. Trazaré, sumarísimamente, el perfil general de los
hechos, para ir luego a consideraciones más personales. En
1988 se determina en Gran Bretaña una conexión entre la EEB
en las vacas y la ingestión de piensos que contienen carne
reciclada de oveja. Una variedad de encefalopatía
espongiforme, conocida aquí como 'tembladera', era endémica
en el ganado lanar británico; la gran, trágica novedad, es
que el prión letal ha saltado la barrera entre las especies y
penetrado en la cabaña vacuna. La Administración prohíbe
los piensos en Gran Bretaña, aunque no su exportación. El
Parlamento, por cierto, da luz verde a esta decisión
lamentable. Se extiende la mancha de aceite, y la Comisión
Europea decide, en 1990, seguir una política de cencerros
tapados. Existen enormes intereses por medio, y se piensa que
el consumo de carne infectada no es peligroso para el hombre.
Los ingleses, y no sólo los ingleses, han estado ingiriendo
durante siglos ovejas enfermas, y hasta la fecha nunca le
había sucedido nada a nadie. El resto, ya se sabe. El prión
que se ha infiltrado en el cerebro de la vaca se ha infiltrado
también en nuestro cerebro, y los Gobiernos han transitado
desde el sigilo oligárquico hasta el desconcierto absoluto.
Tan pronto llaman a la calma como insinúan campañas magnas
para finiquitar a todas las reses que hayan podido codearse
con la proteína mutante.
¿Cómo interpretar esta sucesión de carambolas? Los
aficionados al género negro han elaborado ya una teoría
cerrada en torno a lo ocurrido. Hubo una colusión culpable
entre el dinero gordo y la política, y de aquellos polvos
vienen estos lodos. La teoría, sin embargo, no me convence.
El dinero gordo y los políticos son racionales, y no parece
probable que se expusieran de modo deliberado a un desastre de
la envergadura del que a la sazón nos aflige. Yo me inclino
más... por otra tesis: la tesis de la ignorancia. Para
tomarle a ésta su auténtica medida recomiendo la lectura de
un artículo publicado en Nature el pasado verano (volumen
406, 10 de agosto del 2000). Sus autores -Azra C. Ghani, Neil
M. Ferguson, Christl A. Donnelly y Roy M. Anderson- especulan
en él sobre el número de gente que en Gran Bretaña podría
morir por la ingestión de carne infectada. Y el abanico que
manejan dibuja un ángulo obtuso: en el mejor de los casos,
algo menos de cien, y en el peor, cientos de miles. ¿A qué
se debe este desnivel fabuloso?
En esencia, a que se desconoce el periodo de incubación de la
enfermedad. Si éste fuera corto, el descenso de muertes en el
99 (14 frente a 18 en el año anterior) señalaría un receso
de la epidemia y el cómputo fúnebre tendería a adquirir
proporciones modestas. Tal es la hipótesis por la que
abrumadoramente se sienten tentados los expertos. Ahora bien,
el periodo de incubación podría ser largo. Podría durar
tanto, por ejemplo, como la vida media de un hombre. En este
caso, la inflexión a la baja habría de leerse en una clave
distinta, y no sería prudente descartar futuribles
catastróficos. A esta incertidumbre abismal conviene añadir
la dificultad enorme de reunir información sistemática. Si
la enfermedad estuviera causada por un virus podrían
realizarse pruebas en vivo. Se tomaría una muestra pequeña
del individuo -animal o humano- bajo sospecha y se
aprovecharía el material genético del virus para obtener una
masa útil de material analizable. Pero como el prión no es
un virus, sino una proteína, y carece de material replicante
es menester rebanar parte del cerebro del afectado o posible
afectado en orden a investigar su estado de salud. Y lo
último no se puede hacer sin causarle la muerte. Los tests
post mortem se hallan sujetos también a incertidumbres
varias. ¿Cuán avanzada ha de estar la enfermedad en la res
para que el test dé positivo? ¿Es preciso que el periodo de
incubación haya cubierto un 50% del tramo total? ¿O quizá
un 75%? No se sabe todavía, y como no se sabe, las
extrapolaciones epidemiológicas divergen unas de otras de
modo espectacular. Los autores del artículo señalan que en
su enumeración de futuribles han introducido cinco millones
de combinaciones de parámetros. Así las cosas, es inhacedero
comprometerse a predicciones concretas.
El efecto de este desconocimiento objetivo será la adopción
de precauciones máximas, con costes altísimos. Imaginen a un
director general de Tráfico al que ponen en el brete de
garantizar que no habrá accidentes mortales en carretera. Un
accidente puede verificarse por un fallo mecánico, o por el
mal estado del piso, o porque el conductor ha sufrido una
embolia, o porque es imprudente, o porque se ha distraído
mirando el paisaje. Todo esto, y mucho más, puede ocasionar
un accidente. A nosotros nos consta, experimentalmente, cuál
es el peligro de conducir un coche, y por lo común, lo
asumimos. Ahora bien, ¿lo asumiríamos si ignorásemos el
riesgo real anejo a cada causa posible de accidente, o sólo
estuviéramos en situación de adelantar conjeturas vagas?
Pues, seguramente, no. Cundiría el pánico y se paralizaría
el tránsito por carretera. Algo equivalente podría acontecer
en lo que se refiere a la epidemia de las vacas locas. La
presión ciudadana y el susto de los políticos pueden
llevarnos a cualquier sitio. Y la adopción de decisiones
resulta, de nuevo, muy complicada. Paso ahora a discutir el
reflejo de todo esto en la opinión. Se han suscitado puntos
interesantes en los planos político y moral. Les mencionaré
los tres que, a mi ver, son más notables. El primero... se
refiere al afán de lucro como desencadenante del desastre. Se
ha afirmado que el uso de piensos cárnicos, dispensados a las
vacas con el propósito de mejorar su rendimiento, está en el
origen de la epidemia. Y de ahí se ha procedido a la enésima
condena de la economía de mercado.
El argumento... no se sostiene. Primero, porque no han sido
los piensos cárnicos, sino los piensos cárnicos infectados,
los responsables presuntos del mal. Y segundo, porque vuelve a
hacerse evidente que no se comprende bien el papel enormemente
positivo del afán de lucro, siempre que éste se halle
contenido por la ley y el sentido común. Baste este
recordatorio elemental: la ciencia no habría contribuido a
mejorar nuestro nivel de vida a no ser por la existencia de
quienes han intentado convertirla en algo inmediatamente
útil. Y estos sujetos puente no han sido sólo científicos;
muchas veces han sido personas que buscaban extraer de su
mediación un beneficio. Disponemos de un contraejemplo
elocuente en la Unión Soviética. La última generó ciencia
excelente, al menos en física y matemáticas. Pero faltaban
los mecanismos del mercado, que articulan la demanda con la
oferta. En consecuencia, los soviéticos vivieron muy por
debajo de su grado de desarrollo técnico. Bienvenidos sean,
en fin, los avariciosos, si sirven para que todos prosperemos.
El segundo punto integra una inversión del primero. He oído
vincular la epidemia al proteccionismo económico de la Unión
Europea. Esto es parcialmente cierto. Si hubiéramos comprado
la carne a los argentinos, cuyas vacas pacen hierba, no nos
habríamos contaminado. Ahora bien, el argumento no demuestra
lo que pretende demostrar: a saber, que el mercado garantiza,
por definición, que todo marchará sobre ruedas.
Para apreciarlo es suficiente con sumar dos y dos. El mercado
es eficiente cuando el propio consumidor se erige en el mejor
juez de lo que le conviene. Pero cuando al consumidor le
faltan elementos de juicio, la cosa cambia. Imaginemos una
situación ideal -lo de 'ideal' suena a sarcasmo, lo admito-
desde el punto de vista de la transparencia informativa:
cuando usted ingiere se tiñe de verde clorofila vaca loca e
instantáneamente cae muerto al suelo. Transcurridos unos
meses, el consumidor habrá rastreado las fuentes de carne
infectada y castigado económicamente al productor peligroso.
Al cabo, tras equis número de fallecimientos, el mercado
habrá desalojado a los que expenden carne en malas
condiciones.
Naturalmente, no estaríamos dispuestos a pagar semejante
precio para sanear la oferta de carne. Pero el quid no es
éste. El quid, aquí, reside en que no es fácil establecer
conexiones causales entre lo que usted come y lo que le pasa
luego. Ya que, a lo mejor, 'luego' significa 'cuarenta años'.
Los consumidores no podemos calcular cuando nos lo fían tan
largo. Clarísimamente, el testigo está en manos de los
científicos y los responsables públicos, no del mercado.
El tercer punto es ecológico. Se ha propuesto un retorno a la
agricultura y ganadería tradicionales, al alimento sano y sin
presencia interpuesta de tecnologías peligrosas. La idea es,
en parte, apresurada, y en parte, impracticable. Es apresurada
en la medida en que la tecnología alimentaria está salvando
muchas vidas. Y no sólo porque evita desnutriciones, sino
porque produce salud. Con probabilidad enorme, el uso de
conservantes, y la eliminación consiguiente del botulismo, ha
impedido muchas más muertes de las que vaya a generar el vCJD.
Tampoco valen las jeremiadas laterales contra la agricultura
transgénica: la inserción de genes en el DNA de una especie
distinta prolonga, en un plano nuevo, una tradición
intervencionista por parte del hombre que se remonta al
Neolítico. Las plantas, en su estado primigenio, no han sido
por lo común inventadas para que usted se las coma sin
ponerse malo. Condenar sin matices la tecnología alimentaria
equivale, en fin, a vivir en el mundo imaginario de la
señorita Pepys.
Aparte de esto, nos encontramos con que no hay alternativas.
Los países muy, muy ricos se encuentran quizá en situación
de alimentarse con productos obtenidos por procedimientos
naturales. O, mejor dicho, en situación de alimentarse con
productos importados de naciones en que la abundancia de suelo
permite el cultivo de plantas por procedimientos naturales.
Pero ¿qué me dicen del conjunto del planeta? Hacia el 2050,
la población humana habrá alcanzado la cima de los nueve mil
millones de habitantes. Los demógrafos confían en que se
verifique a renglón seguido una descompresión poblacional.
Los nueve mil millones, con todo, no nos los quita nadie. Y
habrá que nutrirlos de alguna manera. La tecnología es el
aliado insoslayable. Lo que no sea esto será escenificar las
Bucólicas virgilianas al son del caramillo ecologista.
Bonito, desde luego. Aunque asequible a pocos.
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El Correo http://www.elcorreodigital.com/
DESCUBREN UN MECANISMO POR EL QUE UN GEN PUEDE FABRICAR HASTA
VEINTE PROTEÍNAS Por: Luis Alfonso Gámez - Bilbao
Sería una de las claves para entender el porqué del reducido
número de genes humanos
La principal sorpresa del mapa del genoma humano ha sido el
reducido número de genes. Entre 30.000 y 40.000, frente a los
100.000 estimados por la mayoría de los científicos. Es
decir, sólo el doble que una mosca o una lombriz intestinal.
La clave de la complejidad estribaría, por consiguiente, no
tanto en el número de genes como en la capacidad de éstos de
producir más proteínas, que son al final las encargadas de
controlar los procesos biológicos. En esa línea,
científicos de la Universidad Johns Hopkins han dado con un
mecanismo -visto antes en plantas y microorganismos, pero que
nunca se había revelado esencial para la fabricación de
proteínas- por el cual un gen puede producir hasta una
veintena de proteínas.
El ADN, la molécula de la herencia, está contenido en los
cromosomas y tiene forma de doble hélice. Es como una
escalera de caracol cuyas barandillas se unen entre sí por
peldaños formados por dos ‘letras químicas’. Cada
barandilla aporta la mitad de un escalón -una ‘letra’- y
los genes se ‘leen’ en cada lado de la escalera en
sentidos contrarios, hacia arriba o hacia abajo. Los biólogos
pensaban hasta ahora que «la información de un gen que
codifica una proteína estaba contenida en sólo una de los
dos hebras del ADN», una de las barandillas y sus
correspondientes ‘letras’. El ARN (ácido ribonucleico)
mensajero, que lleva esa información hasta la zona de la
célula donde se fabrican las proteínas, sería una copia de
una única hebra.
Mutaciones anuladas
Esta concepción se viene abajo con un hallazgo del equipo de
Víctor G. Corces, director del Departamento de Biología de
la Universidad Johns Hopkins, del que esta semana da cuenta
‘Nature’. Corces y sus colaboradores han descubierto que,
cuando dos genes se encuentran en una misma región del ADN,
pero en hebras diferentes, los ARN resultantes pueden
combinarse entre sí, «siempre que tengan fragmentos en
común», dando lugar a proteínas nuevas y diferentes a las
que crearían por separado. «Es como si el ARN copia de una
hebra contuviera las instrucciones para fabricar un vídeo y
el de la otra, las de una televisión. Al combinarlas,
tendríamos las instrucciones para fabricar un solo aparato
que fuera a la vez vídeo y televisión», ha explicado el
investigador a EL CORREO.
Los científicos descubrieron la trascendencia de este
mecanismo en la generación de proteínas cuando trabajaban
con un gen de la mosca de la fruta. «Lo encontramos por
suerte», reconoce Corces, nacido en Asturias y residente en
EE UU desde hace veintitrés años. Tras identificar dos
mutaciones del gen, cada una de las cuales hacía que una
misma proteína dejara de funcionar y la mosca muriera, las
combinaron. Esperaban que el resultado fuera una proteína que
aunara los defectos de ambas mutaciones. Sin embargo, se
encontraron con una proteína en la que no se sumaban las
mutaciones, sino que se corregían.
Más proteínas
Fue Mariano Labrador, otro miembro español del equipo, quien
apuntó la posibilidad, luego confirmada, de que el resultado
se debiera a que las dos moléculas de ARN se habían
combinado entre sí para formar la nueva proteína. Un
fenómeno que los biólogos conocen como ‘trans-splicing’,
algo así como ‘trans-montaje’ y que, en este caso, había
hecho que la nueva proteína se produjera a partir de las
secuencias correctas de cada hebra de ADN, desdeñando los
errores.
«La conclusión principal de nuestro estudio es que el ARN
que codifica una proteína determinada, que hasta ahora se
pensaba que sólo se formaba por un gen específico, también
se puede formar por la combinación de los ARN de dos genes»,
indica Corces. El hallazgo que explicaría cómo, a pesar de
no tener muchos más genes que otros organismos, el ser humano
es mucho más complejo. «Si las células pueden hacer más
proteínas usando el ‘trans-splicing’, quizá no se
necesiten tantos genes». De hecho, en el gen estudiado de la
mosca de la fruta, nada menos que veinte.
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El Mundo http://www.el-mundo.es/
ESTADOS UNIDOS: IDENTIFICAN LA PARTE DEL CEREBRO QUE MARCA EL
RITMO DE LA VIDA. EFE - Washintong
Estos mecanismos nos indican que ha llegado la hora de comer,
o cuándo es el momento preciso para patear una pelota —
Según este estudio, el cerebelo no sería la estructura clave
para la percepción del tiempo
El sentido del paso del tiempo, con el cual marcamos los
ritmos en nuestras actividades cotidianas, proviene de un
circuito que relaciona una región en lo hondo del cerebro con
el lóbulo derecho.
Un equipo de investigadores en el Colegio Médico de Wisconsin,
en Milwaukee, y del Centro Médico para Veteranos en
Albuquerque, Nuevo México, ha identificado los mecanismos del
cerebro que nos indican que ha llegado la hora de comer, o
cuándo es el momento preciso para patear una pelota o pulsar
la cuerda en una guitarra.
Lo sorprendente del estudio, que publica la revista ‘Nature
Neuroscience ’, es que contradice el consenso que por mucho
tiempo ha habido en la comunidad científica según el cual el
cerebelo es la estructura clave del cerebro para la
percepción del tiempo. El nuevo estudio es el primero que ha
demostrado que las áreas más importantes para el marcapasos
cerebral son los ganglios basales, hundidos en la base del
cerebro, y el lóbulo parietal derecho.
El investigador principal, Stephen Rao, profesor de
neurología en el Colegio Médico, dijo que las conclusiones
de ese estudio podrían aplicarse para una mejor comprensión
de los trastornos neurológicos. «La identificación del
área del cerebro que regula nuestro sentido del tiempo
permitirá que estudiemos la percepción defectuosa del tiempo
como la que se ha observado en pacientes con el Mal de
Parkinson, y el déficit de atención o hiperactividad»,
añadió Rao. «Comúnmente se piensa que estos dos males
están relacionados con un funcionamiento anormal de los
ganglios basales», dijo el investigador.
Para la mayoría de los aspectos de la conducta humana es
crucial la capacidad de tomar decisiones en períodos que van
de 300 milisegundos a 10 segundos y, aunque la teoría
científica presume la existencia de «cronómetros»
cerebrales, la ubicación de los mismos ha sido difícil.
Imagen por resonancia magnética
El equipo de investigadores encabezado por Rao empleó una
novedosa técnica de imagen por resonancia magnética
funcional (FMRI por su sigla en inglés) que registra, segundo
a segundo, los cambios en la actividad del cerebro, y así
identificaron las regiones de ese órgano que forman el
sistema de percepción del tiempo.
Los científicos hicieron FMRI de 17 hombres y mujeres
jóvenes y voluntarios mientras se les pedía que percibieran
la duración del tiempo entre presentaciones de dos tonos
consecutivos. Un segundo más tarde se presentaron dos tonos
más, y se pidió a los sujetos que opinaran si la duración
entre los segundos tonos era más corta o más larga que entre
los dos primeros. Para asegurarse de que identificaban
claramente los sistemas del cerebro relacionados con la
percepción del tiempo, los investigadores asignaron a los
sujetos dos tareas de control que requerían escuchar los
tonos o discernir la nota, pero sin un juicio sobre su
duración.
De esta manera se aislaron las áreas del cerebro activadas
durante la presentación de los primeros dos tonos, cuando los
sujetos sólo atendían a la percepción del tiempo. Y estas
áreas resultaron ser los ganglios basales y la corteza
cerebral en el lóbulo parietal derecho. Los ganglios basales
tienen células nerviosas que, como todas, se rodean del
neurotransmisor dopamina, el cual muestra una disminución en
los pacientes con el Mal de Parkinson que experimentan
problemas con la percepción del tiempo.
Cuando a estos pacientes se le administra un medicamento que
aumenta los niveles de dopamina en el cerebro se atenúan
parcialmente sus dificultades con el manejo del tiempo.
También se ha observado una percepción defectuosa del tiempo
en los pacientes con el Mal de Huntington y los que presentan
hiperactividad o déficit de la atención.
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El País http://www.elpais.es/
UN EXPERIMENTO DA PISTAS SOBRE NUEVAS PARTÍCULAS
SUPERSIMÉTRICAS Por: James Glanz – Nueva York
Unas nuevas observaciones de partículas subatómicas parecen
no encajar en las teorías aceptadas que explican la materia,
según han anunciado científicos del Laboratorio Nacional de
Brookhaven (EE UU). Los resultados pueden ser indicios de un
nuevo tipo de materia nunca visto antes. Si el hallazgo se
confirma, el núcleo de la teoría subatómica, el modelo
estándar, sería 'insuficiente para describir nuestro
universo', dice Thomas B. Kirk, de Brookhaven.
Los científicos del experimento, de Alemania, Japón, Rusia y
EE UU, advierten que los resultados pueden ser sólo efectos
estadísticos de los datos, pero que han hecho medidas muy
laboriosas de unos mil millones de las partículas llamadas
muones para reducir a un 1% la probabilidad de error. Los
muones son primos de los electrones y en estos experimentos se
ha medido la respuestas de estas partículas a campos
magnéticos. Los resultados muestran una desviación de las
predicciones basadas en el modelo estándar sobre la
fluctuación cuántica de los muones en presencia de un campo
magnético intenso.
La mecánica cuántica indica que el espacio aparentemente
vacío es, en realidad, un océano de partículas virtuales
que aparecen y desaparecen instantáneamente y pueden
interactuar con los muones. El modelo estándar indica cómo
calcular la fluctuación de las partículas conocidas de ese
océano subatómico, y eso se ha medido y verificado con
precisión. Pero las nuevas medidas difieren de las
predicciones, lo que sugiere que están escondidas también
partículas desconocidas.
Aunque el modelo estándar no predice dichas partículas, su
existencia no sorprendería a los físicos. Pese al éxito de
esa teoría al explicar datos experimentales, probablemente no
representa la ley de la naturaleza a su nivel fundamental.
Para superar esto, se ha desarrollado una teoría muy
especulativa llamada supersimetría con nuevas partículas
supersimétricas. Su existencia podría explicar la
fluctuación de los muones medida en Brookhaven.
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CNN http://www.cnnenespanol.com/
EL VERDADERO ORIGEN DE LA ASPIRINA Por: Matías Loewy –
Salutia Noticia enviada por: Enrique Márquez
Félix Hoffmann, un químico de 29 años, intentaba
desarrollar una variante menos tóxica de un analgésico de la
época cuando se topó con lo que sería la solución
"mágica" para una amplia variedad de malestares. Su
padre, casi postrado por un reumatismo crónico, le había
rogado que descubriera un medicamento que, a diferencia del
salicilato de sodio, aliviara sus dolores sin destrozarle el
estómago.
El 10 de agosto de 1897, el talentoso hijo tuvo éxito: anotó
en su cuaderno de laboratorio que había logrado producir
ácido acetilsalicílico (ASA) puro, una sustancia que poco
después se haría famosa mundialmente con el nombre de
aspirina.
En el mundo farmacéutico, la leyenda de este descubrimiento
es casi tan conocida como el mismo fármaco. Pero la historia
no es rigurosamente exacta.
Walter Sneader, un científico escocés de la Universidad de
Strathclyde, en Glasgow, acaba de proponer que Hoffmann no
fabricó la aspirina por pedido de su padre sino por las
órdenes de su supervisor, el jefe de la sección
farmacéutica de Bayer, Adolf Eichengrün. Y que sin la
intervención de este último la droga descubierta jamás
habría salido al mercado.
Casi medio siglo más tarde, en 1949, el mismo Eichengrün se
lamentó amargamente de que su papel en el descubrimiento de
la aspirina hubiera sido relegado casi por completo. Sneader
sugiere ahora en el British Medical Journal que la omisión no
habría sido ajena al hecho de que a Eichengrün (que era
judío) le tocó vivir en la Alemania nazi de Hitler.
Los primeros equívocos
La leyenda sobre el descubrimiento de la aspirina apareció
por primera vez en 1934 en el pie de página de un libro sobre
la historia de la ingeniería química, escrito por Albrecht
Schmidt, un ex empleado de Bayer. En el mismo también se
asegura que Hoffman decidió formular no sólo el ASA sino
otros derivados del ácido salicílico, la molécula madre del
salicilato de sodio, pero sin el propósito de encontrar un
medicamento.
El escocés Sneader, un farmacéutico doctorado en química
medicinal que escribió tres libros sobre el descubrimiento y
desarrollo de fármacos, revela que esa afirmación es falsa,
porque los otros derivados también fueron patentados pocos
años después con la esperanza de convertirlos en herederos
de la aspirina. "Se los desarrolló con una finalidad
terapéutica. Si esa parte del pie de nota es poco creíble
(...) ¿Hay que creerle al resto?", se pregunta. Luego
demuestra por qué no.
En realidad, nadie discute que el ASA no vio la luz en una
probeta de Hoffmann. Un químico francés, Charles Gerhardt,
la inventó sin refinar en 1853, y 16 años más tarde el
alemán Karl-Johann Kraut la sintetizó en forma más pura y
describió correctamente su estructura. El mérito de Hoffmann
sería haber dado con el primer procedimiento para fabricar la
droga sin impurezas y en forma químicamente estable. En su
famosa anotación manuscrita del 10 de agosto de 1897, el
químico de Bayer escribe que el ASA tiene propiedades
físicas ventajosas en comparación con el ácido salicílico
(y que por eso) "se estudiará su posible utilización en
ese contexto".
Sneader detecta aquí un malentendido, fruto de las
ambigüedades del idioma alemán. Según él, esa frase en su
lengua original también puede leerse como que la droga
"(ya) está siendo estudiada", o sea, que Hoffman
sólo la fabricó para suministrar más materia prima con la
cual seguir las investigaciones.
¿Qué investigaciones? Analizando diversas fuentes
documentales, Sneader deduce que Eichengrüm instruyó a
Hoffmann para producir derivados del ácido salicílico en
abril de 1897. El objetivo era desarrollar un analgésico con
menos efectos adversos que el salicilato de sodio (irritación
gástrica, zumbidos en los oídos o náuseas), según afirma
Eichengrün en un trabajo que publicó en diciembre de 1949 en
la revista Pharmazie, el mismo mes de su muerte a los 82
años. Nunca se encontraron constancias escritas de ese
trabajo porque Hoffmann recién empezó a tomar apuntes de sus
experimentos en mayo de ese año.
Las cosas ocurrieron luego en forma vertiginosa. Eichengrüm
habría estado presente cuando Heinrich Dreser, el encargado
de los ensayos farmacológicos de Bayer, estudió la aspirina
en ratones. Dreser, un reputado profesor de la Universidad de
Bonn que tenía poder de veto sobre qué investigaciones
continuaban y cuáles no, concluyó erróneamente que el
fármaco no era viable porque era nocivo para el corazón.
Pero Eichengrüm, tenaz, habría tenido tanta confianza en la
aspirina que la probó en él mismo y luego la distribuyó
subrepticiamente entre los médicos y dentistas de Berlín
para que la ensayaran. Los resultados antifebriles y
analgésicos fueron espectaculares, pero Dreser -según
palabras de Eichengrüm- seguía encogiéndose de hombros:
"Es la presunción habitual de Berlín; el producto no
vale nada".
En el excelente libro Las guerras de las aspirinas, Charles
Mann y Mark Plummer atribuyen el desliz de Dreser a una simple
distracción: estaba demasiado entusiasmado con otro exitoso
producto de Bayer recientemente lanzado, un sedante para la
tos, la heroína.
Sea como sea, la historia de la aspirina finalmente llegó a
oídos del jefe de investigaciones de Bayer, Carl Duisberg,
quien ordenó chequear los resultados por un farmacólogo
independiente. Sneader supone que ese habría sido el motivo
para que Hoffman pusiera manos a la obra y volviera a fabricar
la droga, ese célebre 10 de agosto de 1897.
Por qué calló Eichengrün
El resto de la historia puede imaginarse. Nuevos ensayos de
laboratorios y reportes favorables de médicos torcieron la
negativa inicial de Dreser e impulsaron el lanzamiento
comercial de la aspirina a mediados de 1899. La repercusión
fue inmediata y pocos años después el remedio lo vendían
desde las farmacias de Siberia hasta las de San Francisco.
Ahora bien: si el pie de página que describía por primera
vez el descubrimiento de la aspirina apareció en 1934, ¿por
qué Eichengrüm esperó 15 años para refutarlo y dar su
versión de los hechos? Los motivos -afirma Sneader- se
desprenden de la situación de Eichengrüm en ese tiempo. Tras
dejar Bayer en 1908 estableció su propia fábrica en Berlín,
donde produjo exitosamente materiales resistentes a las
llamas. Pero para cuando se publicó el reporte que le
asignaba todos los méritos a Hoffmann, los Nazis habían
prohibido a los judíos tomar posiciones independientes en la
vida económica del país. "Se imponía el perfil
bajo", resume Sneader.
Eichengrüm, quien era judío, tuvo que entregar su empresa y
finalmente fue confinado en 1944 al campo de concentración de
Theresiendstadt. El viejo industrial languideció durante 14
meses hasta ser rescatado por los soviéticos. Su figura sólo
comenzó a ser rescatada por colegas en 1947, en ocasión de
cumplir 80 años.
En el trabajo de Pharmazie, Eichengrün se anima finalmente a
dar su versión y desliza la idea de que fue expulsado de la
historia por el solo hecho de ser judío. El revisionismo
histórico era frecuente en tiempos de Hitler.
La versión oficial de Bayer, según el libro Cien años de la
aspirina, editado en 1997, es que no existen pruebas
documentales de que Eichengrüm hubiera sido víctima de una
intriga. Ni tampoco colegas que recordaran que él hubiera
propuesto desarrollar el ASA. "Además, la patente
norteamericana de 1900 asigna el descubrimiento a Félix
Hoffmann", agrega el informe. Nadie lo sabe y tal vez
nunca se sepa, pero Sneader dice que las evidencias sugieren
que Eichengrün estaba diciendo la verdad. "Bayer fue
ciertamente afortunada de tener a Eichengrün como empleado,
aunque es poco probable que él hubiera descubierto la
aspirina de no trabajar en la compañía. Bayer (en
definitiva) tiene todo el derecho de celebrar orgullosamente
el centenario del medicamento más usado en la historia",
concluye Sneader.
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Healthscout http://www.healthscout.com/
UNA NUEVA ASPIRINA, EFICAZ PARA EVITAR LOS PROBLEMAS DE LA
ANGIOPLASTIA
Investigadores italianos y estadounidenses han descubierto un
fármaco que podría ser eficaz contra la formación de tejido
en la luz de las arterias tras las operaciones de angioplastia,
un problema que acompaña a muchas intervenciones de este
tipo. Se trata de una aspirina a la que se añade óxido
nítrico. El nuevo medicamento se llama, de momento, NCX-4016.
Esta novedosa aspirina ha sido probada con éxito en ratones,
en los que ha conseguido reducir la frecuencia de restenosis,
que es como se denomina a la formación de tejido cicatrizal
que sucede a las angioplastias.
Esta intervención es muy frecuente y consiste en introducir
un catéter que se infla en la punta para desbloquear las
arterias en las que la placa de ateroma impide el correcto
paso del flujo sanguíneo.
El problema está en que, tras la operación, y por el daño
al que se somete a la arteria, se suele formar un tejido
cicatrizal que, aunque con composición distinta a la placa de
ateroma, acaba, igualmente, generando el bloqueo.
Los investigadores llevan tiempo intentando acabar con este
problema, por lo que la eficacia de este fármaco, de
demostrarse en humanos, sería una buena noticia para los
cardiólogos de todo el mundo.
El estudio, realizado por el premio Nóbel doctor Louis
Ignarro, de la Universidad de California en Los Angeles, UCLA,
y un equipo de investigadores italianos, ha sido publicado en
la última edición de “”.
Los resultados del trabajo sugieren también que la NCX-4016
podría también utilizarse como prevención, tratando a los
pacientes con este fármaco antes de que se sometieran a la
intervención.
Para más Información: Proceedings of the National Academy of
Science http://www.pnas.org/
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El País http://www.elpais.es/
BOSQUES FÓSILES IBÉRICOS Por: Mónica
Salomone, Madrid
Las obras de la autovía del Cantábrico sacan a la luz
secuoyas de hace tres millones de años
Para imaginar el paisaje del norte de España hace tres
millones de años hay que buscar inspiración en el litoral de
California, al oeste de Norteamérica, o en los bosques de
China. Pinos de especies que ya no existen en la cuenca
mediterránea, cipreses y hasta gigantescas secuoyas poblaban
entonces la cornisa cantábrica. Lo ha revelado un bosque
fósil que hace cuatro años salió a la luz gracias a las
obras de la autovía del Cantábrico, y que aún analizan
botánicos de la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de
Montes de Madrid. Es un yacimiento 'fabuloso' que, sin
embargo, nadie podrá volver a visitar, enterrado como está
bajo el asfalto de la autovía. Su estudio y el de otros
yacimientos da datos sobre la antigua flora y el clima
peninsular.
Este grupo de paleobotánica, el único especializado en
España en el estudio de maderas fósiles no carbonizadas,
suele recibir soplos de agentes forestales, o simplemente de
buenos observadores, alertando sobre un posible yacimiento. El
aviso que en 1996 les llevó hasta Caranceja, cerca de
Cabezón de la Sal, provino de geólogos de la Universidad de
Cantabria que a su vez supieron de los investigadores de
Madrid por un artículo publicado en EL PAÍS.
'Nos llamaron, fuimos para allá y nos encontramos con algo
asombroso. Había troncos de hasta 80 centímetros de
diámetro, de especies que no habíamos visto antes en la
Península Ibérica', explica el botánico Carlos Morla. 'La
gente creía que eran palmeras, y también estaban muy
sorprendidos porque allí no las hay ahora', dice su colega
Fernando Gómez Manzaneque.
Palas excavadoras
Las palas excavadoras habían tropezado con los troncos a
varios metros de profundidad. Tras la recogida de muestras los
botánicos volvieron a Madrid. No, no eran palmeras: había
restos de una decena de tipos de árboles, entre ellos piñas
de tres especies de pinos -dos de ellas extintas ya en todo el
Mediterráneo-; de picea -una conífera similar al abeto-; y
también frutos de hayas y maderas de secuoyas. Según los
geólogos el bosque crecía sobre material depositado por el
río Saja, que riega la zona y cuyo trazado ha sido muy
cambiante.
Pese a que a simple vista las maderas no se diferencian de las
actuales -no están mineralizadas-, el estudio de los estratos
geológicos y de otros yacimientos europeos con flora parecida
indicaron a los investigadores que se encontraban ante el
yacimiento más antiguo con que habían trabajado: entre los
dos y tres millones de años de edad, entre el periodo
Terciario y Cuaternario. El carbono 14 sólo sirve para
muestras de hasta 40.000 años, por lo que no ha servido aquí
para una datación más precisa. 'Los cipreses no sorprenden
porque hoy se ven muchos, pero sí es un resultado importante
porque los actuales sólo crecen de forma natural en África,
Asia y sobre todo en América', dice Morla. 'De secuoyas sí
se habían encontrado restos, por ejemplo, en Cataluña. Es
una especie que se extinguió de Europa hace casi dos millones
de años. Estamos ante una flora que sólo se ve hoy en
algunos puntos del planeta, como el oeste de Estados Unidos o
el oriente de Asia'.
La lentitud de las obras de la autovía permitió a los
investigadores volver cuatro veces más al yacimiento, de unos
500 metros cuadrados de extensión. Entre los años 1996 y
1997 recogieron 50 muestras de maderas no carbonizadas, 90 de
carbones y más de un centenar de piñas. Hoy se amontonan en
el departamento de botánica de la escuela y son el material
de la tesis doctoral de Cristina Alcalde, becada por la
Comunidad Autónoma de Madrid. El análisis aún no ha
terminado pero algunos resultados preliminares están
publicados ya en el boletín de la Real Sociedad Española de
Historia Natural. 'Creímos interesante dar a conocer lo antes
posible el hallazgo', explica Morla.
Especialmente de cara al lento pero imparable avance de las
obras de la autovía. Los vetustos troncos están hoy bajo los
carriles y la cubierta vegetal plantada en los taludes
laterales. Para Morla, 'la riqueza de este yacimiento lo
sitúa entre los mejores de la Península. Es una pena que no
haya sido conservado, incluso como atracción
turísticocultural'.
Las muestras de Caranceja comparten espacio en el laboratorio
de botánica con las de otra treintena de yacimientos de toda
la Península, cuya historia está a menudo relacionada con la
de carreteras o presas. 'Lo irónico', dice Gómez Manzaneque,
'es que nosotros nos beneficiemos de los estropicios
ecológicos'.
Doñana
No es el caso del bosque sumergido hallado en la costa de
Huelva, en el Parque Natural de Doñana, también muy valioso
para los investigadores y aún en estudio. Les avisó un
ingeniero de Minas: también aquí los lugareños decían que
las mareas más bajas del año descubrían grandes troncos de
palmeras. 'La marea adecuada sólo se da unos días al año,
así que esperamos casi un año entero y finalmente fuimos con
el correspondiente permiso. También están apareciendo
sorpresas', dice Morla. El yacimiento es del Pleistoceno (hace
entre 2.5 millones y 10.000 años).
El grupo acaba de terminar también el análisis de maderas
halladas en el yacimiento arqueológico de Cal Guardiola, en
Tarrasa, que tiene el valor añadido de tener unos 800.000
años de edad, es decir es contemporáneo de algunos de los
restos de Atapuerca. Las maderas se dataron en Gerona con
técnicas de paleomagnetismo, y también se usaron dataciones
indirectas de otros restos paleontológicos.
En Cal Guardiola no se han encontrado restos de asentamientos
humanos pero sí de unas treinta especies de vertebrados
-desde elefantes y caballos hasta anfibios y animales
marinos-, y unos 2000 fragmentos de maderas fósiles. Su
análisis se recogerá en la tesis doctoral de José María
Postigo, en preparación.
El número de yacimientos valiosos ha crecido en los últimos
tiempos más que la capacidad para analizarlos del grupo,
integrado por tres profesores, dos doctorandos y un estudiante
con un beca de colaboración. Los investigadores tienen que
usar fungicidas para evitar el deterioro de las muestras.
'Tenemos las maderas amontonadas en el departamento.
Necesitamos fondos sobre todo para contratar a más personas y
para pagar las dataciones', dice Morla.
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ARCHIVOS DEL CLIMA ANTIGUO Por: Mónica
Salomone, Madrid
Las maderas fósiles no carbonizadas dan información sobre el
paisaje antiguo y, por extensión, sobre el clima de la
época. Pero para esto último el tipo de resto paleobotánico
más usado es el polen.
Como explica el botánico de la Escuela de Ingenieros de
Montes Javier Maldonado, 'el polen te da un registro continuo
en diversos estratos geológicos de una misma zona; se
observan cambios a lo largo de milenios, mientras que las
maderas dan información de un momento concreto'. Pero según
este experto sólo dos yacimientos de polen analizados hasta
ahora en España -en Burgos y en Zamora- han permitido ya
reconstruir el clima de una zona en un determinado momento. Y
estos trabajos no han servido aún para validar modelos de
evolución de clima. 'En España se conocen menos yacimientos
que en Europa, hay menos tradición', dice Maldonado. Otro
motivo para que el análisis de polen esté más extendido es
que fosiliza más fácilmente que las maderas. Para que éstas
se conserven bien deben estar en medios no oxigenados,
aisladas de la atmósfera. Además de los yacimientos en las
costas, el grupo de Montes los ha encontrado sobre todo en
turberas, 'zonas de acumulación de restos orgánicos,
generalmente, de musgos, con PH muy ácido', explica su colega
Fernando Gómez Manzaneque. Los restos de maderas, una vez
cortados en lonchas de milésimas de milímetro de grosor y
observadas al microscopio, permiten en ocasiones identificar
la especie, al contrario que el polen. Con el grupo de Montes
colaboran expertos en polen; en análisis de anillos de
troncos; y geólogos de las universidades de La Coruña,
Complutense, Politécnica y Autónoma de Madrid.
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Clarín http://www.clarin.com/diario/
LAS CUCARACHAS PUEDEN CAUSAR CRISIS ALÉRGICAS Y ASMÁTICAS
Por: Paula Andalo Noticia enviada por: Enrique Márquez
Según un estudio realizado en EEUU
En un departamento equipado con microcámaras colocaron a 600
cucarachas durante cinco meses. Descubrieron que proteínas
que se encuentran en la saliva y las heces del insecto son muy
alergénicas
Un sabio fumigador dijo alguna vez que era sencillamente
imposible combatirlas. Que eran animales bíblicos, insectos
que habían soportado todo, lluvias de meteoritos, pisadas de
dinosaurios, inundaciones, incendios, insecticidas. Con 290
millones de años de vida, las cucarachas siguen haciendo de
las suyas: un nuevo estudio confirma que pueden provocar
alergias y asma tanto o más que un ácaro.
El trabajo realizado por el Instituto de Investigación del
Hospital de Arkansas y por el Departamento de Agricultura de
los Estados Unidos identificó los antígenos de la cucaracha
asociados con las crisis asmáticas y los colocó, en el
ranking de alergenos (las sustancias que provocan asma), por
debajo de los ácaros.
Los antígenos son proteínas que se encuentran en la saliva,
heces, huevos y piel de los insectos. El trabajo concluyó que
la presencia de cucarachas en los hogares puede
"disparar" la enfermedad, especialmente en chicos
(que son blanco fácil del asma) que viven en las ciudades.
El hallazgo detecta nuevos "amigos" de esta
enfermedad pero también abre puertas a distintas opciones
terapéuticas: según Richard Brenner, médico entomólogo y
director del estudio, pronto se podrán desarrollar
medicamentos a partir de estos antígenos.
El asma es una de las enfermedades más comunes. Aunque no es
curable, puede ser tratada y controlada. En la Argentina, casi
el 5 por ciento de la población la padece, con un enorme
crecimiento anual, según datos de la Asociación para la
Prevención y Asistencia del Asma. Parece ser que aumenta al
ritmo de la vida moderna: a más contaminación, más asma.
Según el Centro Nacional de Salud Ambiental de los Estados
Unidos, en ese país el número de personas con asma pasó de
6,7 millones en 1980 a 17,3 millones en 1998. La mayor parte
de este porcentaje es gente pobre que vive en grandes
ciudades.
Para la Organización Mundial de la Salud, el asma es una de
las ocho enfermedades crónicas más graves. Pero, a
diferencia del cáncer o la diabetes —que integran ese mismo
grupo— encierra, para los científicos, una verdadera
paradoja: la incidencia mundial aumenta a la par del avance de
la ciencia. En la última década, la enfermedad creció casi
un 50 por ciento y hoy afecta a 600 millones de personas en
todo el mundo, según el Instituto Internacional de Asma.
Aunque los índices de mortalidad bajaron un 10 por ciento
respecto de la década pasada, en la Argentina todavía mueren
unas 900 personas por año. Las estadísticas escolares
indican que el 21 por ciento de los chicos que faltan más de
diez días seguidos a clase lo hace por crisis asmáticas. Y
el 70 por ciento de las urgencias del Hospital de Niños
Ricardo Gutiérrez se deben a crisis respiratorias.
Desde que el asma comenzó a tratarse como una enfermedad
inflamatoria —antes los tratamientos sólo se centraban en
el control del broncoespasmo—, reducir la inflamación de
las vías áreas con remedios preventivos para controlar las
crisis comenzó a ser la gran prioridad de la ciencia. Según
coinciden los médicos, el incremento del asma se debe a un
aumento de la polución ambiental combinado con una mayor
exposición a factores alergénicos en las viviendas.
El Instituto Nacional de Pulmones, Sangre y Corazón de
Estados Unidos resalta la importancia del diagnóstico precoz
ya que los alergenos, que inflaman las vías respiratorias y
pueden desencadenar una crisis en el asmático, están en
todas partes: en el aire, los objetos, la ropa y los
alimentos.
Antes de la aparición de los síntomas de la enfermedad,
todavía es poco lo que la medicina puede hacer. Los
especialistas anticipan que faltan más de dos años de
experimentación para una vacuna destinada a disminuir el
anticuerpo de la alergia antes de que éste se exacerbe y
provoque una crisis en el paciente.
Se trata de una enfermedad caracterizada por el estrechamiento
de los bronquios frente a algunos estímulos: sustancias que
producen alergia como el polen o los ácaros, horribles
bichitos microscópicos presentes en el polvo de la casa.
Los ataques de asma varían en frecuencia e intensidad.
Algunas personas que padecen asma están libres de síntomas
la mayor parte del tiempo. Otras, en cambio, tosen, tienen
silbidos al respirar y sienten sensación de ahogo con mayor
frecuencia.
Los alergenos domésticos más frecuentes son los ácaros del
polvo de la casa, ahora en segundo lugar las cucarachas, las
plumas y los pelos de los animales. Disminuir estos agentes
reduce la posibilidad de crisis asmáticas. También es
posible bajar la incidencia quitando las alfombras que van de
pared a pared y manteniendo baja, durante el verano, la
humedad relativa mediante el uso de aire acondicionado.
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EL 'ENVISAT' PASA LAS ÚLTIMAS PRUEBAS ANTES
DEL LANZAMIENTO
El satélite de observación de la Tierra Envisat, de la
Agencia Europea del Espacio (ESA), es un enorme
paralelepípedo de 10 metros de altura y ocho toneladas de
peso que estas semanas se somete a los últimos controles en
un hangar del centro tecnológico de la ESA en Holanda,
apoyado en una estructura metálica como las que sujetan los
focos en los conciertos de rock -encargada a una empresa
especializada en tales eventos-. El satélite emprenderá en
Abril su viaje a Kourou,en la Guyana francesa, desde donde
será lanzado por un cohete Ariane 5 en Julio.
El Envisat ha costado 2.000 millones de euros y es el mayor
satélite de observación de la Tierra jamás hecho. En su
construcción han participado más de un centenar de empresas
europeas, incluidas las españolas CASA, que se ha ocupado de
la estructura exterior, CRISA y Sener.
El principal objetivo del Envisat es continuar el trabajo de
sus predecesores europeos, los ERS 1 y 2 -el primero lanzado
hace una década-. Pero el Envisat medirá más parámetros y
con mucho más detalle. Como explicó Jacques Louet, director
del programa, en una reciente presentación del satélite en
Holanda, el Envisat cuenta con 10 instrumentos a bordo que le
permitirán realizar desde estudios de química atmosférica
hasta de biología marina, incluyendo mediciones de la
temperatura superficial del agua y su altura. Tales datos
servirán para alimentar modelos de cambio climático, de
corrientes marinas y del agujero en la capa de ozono, entre
otros usos.
La órbita del Envisat, que estará a unos 800 kilómetros de
altura, pasa por los polos y cubre el planeta entero como
máximo cada tres días. Sus datos estarán disponibles por
Internet, a un coste variable según su uso sea comercial o
para investigación. El satélite tiene oficialmente cinco
años de vida útil, pero se espera que dure toda la década.
En su agenda hay ya planeadas unas 700 observaciones
solicitadas por investigadores de todo el mundo.
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EL SUCESOR DEL 'HUBBLE' SERÁ MÁS PEQUEÑO
DE LO PREVISTO
Los planes para el heredero del telescopio Hubble, el Next
Generation Space Telescope (NGST), se están revelando
demasiado ambiciosos. Un reciente estudio del equipo de ese
futuro telescopio reconoce la necesidad de introducir cambios
a la baja, como reducir el tamaño del espejo principal. La
NASA ha cancelado por innecesaria, según el estudio, una
misión de demostración planeada para el 2003, la Nexus.
El telescopio espacial Hubble lleva desde abril de 1990 dando
vueltas a la Tierra a 600 kilómetros de altura. Seguirá
haciéndolo otros nueve años y después cederá el puesto al
NGST, en cuyo diseño trabajan ya las agencias espaciales
estadounidense (NASA), europea (ESA) y canadiense (CSA). Ya en
los primeros estudios del NGST, en 1996, se admitía que el
proyecto implicaba 'un gran desafío tecnológico', por
ejemplo, el de un diseño completamente distinto a los
telescopios espaciales que le precederán de aquí a su
lanzamiento, en el 2009. Por eso en sus primerísimos esbozos
el NGST tenía un espejo principal de sólo cuatro metros de
diámetro, pero el año pasado la NASA ya hablaba de un espejo
de ocho metros. Sería además desplegable: dividido en varios
pétalos, se lanzaría plegado para que cupiera en la cofia
del cohete y se abriría cuando el telescopio estuviera de
camino a su órbita final. El equipo del NGST compara su
trabajo con 'diseñar un barco dentro de una botella'.
Ningún telescopio espacial ha usado un espejo así, ni tan
grande (el del Hubble tiene 2,4 metros). Además NGST
observará en el infrarrojo, lo que impone más obstáculos:
los instrumentos deben enfriarse a unos 240 grados bajo cero,
y el propio espejo debe soportar cambios de temperatura de
cientos de grados. Eso obliga a colocar el telescopio a
millón y medio de kilómetros de distancia -lejos de la
influencia de la Tierra y del Sol-, lo que impone severas
restricciones de peso. El NGST debería pesar tres veces menos
que el Hubble.
El pasado año, antes de publicar la convocatoria de ofertas
para el contratista principal del telescopio la próxima
primavera, el equipo del NGST emprendió una revisión
detallada del proyecto. Contaban con dos límites: la fecha de
lanzamiento -necesariamente antes del 2010 si no se quiere
invertir en una nueva misión de reparación del Hubble-; y el
coste económico de la misión. Por ello los expertos han
optado por 'relajar los requisitos acerca del diámetro, área
colectora y temperatura del espejo principal', entre otras
especificaciones. 'Una reducción modesta en el diámetro del
espejo pueden redundar en una mayor dureza sin superar las
restricciones de peso', señalan los expertos, que también
sugieren operar a temperaturas no tan bajas. 'Esto permitirá
hacer verificaciones en tierra mucho más completas [...], lo
que reduce la necesidad de un experimento de validación en
vuelo. La misión Nexus por tanto ha sido cancelada'.
Aunque extraoficialmente se habla de un espejo de seis metros
o mayor, en el estudio los expertos no se comprometen a poner
un límite máximo porque prefieren que sean los aspirantes a
contratista principal los que propongan nuevas soluciones.
Hasta el momento cinco industrias han construido ocho
prototipos de espejos ultraligeros con diferentes
tecnologías.
El NGST se considera un proyecto crucial para entender cómo
se formaron las primeras galaxias y estrellas. También
investigará la formación de sistemas planetarios, aunque no
llegará a obtener imágenes directas de planetas extrasolares.
La participación de la ESA y la CSA es de un 15% y un 5%
respectivamente.
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EL GOBIERNO ESPAÑOL ANUNCIA QUE DEDICARÁ
ESTE AÑO 8.000 MILLONES DE PESETAS A LA INVESTIGACIÓN
GENÓMICA
El Gobierno español, por medio de la Comisión
Interministerial de Ciencia y Tecnología, acordó ayer
dedicar en 2001 un total de 8.000 millones de pesetas a
promover la investigación en Genómica y Proteómica. La
comisión, bajo la presidencia del presidente del Gobierno,
José María Aznar, reconoció que España ha estado
'insuficientemente representada' en la primera fase de la
investigación del genoma, por lo que 'no debe dejar pasar las
oportunidades' de la segunda fase. Para ello está previsto
mantener una financiación pública de 8.000 millones de
pesetas los próximos dos años, lo que supondría, según
cálculos oficiales, alcanzar un total de 26.000 millones de
pesetas en el trienio (2001-2003) de ejecución del Plan
Nacional de Investigación y Desarrollo (I+D). La aportación
pública se instrumentará mediante las actuaciones del
Ministerio de Sanidad y Consumo, a través del Fondo de
Investigación Sanitaria (FIS).. La participación del
Ministerio de Ciencia y Tecnología se canalizará a través
de todos sus instrumentos.
La Comisión adoptó tres acuerdos. En primer lugar, la
creación de la Fundación para la Ciencia y la Tecnología;
de modo 'inmediato', la de la Fundación para la
Investigación del Genoma Humano; y asimismo, la del Comité
de Ética en Investigación Científica y Tecnológica.
La Fundación para la Ciencia y la Tecnología tiene como
objetivos reforzar la evaluación y el seguimiento realizados
por la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva, definir
los grupos de excelencia según el Espacio Europeo de
investigación y coordinar a la comunidad
científico-técnica.
La Fundación para la Investigación del Genoma Humano
impulsará los trabajos en Genómica y Proteómica, tanto en
el ámbito científico como en el tecnológico.
Por último, el Comité de Ética en Investigación
Científica y Tecnológica será un órgano asesor promovido
por ambos ministerios.
La semana pasada, Alemania destinó 870 millones de marcos
(más de 70.000 millones de pesetas) a la investigación
genética.
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BRUSELAS ELEVARÁ UN 10% EL PRESUPUESTO DE
INVESTIGACIÓN DE LOS PRÓXIMOS CINCO AÑOS Por: Gabriel
Cañas – Bruselas
La Comisión Europea quiere potenciar la genómica, la
informática y la industria aeroespacial
La Comisión Europea ya tiene perfilada su política de
investigación comunitaria para el periodo 2002-2006. Hoy
presenta su proyecto en Bruselas con una propuesta
presupuestaria de 2,7 billones de pesetas, lo que representa
un aumento del 9,8% respecto al presupuesto del actual
programa marco. Los científicos europeos deberán centrar su
actividad, según Bruselas, en la genómica, la informática,
la nanotecnología y la industria espacial. Paralelamente se
desarrollarán una serie de iniciativas para lograr que hagan
de Europa un verdadero mercado único de la ciencia.
El presupuesto de un programa marco de investigación es el
dinero con que cuenta Bruselas para cofinanciar proyectos de
investigación y desarrollo europeos al 50% con los países
miembros o con empresas privadas. El presupuesto del actual
programa, que termina este año, es de 15.000 millones de
euros (2,49 billones de pesetas). El departamento de
Investigación, que dirige el comisario Philippe Busquin,
propone que para el próximo periodo dicho presupuesto alcance
los 16.475 millones de euros (2,741 billones de pesetas).
Pese a que la petición es ambiciosa, el aumento es similar al
estadounidense y Bruselas constata la tendencia a la baja de
los presupuestos nacionales para investigación, lo que
seguirá manteniendo a Europa lejos del nivel de EE UU, en
contra del compromiso adquirido por los jefes de Estado en la
cumbre de Lisboa en marzo del pasado año y ratificado en
diciembre en Niza. Los políticos saben que la I+D es, como
indica Busquin, la razón de la mitad del crecimiento.
Por eso es importante, a ojos del comisario europeo de
Investigación, optimizar recursos disponibles. La evaluación
hecha por expertos presididos por el español Joan Majó del
actual programa marco indicó en 2000 que, además del
déficit presupuestario, el problema de la investigación
europea es su fragmentación. 'Tenemos que abrir los programas
nacionales, facilitar el intercambio y que los científicos
europeos trabajen conjuntamente', explica a EL PAÍS Busquin.
'Es fundamental que un científico se sienta europeo más que
británico, francés o español, y que pueda participar en
proyectos competitivos. Hay que extender este cambio de
mentalidad que ya tienen algunos científicos'.
Europa se plantea como gran desafío las ciencias y las
tecnologías de los seres vivos; es decir, la biotecnología y
el análisis del genoma humano, un gran éxito científico en
el que han participado algunos países europeos (sobre todo el
Reino Unido), pero no la UE. Otro cambio fundamental que ya se
está operando es la participación creciente en los programas
de investigación de los países candidatos a entrar en la
Unión, entre los que están Polonia, República Checa,
Eslovaquia, Eslovenia o Hungría.
Busquin cree que hay que facilitar la movilidad de los
científicos. 'Hay países dentro de la propia Unión que
tienen investigadores en paro, mientras en otros se
necesitan', añade Busquin. El informe que hoy presenta la
Comisión Europea desgrana siete áreas prioritarias de
interés a desarrollar. Son las siguientes: - Genómica. El
plan plantea que Europa explote de forma integrada el
análisis del genoma humano con fines médicos, especialmente
en la lucha contra el cáncer, la resistencia a medicamentos y
la neurociencia. El 70% de las empresas de genómica están en
EE UU. - Tecnologías de la información. El proyecto prevé
estimular el desarrollo de estas tecnologías para mejorar la
competitividad industrial. La informática y las
telecomunicaciones están más desarrolladas en Estados
Unidos, pero este sector económico es ya el segundo dentro de
la Unión, con un mercado anual de 2.000 millones de euros y
dos millones de empleados. El plan plantea específicamente el
desarrollo del comercio electrónico. - Nanotecnología.
Europa, que tiene un buen nivel de investigación en
nanofabricación y nanoquímica, debe coordinar mejor sus
esfuerzos en este terreno creando materiales inteligentes y
aplicando nuevos procedimientos de producción. La industria
manufacturera europea produce ya bienes y servicios por un
valor de 4.000 millones de euros anuales. - Aeronáutica y
espacio. Las necesidades en materia de transporte aéreo se
elevan, a escala mundial, a 14.000 nuevos aparatos en los
próximos 15 años. El plan se plantea un fuerte desarrollo en
este área, en la que Europa quiere apostar por una mejora en
la seguridad. En el ámbito espacial buena parte de los
recursos se destinarán al sistema de localización por
satélite Galileo, un proyecto alternativo al GPS
norteamericano. - Seguridad alimentaria. Europa, que afronta
la crisis alimentaria de las vacas locas, se plantea mejorar
sus métodos de análisis y detección de contaminantes
químicos, procedimientos de trazabilidad, medidas del impacto
del consumo de organismos genéticamente modificados y
análisis de riesgos medioambientales para la salud. -
Desarrollo sostenible y cambio climático. El protocolo de
Kioto obliga a la UE a reducir las emisiones de gases de
efecto invernadero. Para ello, Europa planea desarrollar
energías renovables y transportes inteligentes. También debe
mejorar sus análisis del cambio climático y lograr un mayor
equilibrio de ecosistemas. - Sociedad del conocimiento. El
plan propone acercar la ciencia a los ciudadanos y promover el
estudio de las ciencias económicas, políticas y sociales
para profundizar en la democracia y en la buena gobernación.
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El Correo http://www.elcorreodigital.com/
80 PREMIOS NOBEL PIDEN A BUSH QUE NO FRENE LA INVESTIGACIÓN
CON CÉLULAS EMBRIONARIAS HUMANAS Por: Redacción El Correo
– Bilbao
George W. Bush recibió ayer en la Casa Blanca una carta en la
que ochenta premios Nobel le reclaman que no bloquee la
investigación con ‘células madre’ obtenidas de embriones
humanos sobrantes de procesos de fertilización condenados a
la destrucción. Los firmantes de la misiva -entre quienes
están James Watson, codescubridor de la estructura del ADN,
Murray Gell-Mann y Steven Weinberg- destacan el enorme
potencial terapéutico de estas células, presentes en los
primeros estadios del desarrollo y con capacidad para
convertirse en cualquiera de las especializadas de nuestro
organismo.
Los científicos piden al presidente Bush que no dé marcha
atrás en la decisión de Clinton de dotar de fondos federales
al programa y le recuerdan que esta investigación puede abrir
la puerta a tratamientos efectivos contra la diabetes, el
Alhzeimer y el Parkinson. Los laureados admiten las
implicaciones éticas del proyecto, pero añaden que «es
importante entender que las células usadas en esta
investigación están destinadas, en cualquier caso, a ser
desechadas». Ya que los embriones serán destruidos, «sería
trágico desperdiciar una oportunidad» como ésta de trabajar
por el alivio el sufrimiento humano, dicen.
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El País http://www.elpais.es/
LOS CREADORES DE 'DOLLY' LOGRAN 'CÉLULAS MADRE' SIN NECESIDAD
DE CLONAR UN EMBRIÓN Por: I. Ferrer y J. Sanpedro - Leicester
/ Madrid
La empresa de Edimburgo ha probado la técnica en vacas y
predice ensayos clínicos en 4 años
Las células madre, que pueden cultivarse y después
transformarse en cualquier tejido adulto, son una de las
mayores promesas para el futuro inmediato de la medicina, pero
fabricarlas requiere clonar un embrión humano, lo que suscita
el rechazo de muchos sectores sociales. Los científicos que
crearon a la oveja Dolly han dado ahora un paso de gigante
para esquivar ese rechazo, al lograr transformar vulgares
células de piel adulta en células madre directamente, sin
necesidad de usar embrión alguno. Nada impide que la
técnica, probada en vaca, funcione en humanos.
La técnica para producir células madre a partir de un
embrión humano fue presentada en noviembre de 1998 por el
equipo de James Thomson, de la Universidad de Wisconsin (EE UU).
Esas células pueden cultivarse indefinidamente en el
laboratorio y luego transformarse en cualquier tipo de tejido
adulto: piel, músculo, hueso, tejido nervioso o cualquier
otro. La mayoría de los científicos cree que esos tejidos
podrán usarse para reparar órganos dañados, por lo que
revolucionarán el tratamiento del Parkinson, la diabetes, las
quemaduras, los infartos y muchas otras dolencias.
Para que esos trasplantes sean realmente útiles, el embrión
del que proceden las células madre debe ser un clon del
paciente. Así, los tejidos resultantes son genéticamente
idénticos a los del paciente y se elimina por completo el
problema del rechazo inmunológico. El problema es que la
clonación -y, de hecho, casi cualquier manipulación- de los
embriones humanos suscita un gran rechazo social y está
prohibida en todos los países occidentales excepto el Reino
Unido y Estados Unidos, y aún allí con reservas.
PPL Therapeutics, una empresa privada constituida por
científicos del Instituto Roslin de Edimburgo -los creadores
de la oveja Dolly- ha conseguido ahora transformar células
adultas de vaca en células madre sin necesidad de crear un
embrión, según reveló ayer el director ejecutivo de la
compañía, Ron James, en un congreso de la Sociedad
Británica de Fertilidad celebrado en Londres.
De piel a corazón
Un portavoz de PPL Therapeutics explicó ayer a este diario
desde Edimburgo que los científicos no sólo habían logrado
transformar la célula de piel adulta en células madre, sino
que luego habían mostrado que éstas podían diferenciarse en
tejidos funcionales distintos del cutáneo. En concreto, en
tejido del músculo cardiaco.
El portavoz de la empresa explicó que, para poder seguir la
transformación celular desde el principio, los expertos de la
compañía insertaron un marcador genético (un gen que
produce alguna característica visible al microscopio) en la
primera célula, la de piel de vaca. Y pudieron comprobar que
el marcador estaba presente luego en las células madre. Y
luego en las del músculo cardiaco obtenido. 'La presencia del
marcador en los tres grupos de células demuestra que las del
corazón se derivaban de la original', añadió el portavoz.
El experimento fue realizado por los miembros del laboratorio
que PPL Therapeutics posee en Estados Unidos.
Pese a estas explicaciones, los detalles completos de la
técnica permanecerán de momento en secreto para evitar que
otra compañía rival pueda copiarla. Las aplicaciones
médicas potenciales de las células madre son de tal magnitud
que el método de PPL Therapeutics, que evita toda traba
legal, puede convertirse en una inimaginable mina de oro. 'Los
resultados del experimento nos dan confianza en que el método
que estamos desarrollando como una fuente de células madre
está funcionando, y creo que será igualmente aplicable a los
seres humanos', dijo James en el congreso de Londres. 'Si todo
va bien, los primeros ensayos clínicos podrían empezar
dentro de unos cuatro años'.
Pistas indirectas
Pese al estricto secreto comercial, los científicos de
Edimburgo han dado pistas indirectas a lo largo del último
año que permiten atisbar cuál es el fundamento de su
innovación. Estos investigadores son los pioneros mundiales
en la clonación por transferencia nuclear. Esta técnica
consiste en tomar una célula adulta de cualquier mamífero,
extraerle el núcleo (que contiene el genoma completo) e
introducirlo en un óvulo al que previamente se ha extraído
su propio núcleo. El resultado es un embrión clónico, es
decir, genéticamente idéntico al del adulto del que se
obtuvo la célula de partida.
La razón de que esta técnica funcione es que el material del
óvulo, por alguna razón hasta ahora desconocida, es capaz de
reprogramar el núcleo adulto para que empiece a funcionar
como el de un embrión recién formado. Los miembros del
Instituto Roslin o de PPL Therapeutics han dado a entender en
varias ocasiones durante el último año que uno de sus
proyectos era el de encontrar qué factores del óvulo son
responsables de la reprogramación del núcleo. Es muy
posible, por tanto, que su nuevo avance se base precisamente
en que han encontrado esos factores.
Casi todas las células del cuerpo contienen una copia
completa del genoma. Lo que distingue a un óvulo fecundado de
las demás células no son los genes, sino la sopa
(citoplasma) que rodea al núcleo. Entre las decenas de miles
de componentes de ese citoplasma, deben encontrarse
forzosamente unas pocas moléculas, seguramente algunas
proteínas, que son capaces de interactuar con los genes y
devolverlos a sus patrones de actividad típicos del embrión.
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